El volcán Teuhtli. Mito e historia del «Señor Viejo» de Milpa Alta

• Entre esa raza de gigantes destacaban dos jóvenes guerreros llamados Popocatepetl y Teuhtli, quienes al ver peligrar su mundo ante la destrucción inminente, intentaron defenderse y olvidar que ambos estaban enamorados de la misma mujer: Ixtaccihuatl

Por Raymundo Flores Melo | Revista Nosotros, Núm. 84 | Septiembre de 2005

Dice la teogonía de los antiguos mexicanos que después de la creación del primer hombre y la primera mujer, cuando Tezcatlipoca se hace sol, surgieron sobre la faz de la tierra una raza de gigantes. «Y todos los cuatro dioses criaron entonces los gigantes, que eran hombres muy grandes, y de tantas fuerzas que arrancaban los árboles con las manos y comían bellotas de encinas y no otra cosa»[1].

Es dentro de este tiempo legendario cuando se recrea uno de los mitos relacionados con el cono volcánico que ha pasado a ser un símbolo representativo de Milpa Alta: el Teuhtli.

Nos cuenta una leyenda[2] narrada por nuestros abuelos que entre esa raza de gigantes destacaban dos jóvenes guerreros llamados Popocatepetl y Teuhtli, quienes al ver peligrar su mundo ante la destrucción inminente, intentaron defenderse y olvidar que ambos estaban enamorados de la misma mujer: Ixtaccihuatl.

Dieron ardua batalla, pero al ver que sus esfuerzos resultaban vanos decidieron poner a salvo a la mujer amada. Fue Popocatepetl el encargado de sacarla del campo de batalla e ir rumbo al oriente, hacia donde sale el Sol. Sin embargo, la joven ya tenía una herida mortal. También el valiente guerrero estaba lastimado de gravedad, pese a ello, pudo huir con su preciada carga y alejarse para ponerla fuera de peligro.

El Señor Viejo

En tanto, Teuhtli seguía dando su máximo esfuerzo, resistiéndose hasta caer muerto. Era el castigo divino por los desmanes y las constantes luchas que había entre los hombres, pero también el surgimiento del segundo sol, el sol del agua en el que se transformó Quetzalcoatl.

Ya en lugar seguro, Popocatepetl, depositó a la mujer en un promontorio y se sentó a su lado. El tiempo hizo lo demás, poco a poco, fue cubriendo de nieve al guerrero y a la doncella. Lo mismo pasó, lejos de allí, con Teuhtli cuya cumbre en deshielo se convirtió en manantial surtidor de los lagos de Chalco y Xochimilco. Iniciaba la era del segundo Sol.

El enemigo contra quien pelearon Teuhtli y Popocatepetl, a decir de la Teogonía e historia de los mexicanos, fue el mismo dios Tezcatlipoca transformado en uno o varios tigres, quienes «los acabaron y comieron, de que no quedó ninguno»[3] de los miembros de dicha raza de gigantes, que en tiempos remotos poblaron el mundo.

Anexas a la narración anterior, también se encuentran otras versiones que tratan de explicar la relación que existe entre el Teuhtli y el Yeteco[4]. Entre ellas está la que dice, quizá con un poco de humor negro, que el Yeteco fue concebido por Ixtaccihuatl y el Teuhtli, pero debido a que la mujer no daba de amamantar al niño, el padre enfurecido le dio una patada tan fuerte que su impulso la hizo caer en el lugar que hoy se encuentra, en los límites del estado de México y Puebla, al lado del coloso Popocatepetl. Agregando además que la falta de alimento materno fue la causa de que el Yeteco no creciera y se quedará pequeñito hasta nuestros días.

