Historia de vida del campesino maicero que nació y creció con el maíz
Por Manuel Garcés Jiménez
Segunda de seis partes
El término maíz fue el resultado cuando el científico, naturalista, botánico y zoólogo, el sueco Carl Von Linneo[1] le da el nombre de Zea mays como denominación científica, lo que significa: «causa de la vida». Mientras que los nahuas lo llamaban cintli y los mayas ixim.
Su consumo de hace 10,000 años (aproximadamente) con el teocentli, se dice, y con justa razón, que los mexicanos somos de maíz, representando la piel de las diversas razas: blanco, gris, azul, negro, morado. Es por ello que los hombres fueron creados a partir de esta gramínea.
Nadie duda que los mexicanos nacimos y crecimos con el maíz. Nuestro origen campesino ha dado el motivo de vivir y compartir el trabajo con nuestros abuelos en la preparación de la tierra; el barbecho, roturación del suelo en surcos con el arado, la siembra, el aterramiento o «dar montón», el segado y culminar con la pisca (la cosecha).

Son los campesinos quienes tienen acumulada la experiencia, dedicados toda su vida al cultivo tradicional, herencia ancestral con la ayuda del Calendario de Galván, guía del movimiento lunar para obtener excelentes cosechas para el autoconsumo y el excedente para su venta en tianguis y mercados, despachado con la medida del cuartillo o el litro.
Recordamos a los terratenientes de los pueblos quienes lo ofrecían para su venta a los «maiceros» en costales llenos de gramínea colocados en básculas romanas donde se pesaba los bultos. El desgrane se desarrollaba a mano en «oloteras»[2].
Al inicio de la temporada de lluvias los campesinos alistan los instrumentos de labranza enmohecidos durante meses: la coa o pala derecha, azadones y arados. Durante la primera actividad, el campesino se hinca frente al terreno, se persigna con fe pidiendo al Creador y otros, a San Isidro Labrador y la Virgen del Carmen, pidiendo que no falten las lluvias para obtener cosechas abundantes. El inicio, sobre el surco, en paso largo del agricultor, se cava la coa donde se depositan tres semillas, los abuelos comentaban que de las tres semillas cada una representan un fin: una para el ratón, otra para el ladrón y la tercera para el patrón.

Me viene a la memoria en los años sesentas cuando los terratenientes de Tecómitl, Ernesto Blancas y Delfino Rentería, contaban con varias hectáreas de sembradíos de maíces en la parte baja del pueblo, la planicie de «El llano», son las tierras que limitan con los pueblos de San Nicolás Tetelco y San Juan Ixtayopan. Durante época de elotes, hasta su madurez en mazorcas, las milpas fueron custodiadas por los hombres llamados milperos, quienes recorrían el día y la noche al cuidando de la producción, para que no se robaran la cosecha. Uno de estos campesinos milperos fue el señor Joel Cruz, conocido en el pueblo como el «Brujo».
Después de la cosecha se segaba amontonando en montones de cañas secas, llamados mogotes que daban la apariencia de tiendas de apaches por su forma cónica.
Los campesinos parcelarios conservaban las mazorcas sin el totomoxtle en enormes huacales elaborados con troncos redondos (morillos) como de tres metros de largo y cinco pulgadas de diámetro que se armaban en forma de un enorme huacal llamados cincolotes, se llenaban de mazorcas, la parte superior se cubría con paja para cubrirlos de la lluvia.
Por otro lado, las cañas secas se amontonan en grandes montones horizontalmente en el suelo de los traspatios hasta alcanzar una enorme altura, fueron las arcinas,donde se apilaba el zacate y era utilizado como forraje durante el año para los caballos y ganado.
La historia de la creación del maíz entre los mexicas
La tradición náhuatl afirma que los hombres fueron creados con maíz y alimentos con especies inferiores de este grano, después de varios fracasos se logra su culminación. Fue entonces cuando Quetzalcóatl se dirigió al reino de la muerte, recogió los restos de anteriores creaciones; los mezcló y molió con sangre de los dioses, amasó entonces, creó un nuevo ser humano. En ésta, su quinta creación, el hombre alcanzó su mayor evolución, Quetzalcóatl se abocó a obtener el alimento que le diera a este hombre perfecto con la mayor fortaleza. Dice la leyenda que Quetzalcóatl al ver a una hormiga roja que acarreaba excedentes granos de maíz; ésta se negó a informarle de dónde los había obtenido, hasta que finalmente accedió; entonces Quetzalcóatl se transformó en una hormiga negra que, siguiendo a la roja, descubrió que el maíz se encontraba dentro del cerro conocido como «Cerro de los Mantenimientos». Este maíz lo llevó Quetzalcóatl a Tamonchan; los dioses lo mascaron y lo dieron al nuevo ser que, así robustecido, logró permanecer como el ser viviente más perfecto sobre la tierra.

Este hermoso mito del origen del maíz y del hombre la encontramos en el Códice Chimalpopoca. Otra hermosa leyenda la encontramos en el mundo maya que también lo liga al hombre con el maíz.
Cuenta el Popol-Vuh que los primeros hombres fueron creados varias veces por los dioses, primero usando como materia prima el barro, después empleando madera y juncos; ambos intentos resultaron fallidos. El primero de ellos, el hombre de barro, se mojaba, se reblandecía y se convertía de nuevo en tierra. Cuando lo hicieron de madera, el hombre carecía de ingenio y sabiduría. Los dioses destruyeron a estos hombres por medio de diluvios y terremotos. En el tercer intento utilizaron el maíz, con el cual amasaron al nuevo hombre, que resultó un ser perfecto, que pensaba y hablaba. Y así los dioses vieron coronados sus esfuerzos. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
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Bibliografía:
Popol Vuh. Cosmogonía, mitos y tradición de los antiguos mayas. Versión de Agustín Estrada Monroy. Editores mexicanos unidos, S.A. México, 2002.
[1] En el año de 1751 el científico publicó Pililosophia botánica, obra reconocida a nivel internacional.
[2] Las oloteras, círculos de olotes del maíz donde se tallaban las mazorcas.

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