Como símbolo nacional, la construcción contemporánea de Teotihuacan
En el lugar donde, según la mitología nahua, fue creada la última era o Quinto Sol, especialistas analizaron cómo se construyó una idea de esta urbe, desde la arqueología y la antropología.
A decir de la restauradora Elvira Pruneda Gallegos, bisnieta del llamado arqueólogo del porfiriato, Leopoldo Batres, los estudios de su antecesor en Teotihuacan se remiten a 1884, cuando descubrió el primero de dos murales en el Templo de la Agricultura.
Resaltó que su ancestro, más allá de su formación militar, fue anticuario y el primer mexicano en cursar en el Museo de Etnografía del Trocadero, en París, lugar clave para el Congreso Internacional de Americanistas, del que formó parte.

Por su parte, la doctorante del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Lorena López Jáuregui, dijo que las discusiones en distintos congresos configuraron una visión de Teotihuacan como «La Pompeya mexicana», como fue el caso de expertos de casi una treintena de nacionalidades en su primera reunión celebrada en la ciudad francesa de Nancy, en 1875.
«Esta red académica trasnacional marcó la pauta en los estudios americanistas en una época de conmemoraciones, concretamente 1910, al cumplirse el primer siglo de los movimientos de independencia de Argentina y México. De ahí, la urgencia de que el 17 Congreso se efectuara en nuestro país, para mostrar los trabajos en la Pirámide del Sol, revelando con ello una nación moderna con un pasado monumental», apuntó.

López Jáuregui señaló que, antes de que Batres presentara la propuesta arqueológica para intervenir a gran escala el sitio, «el paisaje del valle de Teotihuacan era un conjunto de cerros cubiertos de tierra, piedras y magueyes. Ese panorama vendría a cambiar en 1905, al aprobarse el proyecto para develar la Pirámide del Sol».

En su intervención, el historiador del arte Omar Ramírez Casas expuso un tema desconocido del proyecto de Batres: la construcción de un jardín paisajístico en el costado sur de la gran edificación, cuya existencia comenzó a rastrear por el hallazgo de un miniálbum fotográfico, fechado en octubre de 1948.

En tres de las seis imágenes que lo integran –realizadas por don Fernando del Río González, en un paseo familiar–, se constata la presencia del parterre (un diseño de jardín formal) en el área de descanso para visitantes, en torno al museo local, campamento y otros edificios que dieron apoyo a la expedición arqueológica.
Comentó que la construcción de ese espacio, conformado por un pabellón octogonal, el jardín y un lago, dio inicio en 1907, año en que se integró la Comisión Nacional del Centenario de la Independencia. «El hecho de imaginarlo y trazarlo responde a dos líneas sobre la apreciación del espacio público, promovidas por el régimen porfirista: La creación de parques, paseos y jardines como indicadores del grado de civilización y cultura de los pueblos; y la recreación de la vista y el embellecimiento de los sitios que estos suponen».
En su estudio, también identificó un álbum, resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, fechado el 18 de octubre de 1908, posible obsequio de Leopoldo Batres al presidente Porfirio Díaz. En las fotografías, capturadas por Agustín Barraza, sobresalen tres del área de museo y jardín. ♦

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