Honor al libro. La industria evoluciona hacia ecosistema híbrido
Por Manuel Garcés Jiménez*
El 23 de abril del año de 1995 se instituyó el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autorcomo tributo al fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra en el año de 1616, considerado el Padre de la Literatura del Mundo Hispano. En 1925 se edita la primera edición de El Quijote en sistema Braille.
En esta misma fecha, pero en 1564, nace el inglés William Shakespeare (según el calendario juliano). Además, ese día recordamos cómo en 1951, en nuestro país, dio inicio el Primer Congreso de Academias de la Lengua Española con la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Mientras que en España se inaugura elPremio Cervantes, que se entrega anualmente en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares.
Asimismo, en 1996, en España, el novelista español y Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, recibe el Premio Cervantes. En el 2004 en España, el poeta chileno Gonzalo Rojas recibe el Premio Cervantes, poeta de la literatura hispanoamericana del siglo XX.
El Día Mundial del libro nos lleva a recordar cómo el creador comparte con el lector esa vital experiencia de antecedentes, estudio, análisis de los resultados, conclusiones y recomendaciones. Por lo tanto, consideramos que el libro es historia en lo general, conocimiento, reciprocidad, posibilidad de libre y fundamental intercambio de conocimientos en todas las áreas de la ciencia y de la cultura.
Cada libro contiene intrínsecamente una historia de muchos siglos donde vemos cómo la escritura ha evolucionado desde hace muchos siglos hasta tener actualmente en nuestras manos un libro. Porque además tenemos revistas, periódicos donde la palabra escrita se revive al momento de leerla.
¿Qué habría sido de la humanidad sin libros? Porque la palabra es el instrumento celeste que enlaza a continentes, países, pueblos de todas las edades y de género. Vemos a través de la historia cómo el libro se hace universal e inmortal.
El origen del libro dio inicio con las primeras culturas, fue a través de la escritura cuneiforme en Mesopotamia, alrededor del 3200 a.C., donde fue utilizada por civilizaciones como los sumerios, acadios y babilonios en tablillas elaboradas de arcilla. Fue esencial para el desarrollo de la administración, la literatura y el registro de la vida de las primeras civilizaciones.
La escritura cuneiforme fue la primera comunicación entre los hombres, se realizaba con una especie de palillo de madera con punta que marcaba los símbolos en arcilla húmeda para dejarla secar. Gracias a esta rústica técnica la humanidad pudo descifrar sobre las leyes, comercio y la vida cotidiana de aquellos años.
Así tenemos a los primeros portadores de las culturas de Obeid y de Warka, de la antigua Uruk, situados al sur del Éufrates y del Tigris. Fueron en lejanos siglos los creadores de la escritura en dichas tablas de arcilla, con un sistema pictográfico que empleaba palabras signos y palabras sonidos, esto es, en el que coexistían valores ideográficos y valores silábicos y con el que se representaban cosas concretas o abstractas, crearon la escritura, la cual, dado el enorme número de signos, más de 900, doscientos años después sólo podía ser manejada por los dupsares (escribanos) que hicieron de su empleo una profesión muy especializada.
En un periodo siguiente, el Djemdet Nasr, la escritura se perfecciona y es utilizada para registrar el desarrollo cronológico de los pueblos, principalmente la larga sucesión de dinastía que los rige.
Los especialistas consignan que es a partir del segundo milenio, esto es, más de mil años antes de que fuese redactada La Biblia y las obras de la literatura la Ilíada y la Odisea. Florecía en Sumeria amplia literatura escrita con mitos, epopeyas, himnos, lamentaciones, colecciones de proverbios, fabulas y ensayos. Ese florecimiento llegó en tiempo de la primera dinastía babilónica a contar con una importantísima colección de testimonios de todos los dominios del pensamiento.
Se confirma recientemente que el origen del lenguaje es tan antiguo cuando se demuestra que a inicios del mes de abril del presente año «un equipo arqueológico desenterró en la zona de Al Bahnasa, antigua Oxirrinco, ubicada en Egipto, una tumba romana donde aparecen momias con objetos de oro y un papiro con un fragmento de la Ilíada de Homero. Uno de los cuerpos tenía en su interior un fragmento de papiro con pasajes pertenecientes al segundo canto de la Ilíada, conocido como el ‘Catálogo de las naves’».
