Pasado agrícola. El Teuhtli y el Tulmiac, nuestros dioses del agua

• Los cerros recibían presentes que se traducían en una buena estación alejada de sequías

Por Raymundo Flores Melo | Revista Nosotros, Núm. 107 | Octubre de 2007

En el pensamiento mesoamericano los cerros jugaron un papel importante, eran las deidades a quienes los seres humanos debían honrar porque de ellas recibían dones tan importantes como el agua, la lluvia, las semillas y, por ende, una buena cosecha. Tener una buena producción significaba no tener carencia de alimento y, por tanto, estar bien con los dioses.

Los cerros recibían presentes que se traducían en una buena estación alejada de sequías, o eventos como heladas y granizadas entre otros fenómenos ligados al agua.

Sabemos que el pasado agrícola de Milpa Alta fue la producción de maíz, que sus cosechas eran anuales por tratarse de tierras de temporal y que la época de lluvia era una de las más esperadas, pues daban paso a toda una serie de festividades dedicadas a los santos patronos de pueblos y barrios de la demarcación.

Pero, ¿a dónde acudían los antiguos milpaltenses a pedir lluvia, a pedir sustento cuando el agua faltaba? ¿Cuáles eran los viejos dioses y de qué manera se hacían las rogativas?

Lo primero que alcanzamos a ver en la zona de Milpa Alta es la ausencia de restos arqueológicos importantes; sin embargo, al mirar el paisaje contemplamos una gran cantidad de cerros y volcanes que eran, en el tiempo prehispánico, adoratorios naturales, lugares en donde el hombre podía entrar en contacto con la divinidad.

Dentro de las fuentes orales, recogidas por etnólogos y antropólogos, tenemos varios relatos que nos hablan de que para evitar los fenómenos meteorológicos relacionados con el agua se acudía a la intermediación del Teuhtli (fotografía superior); asímismo, otros más que, al contar la búsqueda del vital líquido por parte de los franciscanos y los naturales del lugar, hacen una liga entre la virgen de la Asunción y el volcán Tulmiac.

Sí, efectivamente son cuentos y leyendas pero que, como lo dice Alfredo López Austin, deben ser aprovechadas pues contienen «elementos valiosos para el conocimiento del pueblo estudiado»[1], ya que nos dan parte de su forma de pensar. En el caso que nos ocupa se tratará de desentrañar la relación entre las deidades asociadas al agua y dos conos volcánicos que han jugado un papel relevante en la historia de Milpa Alta.

En la cosmovisión mesoamericana los cerros son el vientre donde surgen todos los mantenimientos del hombre, es donde se localiza una especie de paraíso (Tamoanchan) y es el lugar de surgimiento de las aguas, ya sea en forma de ríos o de lluvia y, también, sitio y origen de las semillas.

Tláloc, dios de la lluvia, es un señor dual. Su aspecto masculino se relaciona con el agua celeste, en tanto, que su lado femenino (Chalchiuhtlicue) con el agua terrestre[2] como son los ríos, lagos, lagunas y manantiales. Esta dualidad, si nos atenemos a las narraciones arriba mencionadas, se encuentra presente en Milpa Alta.

Los datos encontrados nos dicen que la deidad masculina del agua puede estar asociada con el Teuhtli, cerro al que se le pide lluvia para no perder las cosechas y poner freno a las granizadas que afectan el desarrollo de las plantas de maíz quemándolas.

Por su parte, el Tulmiac, al ser centro de un relato aparicionista de una «señora linda», equiparada más tarde con la virgen de la Asunción[3], pasa a ser testimonio de una deidad femenina del agua pues, justamente, el agua que escurre del Tulmiac surtió a los poblados de Milpa Alta desde la época Virreinal.

Relación simbólica confirmada por otro relato rescatado por el profesor y nahuatlato milpaltense Juan Crisóstomo Medina Villanueva[4] donde, la misma virgen de la Asunción, es la que proporciona a un hombre «honesto» y «respetuoso», llamado Ontexaya, dos caras para que no tropezara viendo hacia delante, al mismo tiempo que dirigía, por medio de un canal por él labrado, el agua rumbo a Milpa Alta.

Son dos historias diferentes que tienen en común la presencia de una «señora linda» representada bajo la advocación mariana de la Asunción y la figura de un hombre, llámese Miguel Telles u Ontexaya, que es el que hace posible la llegada del agua.

Miguel Telles logra su cometido gracias a la participación comunitaria de varios pueblos cercanos a La Milpa como son San Antonio Tecomitl, San Juan Ixtayopan y Santiago Tulyehualco. En tanto que el Otexaya lo realiza de manera milagrosa enterrando su pie derecho sobre la tierra y haciendo un surco desde el Tulmiac hasta la actual Milpa Alta.

Así mismo, otro punto en común a los dos textos es la finalidad del agua: la construcción del convento de Nuestra Señora de la Asunción. Cabe mencionar que existe una versión más sobre el Ontexaya en la que se dice que era una mujer «que tenía muchas cualidades, (y) era muy hermosa»[5] , la cual, al terminar su trabajo «como llegó, se fue, sin dar más explicaciones»[6]. En tanto que el Ontexaya masculino vive feliz sin que le falte nada a su familia gracias a los favores de la virgen de la Asunción.

La suerte de Miguel Telles es mucho más terrenal, ya que gracias a su participación en la búsqueda y llegada del agua los naturales de La Milpa le ofrecen una talega de dinero de plata pero él no acepta y pide se le exente a sus descendientes del pago de tributos. Al final Miguel Telles se asienta en el poblado de Tlacoyucan[7].

