El General Emiliano Zapata y la «Generala», Josefa Espejo Sánchez
Por Manuel Garcés Jiménez*
Algunos libros de destacados autores narran la vida personal del general Emiliano Zapata y su participación activa durante el movimiento revolucionario, pero pocos se han adentrado en la vida de su matrimonio contraído con la señorita Josefa Espejo Sánchez, dama que fue llevada al altar cuando Emiliano Zapata tenía 32 años y su novia Josefa 20.
En interesante investigación realizada por la cronista de Topilejo Beatriz Velásquez Inclán, nos revela datos interesantes que se encontraban en la historia tradicional de la familia Espejo para ser expuestas en el libro: Josefa Espejo Sánchez, La Generala. Escrito en un lenguaje accesible y alejado de complicadas acciones, el libro ofrece una mirada que entrelaza la historia del movimiento con el movimiento social en manos del gobierno porfirista.
El reconocimiento al maestro Amador Espejo Barrera, sobrino (de primer grado) de Josefa Espejo Sánchez, quien se ha dedicado en cuerpo y alma a la recopilación e investigación de la familia Emiliano Zapata-Josefa Espejo. Nuestro afecto a Amadeo Franco Guevara, sobrino del zapatista Francisco Franco, informante del escritor Jesús Sotelo Inclán[1], a ambos por sus interesantes aportaciones.

Josefa Espejo nació un 19 de marzo de 1891[2] en San Miguel Anenecuilco, estado de Morelos, día que la Iglesia Católica celebra al Señor San José (Padre Putativo de Cristo), Santo Patrón de Villa de Ayala, de ahí su nombre, Josefa, hija de familia de abolengo, élite de ganaderos cobijados por el gobierno de don Porfirio Díaz. Su hogar se encontraba en terrenos fértiles por el Camino Real a Villa de Ayala, justo al poniente, en las faldas del Cerro El Mirador, por donde atravesaba el apantle (canal) llamado «Los Tomases», riachuelo donde se mecían las aguas cristalinas que corrían hacia los cañaverales. Es ahí donde Josefa lavaba las vasijas de la familia.
El noviazgo de estos históricos personajes fue singular, ya que la dama de familia acomodada y con amistades de terratenientes de la entidad, fue educada con un maestro que llegaba a su casa a caballo para enseñar a la familia a leer y a escribir, teniendo como pasatiempo el desplazamiento de sus dedos en las teclas del piano. Con estos atributos se enamora de un joven campesino apuesto, líder de los campesinos de su pueblo que por años habían sido explotados por los hacendados, personaje que más tarde comandaría y organizaría un enorme ejército, el Ejército Libertador del Sur, en contra de los opresores de los campesinos del estado de Morelos. Todo lo anterior no fue bien visto por la familia del noviazgo de una potentada con un campesino.
Su padre, don Fidencio Espejo, comentaba a la familia que su hija merecía una relación de noviazgo con una persona de su clase social que le ofreciera las condiciones de vida a las que estaba acostumbrada (vestimenta de moda, buena y excelente comida, lujos personales y la relación de alta alcurnia pro-porfirista). La familia simpatizaba con los defensores del régimen dictatorial, que en versiones de familia, su padre le advertía a su hija: «Emiliano no te conviene, es un verdadero parrandero, jugador, mujeriego que no tiene ni burro que montar».

