Señor Santiago Zapotitlán vuelve a cabalgar entre luces y música

• Alberto Barranco Lozano fue, antes que fotógrafo, alguien que plasmó las tradiciones de Tláhuac con una fuerza narrativa y descriptiva jamás vista, poseedor de un estilo literario único cuyos artículos publicados en la Revista Nosotros lo respaldan como un gran y original escritor. Aquí otro ejemplo más de su magistral estilo en la escritura

Por Alberto Barranco Lozano | Revista Nosotros, Núm. 13 | Dic-Ene 1998-99

Y Señor Santiago Zapotitlán, rodeado de puritito «fierro», se llenó a olor a pólvora y música: los zapatos, los cabellos, las blusas, los ojos, los aretes, las pestañas, el cinturón, las manos, los labios… También de polvo festivo se impregnaron sus súbditos, junto con los «evangélicos de pacotilla» y los ateos por la gracia de Dios. Todos, toditos, toditititos brincaron, bailaron, danzaron, rechiflaron, aplaudieron a ritmo de banda, de cumbia, de bolero, de chachachá, rock, blues, de cachetito, de a brinquito, quebradita, paso triple, juntito a su pior es nada. La noche se quedó con nosotros. Noche del 24 de julio al dos de agosto. Noche de soles pirotécnicos. Noches de disfrutar. Noches de todo un año. Días de borrachera con pólvora y música.

Son las 23 mayordomías –11 del Barrio de Santiago y 12 del Barrio de Santa Ana–, las que organizan las dos grandes festividades: las de finales de julio y las de principio de febrero. La del cuatro de febrero para honrar al Señor de la Misericordia, y las del 25 y 26 de julio para venerar a los santos: Santiago y Santa Ana. Cada festividad se van turnando las mayordomías de los Barrios de Santiago y Santa Ana. Son los Peñas, los Paredes, los Martínez, los Chavarría, los Granados, los Panchos, los Pedros, los Alejandros, los Santiagos, los Danieles, los que organizan esta guerra de luces y música contra el luzbel de la infelicidad pueblerina.

Las mayordomías «son la ley». Fotografía de Alberto Barranco Lozano

Las dos mayordomías que les toca organizar la fiesta «son la ley» para las luces y la música. Los evangélicos, los mormones, los de la UNAM, los Villalobos, los Silenciosos, los del Oro y todos los «chichos» deben cooperar para que las fiestas de febrero y julio salgan a todas margaritas; el castigo no es el infierno, sino el destierro del panteón de Santiago Zapotitlán. Dame tu contraseña y serás enterrado en esta tierra donde el «fuego» y el ritmo son la «gloria». Éntrale con tu cooperacha, para que no te siga la maldición de la «madre Matiana», por el resto de tus días terrenales en Zapotitlán. Chin-chin el que no coopere, para esta eterna festividad.

Los cuates de Tecompa, de Mixquic y de Milpa Alta; los compadres de Teléfonos de México, de la IBM, del DDF y de las fábricas vecinas; los amigotes del alma de Tláhuac, de Tlaltenco, de San Lorencito «el Lechucero», llegan a comer barbacoa zapoteca, carnitas santaneras, molito con chilito, chilito con molito, mixiotes de conejo a la «silencioso», pollo a la Villalobos y cochinito a la Camacho.

El párroco Juan Domínguez, 18 años en el novenario de luces y música. Fotografía de Alberto Barranco Lozano

El párroco Juan Domínguez, que tiene 18 años de estar al frente de la parroquia, invita a otros curitas de la región a celebrar las misas de función en honor de Señora Santa Ana y Señor Santiago. Las oraciones se tornan en luces y música.

Las mañanitas, las serenatas y los bailes las han amenizado la Banda del Recodo, la Banda el Espejo, la Sonora Santanera, Carlos Campos, Acerina y su Danzonera, el Cañaveral, Amparo Ochoa, Humberto Cravioto, Los Dandys, Antonio Aguilar y tantos otros grupos y gentes. Los castilleros han sido de diferentes partes de la República. De Zumpango, estado de México; del estado de Hidalgo, de Morelos… Y de Japón. Aquí han desfilado los mejores pirotécnicos.

El 25 y 26 de julio la guerra de luces y música, para recrear nuestros sentidos. Bombas de araña de todos colores brotan por el lado del cerro; en la Plaza Juárez están los castillos pirotécnicos, dominan toda la región, dominan toda la alegría, dominan todos los aplausos. El ulular de los silbatos con trueno, reúnen a todos los habitantes de la región y aún llegan de más lejos… los castillos pirotécnicos: orgullo y símbolo de las fiestas de Sapporo.

Noche de pólvora y música. Fotografía de Alberto Barranco Lozano

Primero quema Santa Ana y después Santiago. En cada fiesta se van turnando el comienzo. Cada tanda de «castillo» va precedida de la mitad de una gruesa de bombas «japonesas» o de «sin-cuenta» rueditas pirotécnicas. Animales geométricos ruedan y silban en nuestros corazones. De pronto un unicornio de colores despierta nuestros sueños infantiles. La música de banda ameniza la quema de los castillos. Los aplausos son para los del barrio de Santa Ana, no, para los del barrio de Santiago… Es para todo el pueblo de Zapotitlán. Las porras, las dianas y los aplausos son para todos los organizadores. ¡A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Santiago, Santa Ana, Zapotitlán, ra ra ra!