En torno al Teuhtli existen dos narraciones, una por parte de doña Luz Jiménez publicada en 1979[8] por Fernando Horcasitas, y la de don Joaquín Bermejo que forma parte de un trabajo realizado el 2004 por Teresa Losada[9].

Ambos relatos nos hablan de una sequía en Milpa Alta por la que los habitantes del lugar acuden al Teuhtli a pedir agua para no perder la cosecha –la del señor Bermejo hace referencia al granizo que afectaba a las milpas–. Primero se entrevistan con los ayudantes del cerro-dios: la primera narración los llama nahuaques y nahuaquitos, la segunda llama al emisario «nahuas» y dice que es un enano. Hay que aclarar que el término nahuaque es utilizado muchas veces como sinónimo de dios[10] dentro de la tradición nahua, pero también ha sido usado para designar a los sabios o brujos[11].

El viejo Teuhtli los manda con el Tepozteco quien, a su vez, los remite con la hija del Teuhtli: Iztaccihuatl. Ella les da unos granicitos en señal de cumplimiento con lo ordenado. Los habitantes de Milpa Alta vuelven y se termina la sequía.

Otro dato relevante sobre el Teuhtli y su liga con el agua lo tenemos dentro de unos papeles inquisitoriales del siglo XVIII[12], donde el religioso fray Francisco Antonio de la Rosa y Figueroa, encargado en el año de los hechos de la parroquia de Tepepan, denuncia la celebración del rito llamado palo volador. Si bien está ceremonia está relacionada con Sol, también lo está con los seres celestes como lo es la parte masculina de la deidad del agua.

El huatemocate es un rito solar, pero de igual manera «representaba el descendimiento de las deidades celestes sobre la tierra»[13], por eso lo podemos asociar con los pedimentos de agua. Lo anterior es confirmado por una tradición existente en el estado de Veracruz que dice que esta ceremonia ritual está ligada a la petición de lluvia debida a una sequía prolongada[14].

La liga entre el Teuhtli y el Tulmiac la encontramos justamente en la presencia de los ayudantes relacionados con el agua.

En el Tulmiac la «señora linda» tiene asistentes a quienes llama para que la acompañen y los nombra como «hermanos»: el totoatl y el teguanatl, es decir, el pájaro de agua y la fiera de agua. Luego vuelve aparecer sola, al lado del jagüey, se mete en él y el agua empieza a manar para beneficio de los habitantes de Nuestra Señora Asunción. Pero todo esto sucede por la petición de «un gentil, hijo de gentiles» que al ser bautizado recibe el nombre de Miguel Telles, natural de Tlahuac. La petición que hace este personaje es una invitación para que la «señora linda» baje, asumida como representación del agua, a La Milpa. El paraje es nombrado por los religiosos como San Juan Tulmiac.

La manera o forma de hacer las rogativas son las ofrendas de comidas o alimentos para las deidades. Por lo relatado por doña Luz Jiménez los regalos consistían, cuando quería evitarse el granizo, en borregos y guajolotes comprados por todos los habitantes del pueblo[15].

En la actualidad, al decir del profesor Adán Caldiño Paz, estos presentes a los cerros se siguen dejando en el Tulmiac en canastas con servilletas ricamente bordadas. Esto nos habla de la pervivencia de una forma de pensar íntimamente relacionada con el área cultural llamada Mesoamérica de la que somos herederos.

El agua en Milpa Alta jugó un papel sobresaliente para la subsistencia de los campesinos-indígenas, quienes daban gracias a sus dioses por tener la necesaria para llevar a buen término sus labores agrícolas. El agua jugará un papel importante en el futuro del hombre, por tal, es hora de volver la vista a los antiguos mexicanos para dar verdadera importancia a los recursos naturales protegiéndolos y dándoles uso racional. ♦

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* Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del Barrio de la Concepción.


[1] López Austin, Alfredo. Tamoanchan y Tlalocan. FCE, p. 205, México, 2000.

[2] Ibíd., p. 178.

[3] Flores Melo, Raymundo. «La milpa, el agua y la Virgen de la Asunción en el Tulmiac», en Revista Nosotros, Núm. 102, abril. México, 2007, pp. 33-35.

[4] La informante es Francisca Villanueva Rojas, madre del profesor Juan Crisóstomao Medina. El relato completo se puede localizar en la página electrónica: www.cronicamilpaalta.org.

[5] Losada, Teresa. «La vigencia de la tradición cultural mesoamericana en Milpa Alta, pueblo antiguo de la Ciudad de México», en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. Año XLVII, Núm. 195, septiembre-diciembre de 2005, p. 206. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Versión electrónica.

[6] Ibíd., p. 206.

[7] Existe una alta posibilidad de que se trate del actual San Lorenzo Tlacoyucan, delegación Milpa Alta.

[8] Horcasitas, Fernando y Sarah O. de Ford (Recop.). Los cuentos en náhuatl de doña Luz Jiménez. UNAM, México, 1979, pp. 15 y 17.

[9] Op. Cit. Losada… p. 208.

[10] González Torres, Yolotl. Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica. Larousse, México, 2005, p. 178.

[11] Op. Cit. Horcasitas y Ford… p. 15.

[12] BNM, «Archivo franciscano», Caja 112, Exp. 1534, ff. 11 y 11 v. El manuscrito está fechado el 14 de junio de 1766.

[13] Op. Cit. González Torres… p. 198.

[14] Se trata de la zona de Totonacapan en los límites de Veracruz y Puebla. Véase: «La agonía de los hombres-pájaros» en México Desconocido Núm. 253, marzo, México, 1998.

[15] Op. Cit. Horcasitas y Ford (Recop.)… p. 15.

Portada 107 de la Revista Nosotros correspondiente al mes de octubre de 2007

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