Se tiene conocimiento que en el extremo oriente de China la escritura ya existía antes del año 1700 a.C. Tanto en China como en Japón no son de tipo alfabético, sino que están constituidas por un repertorio de signos, cada uno de los cuales corresponde a un semantema. En China hubo dos tipos de escritura, una destinada a la permanencia, a durar, realizada en bronce o granito y otra que cambiaba y la cual se difundía lo más posible, hecha sobre tela o papel. La primera ha subsistido hasta hace pocos años; la segunda, en la que se imprimían las fórmulas religiosas y mágicas, calendarios y pequeños textos sagrados; requería gran reproducción y para satisfacerla se inventó desde los siglos VIII y XI la xilografía, la cual, debido a fuertes restricciones oficiales, fue detenida en su avance que pudo llegar hasta el descubrimiento de la imprenta.
Tenemos conocimiento que el libro apareció, según los eruditos, al comienzo de la época alejandrina, esto es, hacia la primera del siglo III a.C., ya como algo usual, que había penetrado en la vida de los pueblos cultos y se había vuelto indispensable de gozo, como se había gozado el pensamiento y la sabiduría escrita de un gran prestigio.
Llegamos con la invención de la imprenta por Gutenberg, quien se había formado en los talleres xilográficos que Lorenzo Jansoon Coster (1370-1439) tuvo en Harlem y quien después de sus ensayos en Estrasburgo, perfeccionó en Maguncia su descubrimiento, habiendo impreso la Biblia. En 1460, su célebre Catholicon impreso también a dos columnas en tipo gótico representó una auténtica revolución cultural.
Tenemos la impresión que los primeros libros impresos en grandes cantidades fueron los Libros Sagrados de diferentes religiones en grandes cantidades de impresiones:
La Biblia con sus 66 libros sagrados cristianos por las diversas religiones y sectas; El Corán, palabra de Alá revelada al profeta Mahoma; La Torá, los cinco libros de Moisés del judaísmo; Bhagavad Gita, diálogo filosófico entre Krishna y Arjuna; Tripitaka, enseñanzas del Buda Siddhartha Gutama; Guru Granth Sahib, escritura eterna y guía espiritual Sij; El libro de Mormón, escritura adicional del mormonismo americano; Los Upanishads ,textos filosóficos fundacionales del pensamiento vedántico; El Avesta, escrituras sagradas de la religión zoroástrica persa; El Talmu, comentarios sobre la ley judía; Tao Te Ching, obra fundamental del taoísmo escrita por Laozi, y Los Vedas, los textos sagrados más antiguos del hinduismo.
La imprenta se introduce por doquier: en Italia en Subiaco en 1464, en Roma favorecida por el cardenal Torquemada en 1467, habiendo impreso las epístolas de Cicerón y la obra de Lactancio; en Venecia en 1469, en París en 1470, y en Londres en la Abadía de Westminster en 1474. A España pasa después de 1470 y se discute un impreso de 1471 de Barcelona, aceptándose en cambio que el Sínodo Diocesano de Segovia sí fue impreso en esta ciudad en 1472.
No podemos omitir el pensamiento iconográfico grabados en los códices de los pueblos prehispánicos de gran ámbito espiritual y cultural en el que surgieron y se desarrollaron las más consistentes civilizaciones prehispánicas (la mexica, la maya, la otomí, mixteca, zapotecos, olmecas, toltecas y tarascos).
Fueron diversos pueblos mesoamericanos quienes trataron de superar la representación gráfica de su saber, inventando un sistema escriturario. Siendo los mayas y nahuas los más adelantados, con la invasión española detuvieron sus esfuerzos de progreso social.
Todo ese mundo ideal y real se encontraba plasmado en los preciosos y singulares códices realizados en pieles de venado y papel amate que el tiempo, la incultura y el fanatismo de los peninsulares los destruyó. Estos códices bien conocidos por los tanamachtiani (maestros) y los sacerdotes servían para enseñar a los jóvenes sus concepciones religiosas, su sentido de la vida y del cosmos, su historia, sistemas calendáricos, saber astronómico, todo cuanto representaba el fundamento de su existencia.
En estos instrumentos de cultura contenían el saber, religión, ciencia, filosofía, concepción del hombre y del cosmos y demás elementos que configuran auténtica y avanzada cultura. Muchos de estos códices fueron destruidos por la invasión española, de tal manera quedaron muy pocos considerados de suma validez para conocer nuestras raíces prehispánicas.