Hay que quedar bien con Dios, con la Señora Santa Ana, con el Señor Santiago, con el pueblo cooperante y con el pueblo mirón. Los castillos se queman al «centavo», es decir, con todos los tiempos exactos de las luces y los corredizos… Y la música sin desafinar. Los más aguerridos por el «pomo» bailan con gorrito y sin gorrito; con sombrero y sin sombrero; con cartón y sin cartón, debajo de las luces del castillo, a ritmo de banda, de danzón, de chachachá…

Hay que quedar bien con Señora Santa Ana y Señor Santiago. Fotografía de Alberto Barranco Lozano

Las coronitas voladoras al estallar dejan en el cielo puntitos de colores. Las torres de la iglesia se ven más chaparritas frente a los castillos… Un tiburón rojo nos espanta; después nos da alegría. Es la pirotecnia hecha en México con pólvora de invento chino traída por los españoles… «Quinientos y tantos años de lucha y esfuerzo» corona la cima del castillo. Un año de esfuerzos de las dos mayordomías. ¡Ni a cuál irle! Famosas por méritos propios… La parroquia se ilumina con las luces y música. Al final de las dos paradas de castillos, Señor Santiago vuelve a cabalgar entre luces y música, junto con Cristo y la Señora Santa Ana! En este momento las luces son más intensas, las dianas suben de tono, las urras son por doquier, los aplausos son por miles, las voladoras suben y suben por docenas, por centenas, las bombas de araña no se están quietas, luchan con las nubes y las estrellas. Hoy no hubo lluvia. ¡Gracias a Dios! Y la Banda de Música toca la Marcha de Zacatecas para terminar con las últimas bombas de araña. Santiago Zapotitlán sacó su espada a relucir.

En el novenario de luces y música todo es alegría. El capitán Agustín Jiménez con su danza Azteca; ellos han participado en la obra teatral La leyenda de la llorona, que se ha presentado en varias partes de la República. También hay otras cofradías de danzantes.

En 1995 se realizó el gran baile de la nostalgia con la Sonora Santanera y Ramón Márquez. Los que se pelearon, los chaparritos… ya saben, ya saben. Los que están sentados, los que están parados, los que no aplaudieron, los que están leyendo… ya saben, ya saben… Y no hay un ápice de la Zaporo vacío. Son 150 por 75 metros. Échale lápiz. Perfume de gardenias, Luces de Zapotitlán, Congoja, El remolino, Amor de cabaret, Botecito de vela, Musita… Los viejos sacudiendo la polilla, abrazaditos al recuerdo, junto a su nostalgia, por los años… ¿perdidos?

Es música Santanera y Luz Zapoteca, anuncia el Chino de la Sonora. Todos baile y que te baile. Los ojos sudando la gota gorda. ¿Y los zapotecos? ¡Ya saben, ya saben!

Viva don José, don Antonio, don Ernesto, don Juan Luis, don Francisco, don Alejandro, don Benjas, don Noé y sus animalitos pirotécnicos. ¡Urra! ¡Al pueblo de Zapotitlán! Rodeado de puras luces y música. ¡Que viva la Mayordomía Séptima del Barrio de Santiago! ¡Una diana para la sexta Mayordomía del Barrio de Santa Ana! ¿Y los mayordomos y los telefonistas…? ¡Ya saben, ya saben!

Cada festividad se van turnando las mayordomías de los barrios de Santiago y Santa Ana. Fotografía de Alberto Barranco Lozano

La apoteosis son los «sin-cuenta» toritos, torazos hechos de carrizo y cartón, adornados con luces, corredizos y papel de china.

El domingo dos de agosto de 1998 se celebró la misa de cambio de mayordomías, en la Plaza Juárez, y la presidió el presbítero Juan Domínguez. La fiesta del Señor de la Misericordia, del día cuatro de febrero de 1999, será organizada por la Tercera Mayordomía del Barrio de Santiago y por la Primera Mayordomía del Barrio de Santa Ana. Hay que echarle todos los kilos. Juan Luis Cruz Paredes, José Torres Granados, Francisco Peña, Alejandro Peña Cruz y Gregorio Chavarría son algunos de los mayordomos para la fiesta de las luces y música de febrero de 1999.

Por la noche es el cierre de fiesta y las dos ganaderías se tienen que lucir. Muchos y muchas se visten de telefonistas para poder cargar los toros, con su camisola azul, su pantalón azul, su gorra azul y sus botas mineras. Varias chavas le entran al toro. Doña Irma Martínez, que se casó en Tláhuac y que dejó en Zapotitlán su ombligo, carga seis toritos, al quemarlos, disfrazada de obrero, con su overol, sus botas mineras y su sombrero de lona. Ya son seis años o siete que los carga. Los busca pies no le hacen daño, invoca a Señor Santiago y Señora Santa Ana con toda su fe. A San Pedro le pide que la deje entrar al cielito. Los barrios se van turnando en la quema de toritos. Es una lid a todas luces y todos busca pies. Música de carnaval, música de banda, música, música… Es la que ameniza la quema de toritos. Los jóvenes de la región son los que más gozan esta parte de la fiesta. Hay muchos quemados, pero felices. Adiós Señor Santiago. Adiós Señora Santa Ana, no deje que llore su niño. Nos veremos en febrero, Dios mediante. ♦

Fotografía Facebook
Portada de la Revista Nosotros número 13, correspondiente a los meses de diciembre de 1998 y enero de 1999

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