Visitas al IMSS y al ISSSTE, la necesidad de acudir a consulta con el médico

• A diferencia de mi niñez, cuando íbamos a la clínica porque padecíamos algún resfriado o a ponernos las vacunas, priva el trastorno del desarrollo neurológico, que al parecer es muy frecuente en los niños de hoy

Por: Efrén Camacho Campos

Ni duda cabe que con la acumulación de años, nos vemos cada día más en la necesidad de acudir al médico. Cuando se puede, lo hacemos con el denominado particular, pero cuando se trata de padecimientos de consideración y, por consiguiente, los recursos económicos se van agotando, queda siempre la alternativa de acudir a los servicios de seguridad social (ISSSTE o IMSS); al sistema de salud al que uno tenga derecho, porque como decía mi suegra, «barba y hoja, todo va a la troja».

Sin embargo, debo comentar que en las últimas dos semanas se han incrementado mis visitas al IMSS y al ISSSTE, a efecto de tramitar citas para el laboratorio, con el médico familiar o con los de especialidades, tanto para mi hija como para mi nieto. Pero esto no es lo relevante, por fortuna todo va caminando en orden y esperemos que pronto se restablezcan nuestros problemas de salud. Lo que realmente vale la pena comentar es que, a pesar de la gran cantidad de demandantes de citas médicas, el personal que labora en estas instalaciones hospitalarias, en lo general mantienen una actitud se servicio orientada a los usuarios, siempre dando informes precisos sobre los trámites que se deben seguir.

Las instalaciones, al menos acá en Aguascalientes, se mantienen en las mejores condiciones, hasta donde se es posible, porque no hay que olvidar que somos un pueblo que muchas veces no apoyamos en el cuidado de los inmuebles.

Por otra parte, no es igual atender a una población de una ciudad mediana a la de una gran comunidad, como es la Ciudad de México, donde la cantidad de demandantes de servicio médico sobrepasa por mucho a la de poblaciones donde apenas se rebasa el millón de habitantes.

Simplemente, a manera de dato duro, cabe mencionar que en la página oficial del IMSS se indica que «Al 30 de abril de 2025, se tienen registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) 22 millones 417 mil 668 puestos de trabajo, de los cuales el 87% son permanentes –lo que significa la mayor proporción de los últimos 16 años en períodos iguales–, y el 13.0% son eventuales». Sin embargo, el ISSSTE informa que, a diciembre de 2021, contaba con 3 millones 120 mil 526 de personas registradas. No fue posible recuperar datos actualizados.

Pero el punto que quiero compartir se enfoca en lo estrujante que resulta acudir a estas instalaciones de salud y ser testigo de tanta gente enferma, o porque nosotros mismos lo estamos; principalmente, vemos personas de la tercera edad, entre los que me incluyo, quienes estamos llegando al «tercer acto» de nuestras existencias, lo cual simplemente corresponde a lo que es el ciclo vital de vida.

No obstante, lo más deprimente es cuando vemos a pequeños enfermos quienes, con el tratamiento adecuado, van recuperando gradualmente su salud, pero cuando presenciamos niños y adolescentes con problemas de otro tipo, de los denominados como trastorno del desarrollo neurológico… ¡ay! cabrón, ahí sí que se apachurra algo en lo más profundo de nuestro ser.

Me tocó ver a un jovencito, alto, delgado, muy simpático, quien no paraba de saltar en el mismo sitio, paraba un rato y luego volvía a repetir el ritual, descansaba otra vez, repetía su ciclo de saltos… Mientras tanto, su joven madre, con un rostro de tristeza y a la vez de fortaleza, esperaba a ser recibida por el médico tratante. Esto me hizo reflexionar sobre lo afortunado que somos algunos, porque chatitos y todo, pero contamos con salud –digamos– aceptable.

En estos tiempos, a diferencia de mi niñez, cuando íbamos a la clínica porque padecíamos algún resfriado, a sacarnos un diente o, simplemente, a ponernos las vacunas, priva el trastorno del desarrollo neurológico, que al parecer es muy frecuente en los niños de hoy, tal es el caso del TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), el Síndrome de Aspergery elEspectro Autista, por ejemplo.

Pero, ¿en qué consiste este trastorno del desarrollo neurológico? En el caso del TDHA, un reporte médico, titulado TDAH, Hiperactividad: Síntomas, diagnóstico y tratamiento. Clínica Universidad de Navarra, señala que el «trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una alteración neurobiológica que provoca alteraciones en el aprendizaje y en el comportamiento del niño. Es uno de los problemas psiquiátricos más frecuentes en la infancia y la causa más frecuente de consulta de psiquiatría infantil. Es más frecuente en varones (9%) que en niñas (3,3%). Estos niños tienen problemas de atención, impulsividad y exceso de actividad. Debido a estos síntomas, tienen dificultades de interacción social y rendimiento escolar. Además, suelen ir asociados otros problemas como trastorno negativista desafiante o trastorno de conducta (hasta el 40%), depresión y ansiedad».

En cuanto al Asperger y el Autismo, de igual manera se indica en la literatura médica (Comprendiendo las diferencias: Asperger vs Autismo) que «el autismo y el asperger son dos trastornos del espectro autista que a menudo son confundidos entre sí. Ambos afectan la forma en que una persona se relaciona con el mundo y con los demás, pero tienen diferencias significativas que es importante conocer. El autismo es un trastorno del desarrollo neurológico que afecta a la forma en que una persona se comunica y se relaciona con los demás. Se caracteriza por dificultades en la interacción social, patrones de comportamiento repetitivos y limitaciones en la comunicación verbal y no verbal. También puede haber problemas en la comprensión de las emociones y en la adaptación a cambios en la rutina».

Cuán difícil resulta enfrentar estos padecimientos que, en mi experiencia, a menos que alguien diga lo contrario, no tienen mucho tiempo de haberse presentado en nuestros pequeños, o más bien, tal vez, no eran lo bastante socializados y, por ende, desconocidos para la gente, a tal grado que ahora nos atrevemos a asegurar que los niños son de cristal.

Este tipo de padecimientos trastoca la existencia de cualquiera que tenga un familiar cercano que padezca alguno de estos trastornos mencionados, lo vivo de cerca y me duele. Me provoca recordar un pequeño poema que un amigo me compartió, no hace mucho tiempo:

«Qué belleza guardan

aquellos

que no encuentran su lugar

fácilmente entre tanta

gente.

Tal y como está el mundo

es un privilegio no encajar».

Alejandra Pizarnik

¡Hasta luego! ♦

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