Analizan mazorca de teocintle, antepasado del maíz

• Fue encontrada en Santa Lucía bajo un contexto del periodo Epiclásico (600-900 d.C.), pero sus características apuntan a una data más lejana

Pese a haber sido localizados en campo, en ocasiones los grandes descubrimientos se dan en la fase de gabinete, como sucedió con la identificación de una mazorca de teocintle, recuperada en las excavaciones arqueológicas que acompañaron la construcción del Aeropuerto en Santa Lucía, estado de México.

Especialistas del INAH registraron extraordinarios hallazgos, como una colección ósea de megafauna del Pleistoceno Tardío (10,000 años a.C.), compuesta por más de 60,000 restos, que apunta a ser la más importante de América Latina.

A decir del responsable del salvamento arqueológico en el lugar, Rubén Manzanilla López, entre los sitios prehispánicos localizados destaca una elevación artificial en el terreno salino, donde se asentaron algunos grupos de la tradición Coyotlatelco, entre los años 600 y 900 d.C.

Sin embargo, una pequeña mazorca de teocintle fue encontrada por Juan Carlos Equihua Manrique en octubre de 2019, en una excavación que presentaba intrusiones en la capa de Gleysol, un suelo conformado por material de origen aluvial, fluvial y lacustre del Pleistoceno u Holoceno.

El especialista en genética de suelos refiere que, conforme a fechamientos de carbono 14, obtenidos en los años 70 del siglo pasado, en el sitio los depósitos del Pleistoceno Tardío comenzaron a formarse hace 30,000 años, un rango confirmado mediante las fechas recientes aportadas por el Laboratorio de Espectrometría de Masas con Aceleradores, del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Tiene 68 milímetros de longitud y 15 milímetros de diámetro promedio. Fotografía Gibrán Huerta | INAH

Este proceso continuó hasta los 11,700 + 1,650 a.C., de acuerdo con la datación por hidratación de obsidiana, obtenida en 1980, por lo que en el transcurso de ese tiempo, la cuenca del lago, ahora llamado de Xaltocan, se desecó de manera progresiva.

La mazorca mineralizada descubierta es excepcional, pero representa una gran incógnita.

Para Lauro González Quintero, del Laboratorio de Paleobotánica del INAH, «hasta el momento no se conoce otro espécimen fosilizado de esa forma, lo cual, en sí mismo, podría suponer mayor antigüedad que otros residuos fósiles de maíz. Por otra parte, el ejemplar no corresponde estratigráficamente a la temporalidad del contexto arqueológico donde se localizó, el cual data del periodo Epiclásico (600-900 d.C.); es más probable que se asocie a otra capa estratigráfica».

El ejemplar mide 68 milímetros de longitud y tiene 13 milímetros de diámetro promedio, y fue el último de los materiales orgánicos recuperados que fue analizado en el laboratorio de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, del que es profesor.

Sus características lo hacen único: «En su base se observan siete espiguillas de teocintle, pero en la mayor parte de su eje sólo se ven seis. El ejemplar está mutilado parcialmente, se rasgaron dos espiguillas y perdió la porción apical. No existe otro espécimen mineralizado como este», indicó.

Cabe recordar que las especies silvestres más cercanas biológicamente al maíz son el teocintle Zea mays L. ssp. parviglumis y Zea mays L. ssp. Mexicana. La primera de la Cuenca del Balsas y la segunda del Valle de México. Por ello, se han considerado como los ancestros del proceso que condujo a la domesticación de esa planta.

En favor de esta idea se encuentran no sólo su estructura genética, sino ciertos rasgos que permiten suponer que atrajo la atención de los grupos que tenían la recolección como una de sus principales actividades de subsistencia, de ahí  la trascendencia de la pequeña mazorca de teocintle hallada en el árido suelo de Santa Lucía.

Rubén Manzanilla (de pie), Patricia Cázares, Lauro González y Antonio Flores con la mazorca de teocintle. Fotografía Gibrán Huerta | INAH

Al respecto, el arqueólogo Rubén Manzanilla concluyó que los análisis más profundos a este espécimen, contribuirán a la comprensión de un sitio que ya ha probado la presencia humana desde finales del Pleistoceno y alertan sobre la importancia de esta región para desvelar la historia completa de la obtención del cereal americano. ♦

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