Si bien se ha hablado del Teuhtli guerrero y del esposo enfurecido por el descuido de las obligaciones maternas, no debemos dejar de lado el Teuhtli sabio, tan sabio como el Popocatepetl y el Tepozteco. Verlo como a ese gran señor, al que los antiguos habitantes de Milpa Alta acudían para pedir consejo, tal y como nos los deja vislumbrar el cuento de «La leña del recién casado»[5], cuyo protagonista, habitante de Malacateticpac, acude a él para que le diga cual es la leña del recién casado, y poder así, cumplir con uno de los trabajos que puso como condición el padre de la muchacha de la que se había enamorado y poder casarse con ella.

Algo similar se desarrolla en la tradición oral, recogida de los labios de doña Luz Jiménez, por el etnólogo e historiador Fernando Horcasitas[6], en la que da cuenta del Teuhtli o Tehuhuetzin, es decir, del señor viejo, como lugar en el que «se formaban los grandes hombres, maravillosos: los curanderos»[7]. O bien, cuando los nativos de la Milpa[8], ante la falta de lluvia, acuden al viejo Teuhtli para entrevistarse con los nahuaques[9], guardianes de Moctezuma, con la esperanza de dar fin al sufrimiento de sus milpas. El sabio Teuhtli, después de pedirles algunos presentes, los manda con el Tepozteco para que le hagan la misma petición. El sabio Tepozteco los recibe y concede la lluvia; sin embargo, les pide pasar a saludar a la hija del anciano Teuhtli, Ixtaccihuatl. La mujer blanca o «Mariquita» les proporciona a los indios unos «granicitos» y piedras que presentan ante el Tepozteco y con ello termina la sequía en Milpa Alta[10].

Dando paso a la historia sobre el volcán Teuhtli, las primeras noticias que tenemos es que en la parte norte de su cumbre se localiza una de las mojoneras de la propiedad comunal de Milpa Alta, es decir, un límite importante para los milpaltenses, pues según los títulos de composición, es en el Teuhtli en donde se iniciaban y terminaban los recorridos de reconocimiento de límites de la tierra comunal, además de ser un punto donde confluyen los territorios de las actuales delegaciones de Xochimilco, Tlahuac y Milpa Alta.

Parte del ceremonial, realizado por los antiguos milpaltenses para iniciar el recorrido de reconocimiento de límites, fue el siguiente: «Agora empesemos en el nombre de Dios a señalar nuestros linderos que es de la tierra que nos dio el señor virrey don Luis de Velasco, enpezando desde un cerro llamado el Tehutlixohueyacatzin que es el primer lindero de la parte del oriente y baxando asia un serrito llamado Pisiete con que es lindero donde se pararon y dixeron bengan yjos mios de Chicomostoc sepan que desde aquí empezamos a ser nuestros linderos y alli clarinearon…»[11] Los linderos cercanos al volcán son, en dirección poniente, las cuevas de Mexcalco (arriba mencionadas) y, hacia el este, el pequeño cerro Yeteco que también recibe el nombre de Pisiete[12] como puede leerse arriba.

En 1669, cuando el franciscano Agustín de Vetancurt, acaba el convento de San Pedro Atocpan e inicia la cimentación de su iglesia, teniendo el tiempo suficiente por la construcción de la obra, realiza un reconocimiento por la zona y menciona al «monte» Teuhtli como el lugar en que se encontraba una mina de donde se extraía azufre común en abundancia[13] «para el que quiere sacarlo, y aprovecharse del»[14]. Como nota curiosa, cabe señalar que cuando el fraile se refiere a una elevación montañosa, menciona a nuestro Teuhtli. La sierra referida recibió el nombre de Nauppateuthtli (llamada por los españoles Sierra del Cofre[15]), cuya aglutinación de palabras del náhuatl «quiere decir cuatro veces Señor por ser aquel promo[n]torio quatro veces mayor que el cerro que esta en Xochimilco llamado Teuhtli (Cavallero) aunque menor que aqueste muy parecido á su forma»[16]. Para Vetancurt, el nombre Teuhtli significaba caballero, señor.

