Pedro de Gante y la primera misa cantada en México por frailes franciscanos
Por Manuel Garcés Jiménez
A 500 años de la llegada de los frailes franciscanos a estas tierras de América, su labor evangelizadora trajo vastos poderes que influyeron en la arquitectura en la construcción de templos, ermitas, conventos, hospitales y casonas con innovaciones únicas como fueron las capillas abiertas exclusivas para los indígenas.
Un nuevo campo para los frailes fue la educación abierta a los indígenas que llevaron al rescate de la medicina practicada por los naturales, así como comprender la lengua náhuatl y claro, la conversión a la nueva religión católica con sincretismos aunado con lo pagano. La historia de los primeros años de la colonia nos da los elementos necesarios para poder valorar la trascendencia de la llegada de frailes en estas tierras inhóspitas.
La evangelización hacia los indígenas ha sido un factor de numerosos análisis por parte de investigadores, pero independientemente, y muy respetable la opinión de estas personalidades empapadas en el tema del mundo religioso, también lo vemos como una situación ecléctica formados bajo la filosofía de San Francisco de Asís, personaje austero y dedicado en cuerpo y alma a Dios.
La primera evangelización sistemática que llegó a Mesoamérica fue en agosto de 1523, con tres primeros frailes franciscanos: Pedro de Gante, fray Juan de Tecto y fray Juan de Ahora. Sin embargo, estos dos últimos murieron durante la expedición a las Hibueras (Guatemala) capitaneadas por Hernán Cortés, por lo que su participación en la conversión de los indígenas fue corta y limitada, a diferencia de la de Pedro de Gante, cuyo papel como evangelizador y educador fue de primordial importancia en estas tierras de la naciente colonia española.
Estos frailes obtuvieron amplias prerrogativas para realizar su labor confirmadas por el Papa Adriano VI donde podían predicar, bautizar, confesar, absolver, casar, administrar la eucaristía y la extremaunción[MGJ1] (sacramento), labor complementada por los dominicos y agustinos que gozaron prácticamente de las mismas prerrogativas a su llegada.
Fue allí fue donde fray Pedro de Gante inició su magna labor observando sus costumbres, ritos y sus fiestas, así como tratando de entender la lengua náhuatl como la manera de poder crear la comunicación con los indígenas.
Al respecto, Ramón Cruces Carvajal, cronista de Tezcoco, comenta que Pedro de Gante tenía el defecto de ser tartamudo, lo cual en cierta manera le complicaba su labor evangélica y educativa en exponer con cierta fluidez sus ideas, pero se las ingenió utilizando el mismo sistema de jeroglíficos o caracteres gráficos para poder editar el primer catecismo.
Fue en una incipiente capilla donde se inició la evangelización y las primeras clases del castellano a los indígenas; además, tenía una escuela de educación, donde se impartieron clases de música, canto, pintura y escultura.

