Fiesta de los muertos, no al ataud. Tradición en su forma más pura
Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 21 | Octubre de 1999
Allá por los años 70 se despertó la inquietud entre los habitantes de Tecómitl para dar a la tradición de Día de Muertos un carácter de mayor interés a los visitantes de los pueblos circunvecinos, capitalinos y al extranjero, con la finalidad de valorar la herencia que nos legaron los antepasados con profundas raíces prehispánicas y ante todo mantener la tradición en su forma más pura en relación a otras poblaciones del sureste del Valle de México.
Al respecto, un grupo de personas entusiastas por la tradición, encabezadas por el señor Donato Blancas y el profesor Pascual Meza Ramírez, se dieron a la tarea de organizar con antelación empezando por la limpieza del panteón que se localizaba en el actual atrio del ex convento franciscano construido en honor al santo patrón San Antonio de Padua. Sin el apoyo de la delegación de Milpa Alta y sin ningún interés económico y político, se pedía la ayuda voluntaria a los negocios establecidos consistentes en ciertos productos para estimular a los habitantes que acudían al panteón o elaboraban los esqueletos de carrizo u otro material no sintético.
Los vecinos más activos y que colaboraban con sus artesanías destacaron los señores Pedro Alva, Juan Lama, la señora Natalia, Eduardo Garcés (q.e.p.d.), entre otros. Afortunadamente, al paso de los años en la tradición se incrementó el número de personas que participaron directamente; algunos tocando las campanas durante la noche de fogatas, otros acompañando al sacerdote con la pequeña campana del Altar Mayor, y la tonada: tamal para el campanero. Entre los niños y jóvenes con el gracioso «osito», con calaveras de chilacayote. Se montaban ofrendas en el centro del atrio. Inclusive se exponía al norte del poblado una enorme portada floral con el siguiente texto: «Bienvenidos a Tecómitl».
Al respecto, cabe enfatizar, jamás los organizadores de aquellos años presentaron un ataúd, ya que el Día de Muertos es fiesta y gozo, y lo ha sido desde la época Mesoamericana hasta nuestros días, ya que de acuerdo a la tradición religiosa se tiene el permiso celestial para que los que se nos adelantaron vengan a convivir con los vivos. No se trata, pues, de recordar los días del deceso con la presencia de una caja mortuoria que causa tristeza, y está claro que quien ha pasado por esos momentos difíciles, y quien valora la vida y conoce la tradición desde el punto de vista histórico y arqueológico jamás la desvirtuaría con prácticas que más bien parecen propias del halloween norteamericano, una absurda celebración mercantilista que pretenden imponer los medios de comunicación.
Como todos sabemos, el adorno de tumbas de Tecómitl se ha considerado verdaderas obras de arte efímeras desde tiempos inmemorables que se elaboran a base de materiales naturales: a través de flores silvestres de la temporada, sobresaliendo los clamoles, el cempoalxochitl, carrizos, varas, cañas secas de maíz y, ante todo, el manejo increíble de tierra del panteón. Tumbas catalogadas por personas amantes a esta tradición como obras artesanales clasificadas en: florales, arquitectónicas y con ofrenda en miniatura, mismas que se trabajan durante horas, desde la mañana y terminadas al atardecer para ser admiradas por poco tiempo durante esa noche.
Son impresionantes estas obras que los artistas, fotógrafos y periodistas dan a conocer a todo lo largo del país e inclusive en el extranjero.
Inclusive se han montado réplicas de tumbas características de Tecómitl en varios sitios de esta Ciudad de México: el Museo de Antropología e Historia, el Museo de Arte Moderno, el Museo de Culturas Populares, la Universidad Autónoma Metropolitana, entre otros lugares de interés cultural.
- ¿Qué se pretende al mantener la tradición en su forma más pura?
- Contrarrestar la penetración transculturizante como el halloween.
- Contrarrestar los medios masivos de comunicación que atentan contra esta cultura popular viva de origen prehispánico.
- Retomar la herencia de nuestros antepasados como la ayuda mutua, faena y cooperación social, antiguas y eficaces formas de origen ancestral.
- Evitar que la festividad se convierta en una feria mercantilista con la venta de productos ajenos a la tradición.
- Que no se desvíe la tradición de sus raíces prehispánicas con la exhibición de la caja de muerto, burda maniobra que, debido a la inconsciencia y falta de conocimientos históricos de quienes la realizan, provoca la propagación de costumbres ajenas entre la niñez y la juventud. ♦
Bibliografía:
María Havers, Guillermo. Vivieron el Evangelio. Obra Nacional de la Buena Prensa, México, D.F., 1986
Matos Moctezuma, Eduardo. Muerte a filo de obsidiana. Fondo de Cultura Económica, México, 1997
Mezhúiev, V. La cultura y la historia. Editorial Progreso, Moscú, URSS, 1977


Manuel Garcés Jiménez. Nativo de San Antonio Tecómitl, fundador y presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta de 2002 a la fecha, ha sido vicepresidente de la Asociación de Cronistas de la Ciudad de México durante dos períodos, participando en cinco libros: Memorias, 5a Reunión Nacional, La Ciudad de México y la Revolución en 1914, Tlacuilos (crónicas sobre los barrios del Distrito Federal), Lo que en el corazón está, en la boca sale (crónicas acerca del patrimonio intangible de la Ciudad de México), y 690 años de la Ciudad de México (memoria del Primer Congreso de Crónica).
Fue nombrado Custodio Voluntario del Patrimonio; en 1992 obtuvo el primer lugar (por Tecómitl) en el concurso Historias de mi Pueblo, coordinado por el Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México (CEHAM). Colaborador en periódicos como Excélsior, El Sol de México y El Azotador; y en revistas como Nosotros, Rescate Ecológico, Xochimilco Ayer y Hoy y Crisol Mágico. Es autor de los libros Conoce la historia de México I, y El zapatismo en Milpa Alta, del Chichinautzin al Zócalo. Ha dictado varias conferencias en distintas delegaciones de la Ciudad de México.

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