En el siglo XVIII, para ser más exactos en los años de 1733, 1734 y parte del de 1735, el fraile franciscano Francisco Antonio de la Rosa Figueroa, siendo ministro coadjutor en la doctrina y santuario de Nuestra Señora de Tepepam, interesado en la salvación de las almas de los indios que habitaban las zonas cercanas a la laguna, dio seguimiento a un ritual llamado «palo volador». El religioso veía, en dicho acto, vestigios de paganismo que, de seguir tolerado por las autoridades civiles, iría en detrimento de la salvación de las almas de los naturales y, por lo tanto, de la religión católica.

El sitio, dentro de los pueblos de la orilla[17], considerado más importante por su connotación simbólica por el fraile, después del Ajusco, era el Teuhtli. Pues, a su saber, era «uno de los cerros y adoratorios mas famosos entre los Yndios de los Partidos de la orilla en el cerro del Teutli que cae al oriente entre el Curato de la Milpa y los Pueblos de Tuliahualco, San Pedro Atocpam»[18], agregando que de este lugar concibió mayor horror por el nombre Teutli, pues «significa cosa divina, cosa adorada o el Dios adorado, del nombre propio teutl o teotl que significa Dios, del qual nombre sale el verbo teoti o teutia adorare Deven, y nombrándose este cerro del teutli, es por la adoración que estos malditos boladores usurpan al Altísimo, y se le van a ofrecer en este Cerro al Demonio que se les aparece alli en varios y horribles figuras, y por eso son azia alli los mas rendidos acatamientos que haze el Baylarín de Guahtecomate»[19]. En tanto que el otro nombre: «Teuhtli con aspiración como algunos pronuncian»[20] tiene, para el religioso, menos carga simbólica pues significa polvo.

Es decir, desde el punto de vista histórico, el Teuhtli ha jugado un papel relevante en Milpa Alta, como límite comunal, mina de azufre y como centro ceremonial en la época prehispánica hasta la primera mitad de siglo XVIII. En la actualidad, los habitantes de Milpa Alta suben al cono volcánico el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, a celebrar una misa en la cruz que se encuentra en la cima.

Para hacer este recorrido, se tienen que utilizar algunos de los caminos de penetración, que han construido con su esfuerzo los campesinos de la región, llegar al pie del volcán e iniciar el ascenso por los pequeños caminos de grava y arena, que en algunas partes hacen difícil el acceso. Este obstáculo puede ser librado si se lleva una vara que sirva a manera de bastón. Pero al final, el esfuerzo realizado rinde fruto y se puede apreciar una de las panorámicas más hermosas, sobre todo si es un día soleado y sin tanta contaminación: Por un lado, la majestuosa Ciudad de México con sus grandes edificios, los restos del lago y las chinampas de Xochimilco, las tierras labrantías de Atlapulco, Tlaxialtemalco, Tulyehualco e Ixtayopan. Por el otro, los doce pueblos que conforman la Delegación Milpa Alta, rodeados por tierras cultivadas de nopal y otros productos del campo, sus volcanes entre los que sobresalen el Cilcuayo, Tonan, Tlaloc, Cuautzin, y una pequeña porción del Chichinautzin, aunado todo esto al azul de su cielo. ♦

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* Miembro del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y originario del Barrio de la Concepción.

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* Raymundo Flores Melo (1969) | Originario del barrio de la Concepción, Milpa Alta. Eegresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la licenciatura de Etnohistoria. Docente en escuelas públicas y privadas a nivel secundaria desde 1994. Paleógrafo en el proyecto «La flota de la Nueva España de 1631» (1996-1998). Profesor adjunto en la ENAH (2001-2002). Miembro fundador del Consejo de la Crónica de Milpa Alta (2002). Colaborador de la Revista Nosotros desde diciembre de 2004. Custodio voluntario del Patrimonio Cultural de la comunidad de Villa Milpa Alta (2005-2006). Creador de los blogs Itzcuintli: perro mesoamericano (2011) y Teuhtli: un lugar en la Milpa Alta (2012). Es autor del ensayo «Casos de sodomía ante la inquisición de México en los siglos XVII y XVIII», en el volumen II del libro Inquisición novohispana, editado por el Instituto de Investigaciones Antropológicas-UNAM y la UAM-Azcaptozalco (2000).


