El sitio sagrado de los coras y la fiesta de los sanjuanitos

• Ritual entrelaza «el costumbre nayarita» con la tradición católica. La procesión de los nayeris es acompañada por huicholes, tepehuanos y mexicaneros

La Muuchatena es un gran peñón de roca, situado a orillas del río San Pedro Mezquital, en la desembocadura del arroyo El Naranjo, en el estado de Nayarit; cada 24 de junio, ahí se reúnen peregrinos nayeri o coras de las comunidades Presidio de los Reyes, San Juan Corapan y San Pedro Ixcatán, para realizar una ceremonia a las deidades del agua, conocida como fiesta de los sanjuanitos, en honor a San Juan Bautista.

El gran peñón de roca a orillas del río Mezquital. Fotografía Alfredo Martínez

Esta ritualidad también convoca a peregrinos huicholes, tepehuanos del sur, mexicaneros y mestizos nayaritas.

La Muuchatena, sitio sagrado de los coras. Fotografía Alfredo Martínez

El nombre de la Muuchatena o Muxatena, deriva de muxa (algodón) y tena (lugar), y cuyo nombre nativo es Algodonera, comenzó el ascenso de las nubes hacia la Sierra Madre Occidental, provenientes de la costa nayarita.

Músicos participantes en la ceremonia a las deidades del agua. Fotografía Alfredo Martínez

A decir del investigador del Centro INAH Nayarit, Francisco Javier Samaniega Altamirano, en el origen del mundo los tecuat o «dioses de los cerros» no permitían el paso de las nubes para la caída de lluvia sobre la sierra nayarita. Al ver esto, animales como el águila, el venado, el tigre, el tejón y el sapo, se turnaron para traer una primera tormenta, jalándola hacia la sierra, como si se tratase de un papalote.

La ritualidad convoca a huicholes, tepehuanos y mexicaneros. Fotografía Alfredo Martínez

«Los tecuat lanzaron rayos en contra de estos animales hasta que cayeron muertos, sólo vivió el sapo, quien optó por dejar huevecillos en medio de cada uno de los cañones serranos; así, cuando le cayó el rayo que le lanzó un tecuat, su renacuajo ya había nacido y cantado, y siguió jalando la nube hasta el siguiente cañón, donde, ante su inminente muerte por un rayo, ya otro sapo cantaba y jalaba la nube al siguiente cañón; esa sinergia continuó hasta que un último sapo entregó la nube de lluvia para irrigar la Mesa del Nayar», reseñó.

Un sanjuanito, escultura de madera policromada. Fotografía Alfredo Martínez

De esa forma, la lluvia llegó al Gran Nayar y cada 24 de junio se realiza una fiesta en La Muuchatena, la cual entrelaza «el costumbre nayarita» con la tradición católica.

Al fondo La Muuchatena el gran peñón de roca. Fotografía Alfredo Martínez

El rito inicia poco después de las 10 de la mañana, cuando en los templos católicos se alistan las esculturas de madera policromada de los sanjuanitos, las cuales datan del siglo XVIII y fueron legadas por los jesuitas a las comunidades de Presidio de los Reyes, San Juan Corapan y San Pedro Ixcatán.

Niña peregrina. Fotografía Alfredo Martínez

La procesión de los nayeris es acompañada por huicholes, tepehuanos del sur, mexicaneros y mestizos nayaritas, quienes avanzan hacia esta corriente de bajo caudal, entre humo de copal y aroma de maákuchi o tabaco silvestre.

«El costumbre nayarita» y la tradición católica. Fotografía Alfredo Martínez

Durante el trayecto se ejecuta la danza correlona o de la urraca que, al parecer, ritualiza dicho mito de los dioses cerros y los tecuat, estos últimos corren portando sus nagüillas (faldas) y coronas que asemejan cerros floridos sobre los que cae lluvia; asimismo, traen consigo un abanico de madera en la mano izquierda y una sonaja metálica en la derecha.

Danzantes ejecutan la correlona o de la urraca. Fotografía Alfredo Martínez

Al arribar al río, frente a La Muuchatena colocan arcos de flores sobre paliacates extendidos en la arena y un altar central frente al peñón, compuesto por elementos como algodón, flores, tamales de sal, velas, veladoras y tzicuri (cruces de estambre, conocidas popularmente como «ojos de Dios»).

La ritualidad en comunidades nayaritas. Fotografá Alfredo Martínez

Llegado el mediodía, las esculturas de los sanjuanes de las citadas comunidades son llevadas por nadadores varones a la orilla del río San Pedro Mezquital, para presentarlas frente a La Muuchatena y que sean bañadas en esas aguas sagradas. Juntos, los nadadores lanzan agua hacia el cielo causando una suerte de lluvia en pleno estiaje, en medio del estallido de cohetes, detalló Samaniega Altamirano.

El santo que sacramenta a Jesús es bautizado por los coras. Fotografía Alfredo Martínez

En «el costumbre nayarita» La Muuchatena es el punto donde los seres vivos pusieron a prueba ser merecedores de la lluvia; ahora, en ese espacio, el santo que sacramenta a Jesús, paradójicamente es bautizado por los coras, quienes lo visten con la ropa tradicional indígena y le rezan para salir airosos de todas las adversidades. ♦

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