Un renovado cambio. La política de urbanización del regente Hank González

• A finales de los años 70 Hank González quería expropiar el total de la chinampería de Tláhuac para hacer un complejo recreativo con juegos mecánicos, hoteles, lagos para veleros y en donde se pudiera esquiar; campos deportivos y otras cosas más, recordó en un artículo Alberto Barranco Lozano

Por Alberto Barranco Lozano | Revista Nosotros, Núm. 10 | Marzo de 1998

La delegación Tláhuac, con sus siete pueblos netamente rurales –desde los años cincuenta–, fue perdiendo el agua de los manantiales, la entubaron para la Ciudad de México, y los campos se secaron. La tierra poco a poco el campesino la fue abandonando, se «jaló» para la urbe, se empleó de obrero u oficinista. «Ya sin agua, ¿qué le íbamos a hacer? ¡Emigrar a la capirucha!… Las acelgas, los rabanitos, las lechugas, las flores, el maíz… sólo lo sembrábamos en temporal, en la Laguna de los Reyes los muchachos hasta jugaban futbol», nos cuenta don Lino Rodríguez. La lucha por la tierra se ha agudizado, muchos quieren urbanización, otros que sea rural; se ha especulado desde un aeropuerto, cuenca lechera, zonas turísticas y recreativas, pasando por condominios, complejos deportivos, en las chinampas y en el ejido.

En 1976 se fundó una coalición de comisarios de los siete pueblos (Santa Catarina Yecahuizotl, San Francisco Tlaltenco, Santiago Zapotitlán, San Andrés Mixquic, San Nicolás Tetelco, San Juan Ixtayopan y San Pedro Tláhuac) para luchar contra la mancha urbana y hacer producir al ejido. Los fundadores fueron Juan Chávez, de Tlaltenco, y Daniel Bonilla, de Tláhuac, pero sólo quedaron en algunas acciones para después cada quien tomar su rumbo.

A finales de los setenta Hank González, entonces regente de la Ciudad de México, quería expropiar el total de la chinampería de Tláhuac, para hacer un complejo recreativo con juegos mecánicos, hoteles, lagos para veleros y en donde se pudiera esquiar; campos deportivos y otras cosas más.

«Los de Tláhuac íbamos a ser los criaditos y Hank y su séquito los chingones, además desaparecíamos como pueblo, ahorita nuestros hijos ya hablarían inglés y de nuestras tradiciones, ¡pues nada!», nos dice don Domingo Palacios, dirigente de los campesinos de Tláhuac, quien junto con don Pedro Rivera y el pueblo unido, defendió sus chinampas del desmedido «progreso» de Hank.

La política de urbanización y los políticos están echando a perder la zona rural. «Con un crecimiento espectacular entre los años cincuenta y sesenta, la extensión urbana del DF se amplió 23 veces en el transcurso de los últimos 27 años», según estudiosos de la materia. De acuerdo con información oficial, el área urbana del DF abarcaba hace 47 años una extensión de dos mil 714 hectáreas, y en 1997 se desparramó a 85 mil hectáreas. Aun así, el ámbito rural de la Ciudad de México representa el 57 por ciento, el cual se localiza al sur del DF (Milpa Alta, Tlalpan, Xochimilco y Tláhuac). En ella sobrevive una franja de contención estratégica integrada por productores agrícolas, que en caso de desaparecer eliminarían la última frontera que impide el paso a la devastación de los bosques que atraen la lluvia, purifican el aire y donde se localizan los mantos acuíferos que suministran dos de cada tres litros del agua que diariamente consumen los capitalinos.

Publicado en varios medios de información datos sobre la gran problemática del medio rural, entre ellos La Jornada, han dado cuenta de los asentamientos irregulares, los cuales se dan por dos vías, sobre todo en el sur de la ciudad, ya sea por invasiones o de los cuales algunos políticos por ese medio llegan al poder), o también porque el gobierno ha instrumentado una serie de expropiaciones a sus espaldas para una supuesta reserva ecológica, además no debe perderse de vista que muchos de los apoyos al campo no benefician a los productores ejidales y comunales, ni siquiera a la pequeña propiedad agrícola.