En 1524 llegaron a América la misión de doce franciscanos que encabezaba fray Martín de Valencia, de la orden de San Francisco de Asís, siendo los primeros que convirtieron y bautizaron a los nativos al evangelio.
Fue en Texcoco cuando llegaron las noticias que habían llegado al puerto de Veracruz los doce Antorchas franciscanas, siendo los mensajeros quienes los recibieron y de proveerlos en todo lo necesario para el camino. A tres leguas antes de llegar a Tezcoco les salieron a recibirlos don Hernán Cortés, e Ixtlilxochitl, y además de fray Pedro de Gante, recibidos con mucho regocijo y danzas. A la llegada a Tezcoco fray Pedro de Gante armó provisional un altar dedicado a Nuestra Señora de la Concepción con un crucifijo.
Fue durante la víspera de la fiesta a San Antonio donde los recibieron con mucha solemnidad. Al día siguiente, 13 de junio, día de San Antonio de Padua, se celebró la primera misa cantada con mucha solemnidad, siendo la primera en todo el continente que oficiaron los frailes, estando presentes Hernán Cortés y sus más allegados españoles, e Ixtlilxochitl con todos los señores sus hermanos, quienes oyeron con mucha atención la misa.
Tiempo después fray Martín de Valencia bautizó a Ixtlilxochitl imponiéndole el nombre católico de Fernando por el rey católico, siendo su padrino Hernán Cortés.
En 1526 llegaron otros frailes, los dominicos a la Ciudad de México, en 1533 arribaron otros siete frailes agustinos al mando de Francisco de la Cruz, al paso de los años se fueron incrementando poco a poco nuevos contingentes de religiosos.
Es de recordar la obra educativa de fray Pedro de Gante en Texcoco, personaje destacado por la forma brillante, sencillez y bondad que le caracterizaba. Hombre de origen noble y aristócrata, miembro de la familia real del país de Flandes, que llegaba a estas tierras hacia el año de 1523, quien de inmediato iniciara la educación de los indígenas en tierras de Texcoco y poblados circunvecinos.
La figura de Pedro de Gante es universal, no sólo por el hecho de haber sido el pionero en la Conquista Espiritual de la Nueva España, sino por ser pariente cercano del Emperador Carlos I de España. Además, es considerado como el primer educador de la Cultura Occidental por su bondad y sus conocimientos, convirtiendo a Texcoco en el semillero de la nueva cultura de los pueblos de México.
Antes de su partida de su tierra natal a América, los tres frailes habían obtenido la información necesaria respecto a las expediciones realizadas por los españoles, e indiscutiblemente había sido enterado de las matanzas efectuadas por Hernán Cortés desde su desembarco en las costas de la Villa Rica de la Vera Cruz, la matanza en Cholula, Puebla, pasando por el embarcadero de Ayotzingo, hoy en el estado de México, hasta la capital mexica. Después de largas batallas fue tomada la ciudad de México-Tenochtitlan por Cortés el 13 de agosto de 1521.
A su llegada a la Ciudad de México-Tenochtitlan estaba en destrozos causados por los españoles. Todo ese ambiente hostil, tanto por las condiciones materiales en que se encontraba la gran ciudad mexica, así como la situación política que había entre los invasores-conquistadores, influyó en fray Pedro de Gante, quien decide trasladarse hacia la ciudad de Texcoco, que había sido aliada de los mexicas; además representaba un aspecto menos desagradable. A su llegada fueron recibidos por Ixtlixochitl, bisnieto del gran señor Nezahualcoyotl, y alojados en el Palacio de Nezahualpilli que se encontraba frente del tianquiztli (mercado).
Durante los primeros treinta años, ya con la presencia del clero secular, fue incipiente, a pesar de la llegada del franciscano Juan de Zumárraga en 1528, primer obispo de México y su posterior nombramiento como arzobispo en 1547. Mientras que en Michoacán, el obispo Vasco de Quiroga realizaba una ejemplar labor al fundar escuelas de artes y oficios.
Se calcula que al momento de la conquista de México-Tenochtitlan, Mesoamérica tenía una población de alrededor de 13 millones de habitantes, es decir, la proporción era de un fraile por cada millón de indígenas.
Fray Pedro de Gante relata en una carta escrita en 1529 a sus correligionarios en Flandes que, junto con su compañero, en un solo día ellos bautizaban entre ocho mil y catorce mil personas, en total habían bautizado a más de doscientas mil personas.
Actualmente, la memoria de los 12 franciscanos y la Primera Misa Cantada está presente anualmente cada 13 de junio con misas solemnes y vistosas portadas de flores con lanzamiento de estruendosos cohetes, pirotecnia. Mientras en los hogares el mole se reparte sin «ton ni son» a todos los invitados en los populosos barrios que llevan su nombre, en Chalco, Xochimilco, el poblado de San Antonio Tecómitl, de la Alcaldía Milpa Alta, y en la ciudad de Texcoco, estado de México, entre otros lugares. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
Bibliografía:
La obra educativa de Pedro de Gante en Texcoco. Cruces Carvajal, Ramón. Texcoco, México, 1980.
Vidas de Santos; San Antonio de Padua. Impresa en España.
Acerca del autor

Manuel Garcés Jiménez. Nativo de San Antonio Tecómitl, fundador y presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta de 2002 a la fecha, ha sido vicepresidente de la Asociación de Cronistas de la Ciudad de México durante dos períodos, participando en cinco libros: Memorias, 5a Reunión Nacional, La Ciudad de México y la Revolución en 1914, Tlacuilos (crónicas sobre los barrios del Distrito Federal), Lo que en el corazón está, en la boca sale (crónicas acerca del patrimonio intangible de la Ciudad de México), y 690 años de la Ciudad de México (memoria del Primer Congreso de Crónica).
Fue nombrado Custodio Voluntario del Patrimonio; en 1992 obtuvo el primer lugar (por Tecómitl) en el concurso Historias de mi Pueblo, coordinado por el Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México (CEHAM). Colaborador en periódicos como Excélsior, El Sol de México y El Azotador; y en revistas como Nosotros, Rescate Ecológico, Xochimilco Ayer y Hoy y Crisol Mágico. Es autor de los libros Conoce la historia de México I, y El zapatismo en Milpa Alta, del Chichinautzin al Zócalo. Ha dictado varias conferencias en distintas delegaciones de la Ciudad de México.

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