La quema del Año Viejo, inicio de ilusiones y esperanzas
Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 23 | Diciembre de 1999
Las celebraciones del nuevo ciclo han cobrado cambios curiosos que van desde las costumbres, supersticiones y tradiciones. Tal es el caso del encendido de velas y veladoras de distintos colores, así como barrer la casa a media noche con la escoba nueva, signo infalible de prosperidad familiar. En las damas tienen significado especial las prendas íntimas de determinado color colocadas justo cuando las manecillas del reloj se juntan para iniciar el siguiente año y con ello afianzar el amor y el dinero.
En fin, lo que sí podemos afirmar sin temor a equivocarnos como cristianos, es que ante el ocaso del año no deben faltar las oraciones al Creador pidiendo por el sustento familiar y la paz mundial.
En Milpa Alta existen lugares donde celebran singularmente la última fiesta del año, aquí no existen supersticiones sino las tradiciones y costumbres que se mantienen vigentes manifestándose en alegría y bullicio vecinal. Tres poblados son el ejemplo que en esta demarcación, además del trabajo, también se divierten sanamente con más de 700 fiestas al año, siendo las últimas y primeras a la vez del año las siguientes.
El poblado de Santa Ana Tlacotenco despide el año a temprana hora con una variedad de danzas autóctonas, por la noche se disfruta de la lluvia multicolor de la pirotecnia por la quema de castillos y ruedas voladoras. La fiesta culmina en las primeras horas del siguiente año.

En San Francisco Tecoxpan se ameniza con música vernácula el último y primer día del año. Por la tarde del día 31, bajo las sombras de la noche gélida, el cielo se ve iluminado por los gigantes castillos rebasando las bóvedas del templo que son consumidos poco a poco por el fuego en medio de un espeso humo con una lluvia de aplausos y vivas que retumban en el centro del atrio de la vetusta iglesia franciscana. Noche llena de alegría, donde chicos y grandes disfrutan gratuitamente de sabrosos ponches «con» o «sin» piquete.
Mientras que, al ritmo de «una limosna para este pobre viejo, que ha dejado hijos… para el año nuevo», los habitantes de San Antonio Tecómitl festejan simbólicamente el año que se va y el que inicia.
La alegría de los habitantes se festeja a la par con los floreados «calzahuates», árbol tradicional del poblado que se admira en las faldas del Teutli, donde nos brinda sus acampanadas flores blancas como la nieve en los últimos y primeros meses del año. Testigo mudo con un alto contenido de historia y leyendas del poblado.
La «fiesta del viejito», como se le conoce en este lugar, es un sinónimo de verbena tradicional que ha rebasado los 30 años de celebrarse ininterrumpidamente, durante ese lapso se ha derramado la alegría para todos los habitantes del poblado y pueblos circunvecinos, donde el viejito ha sido sin lugar a dudas un medio para la convivencia tanto de vecinos, amigos y familias que esperan con júbilo al Año Nuevo.
Esta festividad es singular y popular de todo el sureste del Distrito Federal, ya que se representa al año viejo con un enorme muñeco, elaborado con tiliches y vestido con ropas del abuelo dedicado a las labores agrícolas. Siendo inconfundibles el calzón y camisa de manta, huaraches, paliacate al cuello con sombrero de paja que es lo que caracteriza al «viejito». Para darle un toque de mayor edad se le pone un cigarro. Desde temprana hora es puesto frente al templete con un recipiente para recabar su limosna, que es empleada para cubrir parte de los gastos de la fiesta.
Durante la tarde y noche la algarabía se desborda con un desfile de artistas del rumbo, variedad para todas las edades: payasos, tríos, ventrílocuos, cantantes espontáneos y poetas, sin faltar, claro está, que alguien declame «El brindis del bohemio», entre muchas otras.
Al juntarse las manecillas del reloj, los cientos de vecinos que se congregan en la vía pública bailan al viejo hasta ser sustituido a la media noche por un simpático muñeco de sololoy que representa el naciente año. Al mismo tiempo se reparten los abrazos y se desean entre los asistentes un feliz año nuevo en medio de las Mañanitas y aplausos. La alegría se prolonga hasta la madrugada con un tumultuoso baile popular. Fiesta sui generis de estos rumbos.
La tradición se lleva a cabo en la esquina que conforman la Avenida Hidalgo e Iturbide en el Barrio de Xochitepetl. Los vecinos «Amigos del viejito», realizan con semanas de antelación los preparativos ante la gran multitud que se concentra tanto de habitantes del poblado como de los pueblos circunvecinos.
Los vecinos reconocen que los iniciadores de la fiesta son los señores Francisco del Villar Suárez, Isabel Chora, Tirzo Ramírez Buendía y Leonel Cabrera, festividad que ha sido foco de alegría y distracción a una infinidad de familias que dada la crisis económica familiar posiblemente no tengan una cena especial para esa noche, por lo que asisten a divertirse sanamente.
Quienes organizan esta tradición desean que esta fiesta continúe sin importar perspectivas intelectuales, teológicas o sociales, todos daremos gracias a la vida por habernos mantenido con fe, esperanza y nuestra mente dispuesta a enfrentar nuevos retos. ♦

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