[1] Garibay K., Ángel María (ed). Teogonía e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del Siglo XVI. Porrúa, México, 1985, p. 27 y 28. Los cuatro dioses creadores mencionados son: Tlatlauhqui Tezcatlipoca, Yayauhqui Tezcatlipoca, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli.

[2] Villanueva Yescas, Carlos. «Teuhtli. Leyenda», en Escuela Secundaria Diurna Núm. 9 «Teuhtli», 1940-1965. Un cuarto de siglo de labor educativa. Lito-Impresora Panamá, México, 1966, pp. 39-41.

[3] Garibay K., Ángel María (ed). Op. cit., p. 30.

[4] El Yeteco es el pequeño cerro que se encuentra a un lado del Teuhtli. Su nombre significa de manera literal «lugar de las tres piedras» y proviene del náhuatl: Yeyi o yei = tres, Tetl = piedra y co = lugar.

[5] «La leña del recién casado», en voz del señor Artemio Solís Guzmán, originario del Barrio de la Concepción en Villa Milpa Alta, grabación realizada el 12 de julio de 2004.

[6] Doña Luz Jiménez fue su informante desde 1948 hasta el año de su muerte en 1965. Antes lo había sido de Robert H. Barlow.

[7] Horcasitas, Fernando. De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta. UNAM, México, 1989, p. 7

[8] Así se le conoció a Milpa Alta durante gran parte del virreinato.

[9] Nauaque. Con quien está el ser de todas las cosas. Dios. En Molina, Alonso de. Vocabulario de la Lengua Castellana y Mexicana y Mexicana y Castellana. Porrúa, México, 1992, f. 64

[10] León-Portilla, Miguel, et. al. Antigua y Nueva Palabra: una antología de la literatura mesoamericana, desde los tiempos precolombinos hasta el presente. Aguilar, México, 2005, pp. 444 y 445.

[11] AGN, Ramo: Tierras, Vol. 3032, Exp. 3, Fs. 207-218 vta. (En la paleografía mecanografiada es la página 41).

[12] Ibid. p. 41. Tanto en la obra de fray Bernardino de Sahagún como en la de fray Agustín de Vetancurt aparece el nombre de Piciete como proveniente de la palabra Picietl que es algo parecido al tabaco o nicotina rústica. Alonso de Molina dice que Picietl es una «yerva como veleño, que es medicinal».

[13] Vetancurt, Agustín de. Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México. Porrúa, México, 1982, p. 89.

[14] Vetancurt, Agustín de. Teatro Mexicano. Descripción breve de los Sucesos ejemplares Históricos y Religiosos del Nuevo Mundo de las Indias. Porrúa, México, 1982, p. 23

[15] La Sierra del Cofre se localiza en el camino a Veracruz y Puerto de San Juan de Culhua. Es casi seguro que se trate del Volcán Cofre de Perote.

[16] Vetancurt, Agustín de. Teatro Mexicano. Op cit., p. 25.

[17] Las Doctrinas, Pueblos y Divisiones llamadas «de la orilla» fueron Xochimilco, Chalco y la Milpa, junto con las parroquias de Mexicatzinco, Tepecpilco, Tepepam, Atocpam, Tecomic y San Gregorio.

[18] BNM, Archivo franciscano, Caja 112, Exp. 1534, ff. 11 y 11 v. El manuscrito está fechado el 14 de junio de 1766.

[19] Ibid. f. 11 v. Los significados de las palabras en náhuatl coinciden con las que emplea Alonso de Molina en su Vocabulario de lengua castellana y mexicana.

[20] Ibid.

Portada de la Revista Nosotros número 84 correspondiente al mes de septiembre de 2005

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