Tlalpan | En La Fama quieren ser sede del Museo del Obrero Textil

• La fábrica textil La Fama Montañesa fue fundada en 1831, cerró sus puertas en 1998. Vecinos solicitan la expropiación del inmueble para convertirlo en centro cultural

Por Manuel Garcés Jiménez |  Revista Nosotros, Núm. 104 | Julio de 2007

Los habitantes de la delegación Tlalpan tienen mucho que contar de su historia, porque ésta con el paso de los años le ha dado rostro propio como fue la actividad de la fábrica La Fama Montañesa, que realizó sus actividades en 1831, y cerró sus puertas en 1998.

Para adentrarnos en el tema recurrimos en el tema recurrimos al ingeniero textil Antonio Espinosa Hernández, cronista del barrio La Fama, quien nos mostró varios documentos y vetustas fotografías de los habitantes de Tlalpan cuando se dedicaban a las actividades fabriles, sin dejar el campo agrícola.

«Los habitantes de todos esos lugares se dedicaban al servicio en ranchos y haciendas como jornaleros. Uno de esos ranchos era el Tochihuitl, que dedicaba la mayor parte de sus tierras al cultivo de maíz, cebada, alfalfa, frijol, alverjón y haba. En los ratos libres se dedicaban a la cría de cerdos, gallinas, borregos, chivos, vacas, así como de bestias de carga, burros, mulas y de transporte: yeguas y caballos», enfatizó el cronista.

En fotografía tomada en 1923, arriba de izquierda a derecha, el señor Ángel Gamboa, la niña Mercedes Ibarra, la señora Tomasa, la señora Domninga Eslava cargando a la niña Guadalupe Gamboa Contreras; la señora Higina Eslava (obrera); abajo: Jesús Ibarra (obrero) abrazando a su mamá (de quien se desconoce su nombre), la señora Simonita, esposa del señor Ibarra, y los niños Jesús, Demetrio e Ignacio, y a la derecha el joven Antonio Espinosa Fuentes, padre del cronista de La Fama

Con la industrialización del país, iniciada en la tercera década del siglo XIX, el pueblo de Tlalpan no se quedó a la zaga, pues fue ahí donde se instaló la fábrica La Fama Montañesa que comenzó sus actividades diez años después de la Independencia. Por lo tanto, en 1831 la vida de los habitantes de Tlalpan dieron un ligero vuelco a sus actividades cotidianas al convertirse en obreros de donde surge el barrio La Fama, que se localiza a un costado de las colonias Fuentes Brotantes, Hidalgo, La Lonja, a un costado de la Avenida Insurgentes Sur.

Al estar en la fábrica La Fama –una de las más antiguas de nuestro país– encontramos el inmueble casi completo, con instalaciones intactas, pero eso sí, con una gama de historia, pues fue aquí donde dio inicio sus actividades con una incipiente tecnología, por consiguiente fue declarada monumento histórico el cinco de diciembre del año de 1986. Cualquier modificación al inmueble estará sujeta a las condiciones legales aplicables por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Ante esta situación, los vecinos de los colectivos de Fuentes Brotantes y Arte Consciente de la Fama, entre otras organizaciones, han solicitado a las autoridades delegacionales y al gobierno de la ciudad la inmediata expropiación del inmueble para convertirlo en un centro cultural y museo del obrero textil.

Manuel Torres, dueño de La Fama Montañesa

La Fama Montañesa pasó sus mejores años como consecuencia de la fundación del Banco de Avío –16 de octubre de 1830–, cuyo propósito fue el fomento de la industria nacional durante el gobierno de Anastasio Bustamante. Al respecto, el citado cronista comenta que «inmediatamente se programó la compra de cinco equipos  para manufacturar telas de algodón y uno para paños y casimires de lana, distribuyéndose en Morelia, Michoacán; Tlaxcala, Celaya, Guanajuato; Puebla y aquí en Tlalpan con La Fama».

El sitio para la fábrica fue escogido por el técnico estadounidense Tomás McCornick debido a la abundancia de agua procedente de la barranca de Tochihuitl –hoy Fuentes Brotantes–, que bajaba con una fuerza hidráulica capaz de mover a más de 100 caballos de fuerza con la que a su vez accionó a una gigantesca turbina de 22 metros de diámetro y ésta a las máquinas de hilar y telares.

De los frondosos bosques que se encontraban situados en las faldas del Ajusco proporcionaban la madera suficiente para alimentar las calderas y las cercanías del centro de esta ciudad le permitía surtirse de materia prima –algodón, colorantes–, así como la colocación de los productos terminados en las principales tiendas.

A opinión del cronista, las familias obreras se sentían contentas de trabajar en esta fábrica –posiblemente por ser una novedad de trabajo–. Por lo que en sus alrededores empezó a crecer desorbitadamente con familias que provenían de diferentes lugares, sobresaliendo del estado de Puebla, incluyendo al «barrio chino».

Las nuevas actividades de la fábrica no afectaron las tradicionales, por el contrario, estas continuaron por la cercanía con el Ajusco. Por ende, muchas familias iban a «leñar», es decir, bajaban del monte con un fardo de ramas secas sobre los hombros. Había quienes se dedicaban a hacer carbón por las noches.

Había también quien se dedicaba a la «raspa» de magueyes para obtener el aguamiel, que posteriormente se llenaban los tinacales que se convertiría en pulque y ser consumido en hogares o se repartía en los pueblos y barrios de Tlalpan. A este respecto, comenta el ingeniero, «La Fama tuvo una pulquería con un nombre sui generis: ‘Me siento Firpo’. Mi padre –dice Antonio Espinosa– me comentaba que el nombre del establecimiento había sido probablemente por la fama del boxeador argentino Luis Angel Firpo, el ‘Toro Salvaje de las Pampas’».

Con estos aspectos, basta demostrar que los habitantes de La Fama y otras colonias de Tlalpan mantienen su identidad y su lucha por conseguir el centro cultural y el museo del obrero textil. ♦

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Nota del autor: Agradezco al cronista de Tlalpan, ingeniero Antonio Espinosa Hernández, sus aportaciones para la elaboración de este material.

Portada del número 104 de la Revista Nosotros, correspondiente a julio de 2007

1 Comentario en Tlalpan | En La Fama quieren ser sede del Museo del Obrero Textil

  1. Avatar de Desconocido Manuel Olivares Rodriguez // 20 mayo, 2023 en 6:17 pm // Responder

    Amen de dos errores de dedo. En teja sera TELA y obrerro sera OBRERO. Es interesante. Como nativo de la zona, emito las anecdotas vertidas por vecinos y familiares, que laboraron en la Fama Montañesa y en la Peña Pobre. Platican que la tala era comun; un leñador partia hacia el bosque a las doce o una de la mañana (no habia reloj) se tenia que cortar un arbol completo en raja con tal habilidad que la marcha de regreso con al menos una carga de leña se iniciaba antes del amanecer. Para que al clarear el dia se estaba entregando en las citadas fabricas. A cinco centavos la carga de un burro y 35 centavos la de una mula de carga. Familias de los pueblos de Ajusco, Petlacalco y Totoltepec fueron los surtidores principales de madera, tanto en las fabricas como en las casas. Asi termino el bosque espeso, en donde decia el abuelo (nacio en 1904) siendo el medio dia; LA LUZ NO LLEGABA AL SUELO, asi de espeso era el bosque; hoy esta acabado y si proliferan las casas.

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