«Mixquic: apuntes de su historia», libro del historiador Ricardo Flores Cuevas
Por Manuel Garcés Jiménez
Analicé de cabo a rabo el interesante libro Mixquic: apuntes de su historia, del maestro Ricardo Flores Cuevas[1], texto que me llevó de la mano a través de la historia de su tierra natal, San Andrés Mixquic desde su fundación, hasta citar algunas de las personalidades que dejaron huella perene entre los habitantes de su pueblo.
Agradezco al autor que me haya dado la oportunidad de analizar su libro y presentarlo; asimismo, aprovecho para darle las gracias por haber escrito hace algunos años el prólogo de mi libro El Plan de Iguala, cuna de la Independencia, tierra de guerreros[2].
Lo interesante del texto de Ricardo Flores es la precisión bibliográfica que cita a pie de página, así como de su contenido didáctico donde demuestra el interés y la veracidad de la investigación. Al respecto, cabe señalar que en cierta ocasión, que por el paso de los años no recuerdo el nombre de un amigo, quien me decía: «Cuando tengas un libro, al leerlo si encuentras las citas bibliográficas a pie de página, es casi seguro que te sigas de frente en su lectura con la veracidad de lo escrito, porque de inmediato te saca de muchas dudas, pero si éstas las encuentras al final del texto, en muchas de las ocasiones ya no las consultas, te sigues de frente en la lectura desconociendo las fuentes de información».
Esto viene a colación porque al leer el libro encontramos al final en cada una de las hoja las citas a pie de página, lo que le hace fehaciente e interesante el contenido, pero además, al final de cada tema aparecen las fuentes consultadas de cada subtítulo con su respectiva bibliografía. Esto me llena de satisfacción y veracidad de su contenido.

Tengo suerte de conocer, desde hace aproximadamente veinte años, a Ricardo Flores Cuevas, cuando asistía a las reuniones del Consejo de la Crónica en Milpa Alta, quien demostraba ser un apasionado de ahora su especialidad, la historia; en especial de su pueblo natal.
En la introducción del texto nos da una reseña del interés que a temprana edad le despertó el adentrarse hacia el mundo pretérito de nuestras sociedades, es en el texto donde me entero que de niño, adolescente y ya de joven estudiante cada vez lo motivaban ciertos lugares de su entorno paradisiaco, así como de las manifestaciones materiales e inmateriales que observaba.
Sinopsis. La fundación de Mixquic aconteció durante el Posclásico tardío como en su mayoría de los asentamientos localizados en el Valle de Anáhuac. Surgieron los altepetl, ubicados en las orillas de la zona cerril y cercana a la zona lacustre; así también los altepeme en la zona chinampera de Iztapalapa, Mexicalzingo, Xochimilco, Cuitláhuac, Chalco y Mixquic, que registra el mapa Upssala dando fe de estos lugares prehispánicos.
Las crónicas establecen que el poblado de Mixquic fue fundado en un islote llamado Chalchiuhtlicue dentro del Lago de Chalco, donde sus moradores se dedicaron a la agricultura característica de la zona lacustre, organización que causó admiración a los invasores hispanos quienes lo describieron así: «Tantas torres y grandes cués que blanqueaban, donde el cacique (tlatoani) de él y principales dieron a Hernán Cortés un presente de oro y mantas ricas, que valdrían el oro. Fue la admiración de Cortés que al pueblo le puso el nombre de Venezuela gobernado por Chalcayaotzin»[3].
Cabe señalar que los habitantes de los altepeme desarrollaron en la zona lacustre una técnica agrícola y urbanística capaz de aprovechar al máximo las condiciones geográficas en las que se encontraban con la invención del sistema de chinampería[4], sistema donde «la irrigación permanente por filtración hace posible el cultivo continuo de la tierra durante la temporada de secas, convirtiéndose en el corazón de la horticultura».
Dentro de su vida cosmogónica de Mixquic se hace interesante conocer el origen del chacmool que actualmente lo admiramos en el atrio-claustro, lugar convertido en área verde, donde la pieza es característica de la cultura del sureste de nuestro territorio.
Al respecto, encontramos la cita de Leonardo López Luján quien establece que a la llegada de los mexicas sus habitantes fundadores ya mantenían la relación mágico-religiosa cosmogónica en el techcatl (piedra de sacrificios), por lo que es incorporado el chacmool.