A pesar de todas las dificultades en su contra, el amor de la pareja pudo más que mil dificultades, y el tiempo afianzó la amistad amorosa, siendo testigo los tecorrales; tal es el caso que cuando Josefa lavaba las vasijas de fina porcelana en las aguas corredizas del apantle, discretamente le llegaban los mensajes de Emiliano: «Colocaba una carta de amor dentro de la copa de su sombrero y lo dejaba correr por la corriente del agua, de tal manera que Josefa tomara el mensaje amoroso, unos metros abajo, dejara el sombrero en el curso de la corriente, hasta que el amigo de Emiliano lo recuperara».
Otro medio de comunicación amoroso fueron las citas con señal, tal es el caso: «Si una noche se escuchaba el silbido de Emiliano y un caballo trotando a todo galope, Josefa sabía que al día siguiente debía buscar algún mensaje debajo de la piedra del tecorral que únicamente ellos sabían».
A la muerte de don Fidencio Espejo, padre de Josefa, al año se decide la unión religiosa de Emiliano con Josefa, celebración efectuada en el mes de agosto de 1911 en el templo católico de Cuautla, Morelos, donde Emiliano decide que la novia llevara un vestido sencillo de acuerdo a la vestimenta de las mujeres campesinas. El banquete fue realizado en la casa de la novia, asistiendo las personas cercanas a Zapata, sobresaliendo don Francisco I. Madero acompañado de su señora esposa Sara Pérez Romero, quienes regalaron a la novia un camafeo de oro con incrustaciones de coral, además de un hermoso juego de té de fina porcelana francesa.
Al paso de los años con cierta nostalgia Josefa Espejo recordaba con añoranza la unión con Zapata:
«Mi madre aceptó recibir a la familia Zapata para formalizar el compromiso. Aunque estaba convencida de que eso no era lo mejor para mí, accedió a que la boda se realizara con la única condición de que el banquete se llevara a cabo en nuestra casa. Con prisa, comenzaron los preparativos. Yo estaba feliz porque, después de muchos intentos, finalmente sería la esposa del hombre más importante de Anenecuilco.
»La boda fue un verdadero acontecimiento. En ese momento, Francisco I. Madero González, empresario nacido en Coahuila, escritor y político, estaba contendiendo como candidato a la Presidencia de México. Dado que Emiliano mantenía relaciones con numerosas personas debido a su cargo, se sumó de alguna manera a la campaña de Madero. Tenía la esperanza de que, una vez que este ganara la presidencia, contribuiría al proceso de restitución de tierras para beneficiar a los campesinos del estado de Morelos».

Durante su vida matrimonial procrearon dos hijos, el primero con el nombre de Felipe, quien a la edad de cinco años falleció por la mordedura de una víbora; la segunda hija fue Josefa, y por mala suerte su muerte fue ocasionada por la picadura de un alacrán, quedando la familia sin descendientes.
Con la huida de Porfirio Díaz rumbo a Francia, don Francisco I. Madero entra triunfante a la Ciudad de México asumiendo la Presidencia de la República, lo cual Zapata, dándose la idea que Madero cumpliría los acuerdos establecidos en el Plan de San Luis, en el que se establecía la restitución de tierras a los campesinos, vino la desilusión. La traición estaba a la vista al desconocer su compromiso con los objetivos del Partido Anti-releccionista y del Plan de San Luis, por ende, se dio el desconocimiento de Emiliano Zapata, lo que originó que organizara el Ejército Libertador del Sur con la unión de destacados líderes, como el profesor Otilio Montaño, Genovevo de la O, Felipe Neri, Francisco Mendoza, Gil Muñoz y Eufemio Zapata, su hermano.

El fatal 10 de abril de 1919, el Jefe Revolucionario e icono de la Revolución Mexicana, fue cobardemente asesinado en la hacienda de Chinameca, por el general Jesús María Guajardo Martínez, quien de manera por demás artera y vil, hizo creer al General Zapata que se uniría a sus fuerzas armadas y como «prueba de buena voluntad» le entregó, además del caballo «As de Oro» un cargamento de municiones, armas y pertrechos.
A la muerte del General Emiliano Zapata, Josefa Espejo Sánchez se gana a pulso el reconocimiento de la «Generala», mujer distinguida, teniendo como marco la toma de protesta del presidente de la República Lázaro Cárdenas el 1 de diciembre de 1934. A partir de ese momento fue invitada a eventos políticos y congresos, lo cual continuó hasta los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, quienes solían presentarla como la voz de la mujer revolucionaria, en diversos eventos de gran relevancia. Una de las acciones que le tocó emprender fue la construcción de la Escuela Secundaria «Tierra y Libertad» en Villa de Ayala, Morelos.
Como reconocimiento de «Generala» le ofrecen tierras en su estado natal a su loable labor. Josefa Espejo lo rechazó enfáticamente, explicando que no buscaba beneficios personales, su intención es que se enalteciera a su esposo, el General Emiliano Zapata y se repartiera la tierra.
El viernes 8 de agosto de 1968 falleció «La Generala» en Villa de Ayala y sus restos descansan en el panteón municipal de Anenecuilco. El día de su fallecimiento los morelenses recordaban cuando a esta vida llegó el General Emiliano Zapata, pro en el año de 1879. ¡Cosas que nos da la vida! ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y secretario del Consejo de la Crónica de Cabildos de la Ciudad de México.
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Bibliografía:
Velásquez, Inclán Beatriz. Josefa Espejo Sánchez, La Generala. Editorial Promotora del Desarrollo Social Comunitario. México, 2024.
[1] Autor del libro: Raíz y razón de Zapata, editado en 1970 por la Compañía Federal de Electricidad (CFE)).
[2] Dato proporcionado por el maestro Amador Espejo, nieto de Josefa Espejo.

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