Al desembarcar los peninsulares en estas tierras no sabían leer, más del 90% eran analfabetos, de tal manera que contaban sus aventuras o escuchaban la de sus compañeros, representando su distracción junto con los juegos de naipes. Los pocos que leían, repetían a los otros las ideas en juego que tenían los libros de caballería. Si los comparamos con nuestros nativos, éstos tenían más conocimiento de la vida cotidiana que los mismos españoles.
Durante los siglos XII al XV, al inventarse la imprenta, aparecieron las letras de molde, siendo nuevamente con las ediciones de La Biblia y las obras de la Divina Comedia de Virgilio, entre otros. Así en 1508 se imprime el Amadis de Gaula; en 1510 las Sergas de Esplandid y el Florisando; en 1511 el Palmerin de Oliva; en 1514, el Lisuate de Grecia; en 1530 el Amadis de Grecia y en 1532 don Floriel de Niquea.
Al respecto, los bibliógrafos en México discuten, sin ponerse de acuerdo, si el primer libro impreso en México fue la Escala Espiritual de San Juan Clímaco, traducida por Juan de Estrada, en el claustro Fr. Juan de la Magdalena y la cual debió ser impresa en 1536 o 1537 por el impresor Esteban Martín. Como no existen evidencias de este protoimpresor ni se conoce ejemplar alguno de la obra, aun cuando se da por sentada su existencia, se afirma con plena seguridad, avalada en amplia documentación, que el primer impresor venido a México, el que primero estableció una imprenta e inició la edición de muchos libros, fue Juan Pablos Lombardo.
El establecimiento de la imprenta en Nueva España se debió al común deseo de dos grandes personalidades de la colonia española: el primer obispo fray Juan de Zumárraga y el primer Virrey, don Antonio de Mendoza. La introducción de la imprenta, la fundación del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y la creación de la Universidad, en la que también intervino el Ayuntamiento de esta ciudad, son obras que hablan por sí mismas de su amor por la cultura y por el engrandecimiento de Nueva España. En la ciudad de Puebla, en la Biblioteca Palafoxiana, se resguardan los libros incunables.
En estos tiempos el comercio del libro tiene hoy una transformación casi indescriptible con la preocupación de los editores de reinventar el libro y un nuevo tipo de lector.
En estos tiempos, el mercado global del libro transita por una transformación estructural en la que la inteligencia artificial (IA) redefine la creación, la distribución se fragmenta en nuevos canales y el formato impreso recupera terreno como objeto de valor cultural.
Actualmente, el mercado editorial mundial está inmerso en una transformación que sus principales actores califican como la más profunda desde la irrupción de la imprenta industrial en el siglo XIX.
Lejos de las predicciones apocalípticas que aseguraban la desaparición del libro impreso frente al avance digital, la industria evoluciona hacia un ecosistema hibrido en el que conviven el papel, el libro electrónico, el audiolibro y, como novedad disruptiva, la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a toda la cadena de valor.
Como vemos, desde Gutenberg hasta Amazon, la industria del libro atravesó tres épocas distintas con tres estrategias económicas diferentes:
- La primera comenzó con la invención de la imprenta que permitió la producción masiva, aunque con bajos índices de alfabetización (Se comenta que Gutenberg quebró tras no vender suficientes biblias para pagar a su creador).
- La segunda época comenzó a finales del siglo XIX con la introducción de maquinaria industria, que abarató la producción, pero aumentó los costos de inversión, dando origen a las grandes editoriales.
- Y la tercera época, en la que estamos inmersos, empezó con la era digital y ahora suma la Inteligencia Artificial como último y más disruptivo capítulo.
El problema está generalizado en todo el mundo el uso desmedido del celular entre la población donde creen que utilizarlo están al ritmo de la modernidad, mientras que el libro textual es sustituido por el audio-libro. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
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Bibliografía:
Ernesto de la Torre Villar. Breve Historia del Libro en México. Coordinación de Humanidades. Dirección General de Fomento Editorial (UNAM). México, 1990.
Marañón, Gregorio. El libro y el librero. Librería del Prado. Madrid, 1953.
La Jornada de Enmedio, 1 de abril de 2026.
La Jornada, Sección Cultural, 20 de abril de 2026.

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