En interesante comentario que realiza el autor lo que sucedió cuando Pedro de Alvarado toma la ciudad de Tenochtitlan en 1521, donde los pueblos lacustres toman una decisión de alianza donde está incluido Mixquic por la estrategia del control de los canales lacustres. Al respecto el autor nos manda a una cita retomada del Archivo Mexicano: «Después de la caída de la capital mexica, Hernán Cortes repartió seis pueblos de la chinampería para formar los propios de la naciente Ciudad de México, siendo: Iztapalapa, Huichilubusco, Mexicaltzinco, Culhuacan, Cuitlahuac y Mizquic».

Otro de los análisis del pueblo es la torre del campanario que se encuentra independiente del templo, al respecto, se nos aclaran que inicialmente llegaron los frailes agustinos quienes desembarcan en Veracruz el 22 de mayo de 1533 realizando la labor de evangelización el teólogo, conocedor de las artes y la gramática, Jorge de Ávila, y Jerónimo de San Esteban. Este último personaje, antes de ingresar a la orden de los agustinos ya tenía estudios de Derecho. Interesante saber que ambos personajes llegaron a estas tierras en el año de 1533 destinados a la zona de Chilpa-Tlapa. Catequizaron y fundaron conventos en Totolapan, Yecapixtla, Juatetelco, Jonacatepec, Tlayacapan, Atlatlauhcan y Mixquic.
Nos aclara Ricardo Flores Cuevas que inicialmente llegaron a Mixquic los frailes franciscanos, quienes inician la evangelización sin iniciar la edificación del templo, mientras que los agustinos llegan después en 1534, retomando la administración del pueblo consolidando el proceso de evangelización e iniciando la construcción del templo. Para 1563 el inmueble ya mostraba un avance significativo de su construcción. Posiblemente fueron los habitantes de los poblados de San Nicolás Tetelco y de San Juan Tezompa, quienes participaron en su construcción, ya que fueron visitas del templo de San Andrés Mixquic.
A inicios del siglo XVII ya se encontraban ciertos avances del primer templo que por causas desconocidas se derrumba quedando únicamente la torre del campanario, años más tarde, en 1630, se inician los trabajos de la construcción actual, «su planta es basilical, es decir, cuenta con tres naves: una central y dos laterales. Los espacios interiores con los que cuenta son: coro, sotocoro, presbiterio y sacristía. Al respecto, argumenta el autor del libro que «según Manuel Toussaint, Francisco Morales en colaboración con Simón de Pereyns trabajaron en el retablo». De acuerdo con esta cita, a la fecha no se localizan estos trabajos, ¿Qué paso entonces?, exactamente no se sabe qué pasó con estas obras artísticas. Sepa Dios que pasó con ellas.
Por su fundación en una isla, el pueblo de Mixquic permaneció incomunicado vía terrestre, sólo era a través de agua de los canales donde las pateras y acallis (canoas) que se deslizaban a través de los acalotes y apantles utilizadas para el traslado de los hombres a las labores agrícolas y para el transporte de los cultivos a otros lejanos lugares, como maíz, jitomate, tomate, chile, calabazas, frijol, chayote, chilacayote y quelites, entre otros productos.
Fue a partir de 1539 cuando se tiene referencia que se empezó ampliar el camino que actualmente une a los pueblos de Mixquic con Tetelco a través de la unión de los parajes de Tepanoco en Mixquic que significa como en el camino del muro de piedra, y Tepantitlamilco en Tetelco, es decir: en el sembradío pedregoso del muro de piedra, o bien: donde abundan las bardas de piedra. Estas referencias que nos da Ricardo Flores Cuevas es muestra que el camino fue inicialmente de piedras o de empedrados para convertirlo en importante calzada. Actualmente lo conocemos como carretera cubierta con asfalto.
Como hemos visto, hasta el momento existen testigos del desarrollo del poblado a través del tiempo con la calzada que une a Mixquic y Tetelco, así como el campanario separado del templo religioso, y un puente que existía a un lado de la actual Casa de Cultura con su Teatro Miquiztli, inaugurada el 25 de noviembre de 2010.
Lamentablemente, lo que fue Mixquic un edén como lo vemos en la película de Yanco[5], vino años después su decadencia, allá por el año de 1952[6], cuando se fue convirtiendo en una zona abandonada como consecuencia de la extracción excesiva del agua de los mantos freáticos repercutiendo que desaparecieran los ojos de agua[7]. Al respecto, agregaría las construcciones que sin la debida planeación fue parte de esa transformación, entre otros factores, lo que trajo como consecuencia que las chinampas se fueran abandonando y sus dueños buscaran otras fuentes de trabajo en la ciudad o en otras actividades ajenas a la agricultura.
