Ecosistemas artificiales vs naturales: impacto del agua en humanos
Por: Dr. Adán W. Echeverría-García
La confirmación de la ameba come cerebros (Naegleria fowleri) en seis lagos artificiales de Mérida, Yucatán, generó una alerta sanitaria en el segundo semestre de 2026 tras causar una muerte. Este organismo unicelular infecta al ingresar por las fosas nasales y viajar por el nervio olfatorio hacia el cerebro, donde destruye el tejido nervioso, provocando una inflamación grave y una meningoencefalitis casi siempre letal.
El caso inició el 4 de agosto debido a la exposición laboral de un instructor de wakeboard de 34 años en el lago de Plaza La Isla, en una zona de alto poder adquisitivo de Mérida. El 2 de septiembre ingresó al Hospital Regional «Benito Juárez» del IMSS con deterioro neurológico, fotofobia y edema cerebral. Las autoridades ordenaron el cierre preventivo del lago el 4 de septiembre. El paciente falleció el 8 de septiembre por Meningoencefalitis Amebiana Primaria (MAP), diagnóstico confirmado por el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE). El monitoreo a 361 personas expuestas concluyó el 4 de octubre sin nuevos contagios.
Los Servicios de Salud de Yucatán inspeccionaron nueve cuerpos de agua artificiales. El 14 de octubre, el secretario de Salud estatal, el doctor Alberto Alcocer, prohibió el contacto acuático en los seis lagos que dieron positivo: 1. Plaza La Isla, 2. Oriente (Cabo Norte), 3. Principal (Cabo Norte), 4. Zoológico del Centenario, 5. Gran Parque La Plancha, 6. Parque Ecológico del Poniente.
La investigación la coordina un equipo de la UADY –liderado por la doctora Daly Martínez (viróloga) y el doctor Jorge Alberto Reyes (microbiólogo ambiental)– junto con el Cinvestav Unidad Mérida, encabezado por el doctor Mario Alberto Rodríguez (experto en amebas) y la doctora Rossana Rodríguez (ecóloga humana). Los especialistas descartan una contaminación intencional. La ameba llegó de forma natural mediante quistes transportados por el viento, lodos o aves acuáticas y playeras que actúan como vectores mecánicos al defecar –como el pato azulón (Anas platyrhynchos), cercetas, garzas y cormoranes–, cuyos tractos digestivos no dañan al patógeno.
Su proliferación respondió a tres factores: 1) Altas temperaturas: Como organismo termófilo, la radiación solar calentó los lagos poco profundos por encima de los 35-40°C; 2) Estancamiento: A diferencia de los cenotes (fríos y con flujos subterráneos), estos estanques carecen de circulación, acumulando sedimento y bacterias de las que se alimenta la ameba. 3) Fallas de saneamiento: Los sistemas mecánicos y químicos de los complejos residenciales y públicos fueron insuficientes para desinfectar tales volúmenes de agua.
Para evitar riesgos futuros en fuentes, canales residenciales, parques acuáticos o albercas, es obligatorio instalar sistemas de recirculación continua y aireación mecánica que eliminen los focos de calor. Asimismo, se deben endurecer los protocolos de desinfección química y los monitoreos bacteriológicos en cualquier cuerpo de agua artificial expuesto a climas extremos.
Un ejemplo latente de esta vulnerabilidad fuera de Yucatán es el humedal urbano Parque «El Laguito» en la Heroica Matamoros, Tamaulipas. Este cuerpo de agua artificial, alimentado por escorrentías pluviales y descargas de drenaje municipal sin tratamiento previo, posee una Zona Norte, frente al ISSSTE, sumamente somera (con profundidades de apenas -35 a -63 cm) y un potente lecho de lodos orgánicos acumulados. Estas características, combinadas con las altas temperaturas estacionales de la frontera y el forrajeo constante de un nutrido ensamble de 35 especies de aves –incluyendo patos de collar (Anas platyrhynchos) y cormoranes que fungen como vectores biológicos–, configuran el escenario perfecto para un brote de Naegleria fowleri. Aunque el sitio posee un alto valor ecológico para la conservación de la fauna local, su alarmante perfil de contaminación fecal e inmovilidad hídrica obliga a lanzar una advertencia tajante: prohibir estrictamente cualquier tipo de contacto recreativo directo, inmersión o actividades acuáticas humanas en sus aguas, ya que la falta de un sistema de saneamiento y recirculación química lo convierte en un foco potencial de meningoencefalitis amebiana. ♦

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