En comunidades rurales parteras ocupan lugar de vital trascendencia
A pesar de su labor indispensable, las parteras ocupan el tercer lugar en orden de importancia entre los grupos de terapeutas tradicionales, ya sean hombres o mujeres, son superadas en solicitudes por los curanderos-yerberos y hueseros, y es innegable que ellas tienen un lugar de vital trascendencia en las comunidades rurales, por ser las especialistas encargadas de atender a las mujeres.
De acuerdo con las investigaciones realizadas por la doctora María J. Rodríguez-Shadow, las tareas curativas de esas mujeres no se limitan al cuidado del embarazo y el alumbramiento, sino que también tratan los padecimientos generales relacionados con el sistema reproductor femenino.

«Estas terapeutas se encargan del diagnóstico, la supervisión del proceso de gestación, así como de las amenazas de aborto, flujos e inflamaciones vaginales, trastornos menstruales, inflamación y caída de la matriz, así como a la solución de problemas de esterilidad, enfermedades y dolor de ovarios, fiebres y ausencia de leche materna», apunta en su estudio Remedios tradicionales y rituales para el alumbramiento entre los grupos indígenas de México.
La investigadora del Instituto Nacional de Antropología realizó un exhaustivo trabajo etnográfico en 28 grupos étnicos que habitan la República Mexicana, para conocer y examinar los diversos métodos, tanto preventivos como terapéuticos, que por siglos han utilizado exitosamente mujeres con una edad aproximada a 60 años, reconocidas en sus comunidades como parteras o matronas.

Rodríguez-Shadow investigó entre grupos étnicos como los popolocas, choles, tlapanecos, huaves, mixtecos, chinantecos, mazatecos, chatinos, mixes, chochos, zapotecas, cuicatecas, chontales, triquis, tepehuanes, coras, huicholes, huastecos, purépechas, seris, pimas, nahuas, tojolobales, zoques, lacandones, mayas, totonacos y mazahuas, que residen en diversos espacios de la geografía nacional, como Veracruz, Oaxaca, Durango, Guerrero, Jalisco, Nayarit, Sonora, Chiapas e Hidalgo, por mencionar algunas entidades.
Entre las revelaciones importantes que pudo obtener relacionadas con las denominadas parteras, es el hecho de que se iniciaron en el oficio mediante la supervisión de una terapeuta más experimentada.
«Las parteras fueron y son predominantemente de sexo femenino, el promedio de edad de estas matronas es ligeramente superior a los 60 años.
»Las circunstancias de su existencia y de que sus conocimientos, lejos de extinguirse, pasan de generación en generación, mientras que sus amplios conocimientos en remedios realizados con diversas plantas se deben, principalmente, al aislamiento de las comunidades, así como a la carencia de servicios médicos y establecimientos hospitalarios cercanos.

»Las mujeres fueron autodidactas a partir de sus propios alumbramientos, para complementar posteriormente sus conocimientos al lado de otras parteras con mayor experiencia.
»Sólo unas cuantas parteras afirmaron que la práctica profesional de este oficio se debió a un mandato divino recibido oníricamente. En muchas ocasiones, estas revelaciones ocurren después de haber padecido una enfermedad grave y así, adquieren el ‘don’», relató.

La investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social se refirió, además, a algunos grupos específicos en los distintos tratamientos que buscan solucionar estas matronas, como es la anticoncepción, que en el caso de los chatinos que habitan en Oaxaca, utilizan esta práctica únicamente para producir una esterilidad transitoria a las mujeres que presentan partos difíciles.
En el caso de los nahuas, que habitan desde Durango hasta el sur de Tabasco, las matronas recomiendan a las parturientas tomar baños en temascal cada cuatro días para facilitar el parto, así como la ingestión de una infusión preparada con epazote, zoapatle o manzanilla.
Los masajes a las mujeres en cinta en el interior del temascal cada 15 días, además de las «sobadas» con pomadas de alcanfor o bálsamos realizados con la mezcla de diversas plantas, son muy comunes entre los mixes.
Mientras que las matronas zapotecas recomiendan brebajes preparados con diversas plantas, como tisana y corteza de palo de jícaro, entre otros, para el cuidado durante la preñez.
Los procedimientos aplicados por las parteras son diversos entre los 28 grupos étnicos, pero si bien es cierto que coinciden en métodos y creencias, también difieren en su aplicación y costumbres; esto, de acuerdo a las experiencias adquiridas con el tiempo por esas mujeres, aseguró la investigadora. Sin embargo, dijo, el objetivo principal de las conocidas y respetadas parteras es remediar el mal que se suscita entre sus pacientes.
«En el caso del parto, la preocupación es que el nacimiento se realice a la brevedad, por lo que para acelerar este proceso suelen administrar brebajes y cocimientos de diversas plantas, todas de naturaleza caliente; métodos que varían entre grupos, comunidades y etnias, y en la mayoría de las veces con resultados satisfactorios», concluyó María J. Rodríguez-Shadow. ♦
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Revista Nosotros, 6 de mayo de 2004

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