Ante el desolador panorama, en la década de 1980 los vecinos y autoridades locales promueven que se recarguen los canales de agua tratada proveniente del Cerro de la Estrella, acción que volvió a Mixquic nuevamente ser el principal productor de hortalizas para los mercados de la Ciudad de México y poblados circunvecinos.
Ricardo Flores Cuevas no podía omitir en su interesante libro a ciertos personajes quienes al paso de los años dejaron huella perenne por sus acciones tanto personales, sociales, materiales y profesionales, como fue el caso de Manuel Trinidad Gutiérrez, de origen mulato nativo de Amecameca que llegó a Mixquic a sus 24 años, donde aprendió las actividades de la chinampería, contrayendo matrimonio con una señorita oriunda del pueblo del Barrio de San Agustín, paraje de Mixpan, lo cual los vecinos lo conocieron después como «Manuel Mixpan».
Se narra que Manuel Mixpan aprendió lo mágico y misterioso de convertirse en un Quiahtlastle, es decir, granicero, que es la persona que tenía poderes sobrenaturales en poder retirar o espantar la caída de granizo que ocasionaba estragos en las siembras de las milpas chinamperas. Se comentaba que Manuel Mixpan realizaba ofrendas y rituales en las cuevas.
Los campesinos, contentos de que detenía las granizadas, a cambio le daban dinero, pulque o alimentos. Sus acciones fueron delatadas al párroco y cura de la iglesia de San Andrés Mixquic, don Francisco Xavier Núñez Bautista Bermudo, hombre culto, quién además de cura del pueblo fungía como Juez Eclesiástico, quien emitió su auto de remisión el 28 de abril de 1769, donde solicita al Señor Inquisidor que por ningún motivo Manuel Mixpan volviera al pueblo, ni a ningún otro donde sus vecinos pudieran verle o hablarle con facilidad. El 1 de mayo fue trasladado a la cárcel de la Ciudad de México, presidio secreto de la Inquisición. Finalmente, al interrogarlo si había hecho algo en contra de la Santa fe católica, es decir, si había idolatría, el 24 de mayo de 1769 y al no tener elementos suficientes para mantenerlo preso, después de 107 días de prisión fue puesto en libertad.
Otra historia que nos da a conocer es la imagen de San Francisco de Asís, conocido entre los vecino como Panchito, santo que ha sido custodiado por varias generaciones por los devotos, quienes acuden a pedirle un milagro, como fue el caso de los años 30 con el paludismo, enfermedad que más causó estragos entre la población.
Culmina el libro de la historia del pueblo de San Andrés Mixquic con la reseña de la señora Elia Alarcón Garcés, pionera de la salud en las intervenciones de parto. Años más tarde se tendría al primer egresado universitario, el médico Benjamín Roque Jimenez, quien nació en el año de 1926; falleció en enero de 2016, a un par de meses de cumplir los 90 años.
Sus primeros estudios los realizaron en su pueblo natal y en la Secundaria 9 Teutli; fue compañero de generación del doctor Francisco Chavira, primer Cronista de Villa Milpa Alta.
Culmina el libro Mixquic: apuntes de su historia, con el relato de convivencia al lado del compañero Pascual Gallegos Palma, cronista de San Pablo Oztotepec, quien convivió durante varios años donde aprendió a caminar en el cerro, así como en la serranía del Chichinautzin, que une al estado de Morelos con la Ciudad de México. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
[1] Ricardo Flores Cuevas es oriundo del pueblo de San Andrés Mixquic, Alcaldía de Tláhuac. Actualmente tiene la Maestría en la ciencia de la Historia.
[2] En el 2016 se editó el libro: Plan de Iguala, cuna de la Independencia, tierra de guerreros, por Ediciones Quinto Sol, de cuyo autor es su servidor.
[3] Códice Chimalpopoca, anales de Cuauhtitlan.
[4] Chinampa, seto o cerco de cañas y el sufijo pa, en, sobre.
[5] Película ganadora de 27 premios a nivel internacional, escrita y dirigida por Servando González y fotografía de Alex Phillips.
[6] Fue por la década de los años 50 cuando mis padres visitaban a su compadre Bonifacio y su esposa Herminia quienes vivían cerca del puente donde todavía pasaba un poco de agua de chinampería. Nos llevaba en su canoa a visitar los ojos de agua donde se veía brotar el agua cristalina donde los pequeños peces se desplazaban. Entrada la tarde se escuchaban el croar de las ranas.
[7] Se les conocía como ojos de aguas al lugar donde brotaba el agua a borbotones proveniente del subsuelo, líquido que alimentaba a los canales.

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