En las administraciones pasadas los recursos para el campesino se han dado sin ton ni son. Nicolás Pérez, uno de los pocos campesinos que quedan en Tláhuac, nos platicó que el ingeniero Alberto Jiménez Merino, al frente de Desarrollo Rural, echó al agua mucho, pero mucho dinero. «Por ejemplo, se contrató mucha gente para ir al campo a trabajar, te prestaban cuarenta o cincuenta gentes durante un mes o dos para desyerbar, sembrar o cultivar tu chinampa o tu parcela, trabajaban tus ayudantes una hora y las otras siete se las pachangueaban. Además no era gente especializada o que tuviera amor a la tierra. En cambio si tú le pedías un crédito para que tú trabajaras tu chinampa, te lo negaba y te cerraba la puerta. Yo no entiendo esos campos de experimentación que fundó, no han dado frutos. Lo que queremos es que la ayuda llegue directamente al campesino o ejidatario y que ellos mismos digan sus propuestas».

En 1989 el entonces regente de la Ciudad de México, Manuel Camacho Solís, dio a conocer el Plan de Rescate Ecológico Xochimilco, para lo cual se expropiaron los ejidos de Xochimilco (780 hectáreas), San Gregorio Atlapulco (259 hectáreas) y Tláhuac (50 hectáreas), con el fin de convertir a la región en «casi un paraíso». El Plan causó inquietud y polémica entre los ejidatarios, dirigentes políticos, asambleístas y estudiosos de los problemas urbanos y del ambiente.

El grupo de asambleístas del Partido de la Revolución Democrática, la UAM (Unidad Xochimilco), el GEA (Grupo de Estudiosos Ambientales) y Radio Educación realizaron ponencias, foros, mítines, programas de radio y denuncias en los diarios. «Plan Xochimilco, acción política del gobierno contra el ejido productivo. Quieren desaparecer de la faz de la tierra a los ejidatarios» (a lo mejor porque se veían muy feos). Otros dijeron que lo expropiado era para los japoneses.

Aparte de los ejidatarios de Xochimilco, Tláhuac, San Gregorio-Atlapulco, San Luis Tlaxialtemalco, Milpa Alta, el Ajusco y otros ejidos, estuvieron en esta lucha en la que se logró modificar algunos aspectos originales de dicho Plan. Santos E. Ruiz, experto en problemática urbana; Oscar Monroy, investigador de la UAM (Unidad Iztapalapa); Beatriz Canabal, de las UAM-Xochimilco; Alfonso González Martínez, del GEA; el arquitecto Jorge Legorreta (hoy delegado político en la Cuauhtémoc), ampliamente conocido por sus estudios de la problemática urbana, y muchos otros analistas. Cuauhtémoc Cárdenas también participó. Por los asambleístas estuvieron Graciela Rojas Cruz, Ramón Sosamontes y René Torres Bejarano, así como su grupo de asesores.

En 1994 el grupo «Voluntad de 22 Campesinos», ayudados por el urbanista Jorge Legorreta, llegaron a un acuerdo firmado con la DGCOH del DDF para hacer un distrito de riego en la Ciénaga de Tláhuac, y de construir una escuela a nivel medio superior en Tláhuac. En el terreno donde se pretendía construir esta escuela ahora se encuentra un asentamiento irregular que pertenece a los ejidatarios de Tláhuac.

Hubo mucha esperanza y expectación cuando Cuauhtémoc Cárdenas fue elegido como jefe de Gobierno del DF. Pero al pasar el tiempo la esperanza se ha convertido en cruda realidad. Ahora se tienen más problemas por resolver, y la expectativa se tornó en arribismo al estilo de la vieja guardia del PRI. Al ser aspirante a delegada, Graciela Rojas Cruz recibió en la Asamblea Legislativa el reconocimiento del PRI, PAN y PRD por su larga trayectoria en las filas de la izquierda mexicana. Y al ser cuestionada en la Asamblea sus planteamientos fueron los de promover programas de preservación y recuperación de Tláhuac; recobrar la vocación agrícola y la rentabilidad de las tierras laborales; impulsar acciones para el rescate de la Sierra de Santa Catarina; estudiar con detalle la situación de las concesiones para la explotación de materiales pétreos y minas de arena y regular el crecimiento urbano.

El futuro de la esperanza y la expectación es desalentador, dicen los ejidatarios de Tláhuac. Esperamos que Graciela Rojas cumpla su palabra de ayudar a los jodidos, porque sus colaboradores «son de un mismo color y de una misma mata».

Las cincuenta hectáreas que fueron expropiadas al ejido de Tláhuac siguen en el papel, así como muchos otros problemas. ¿Quién ganará? ¿El verde agrícola o la mancha urbana?… Se vale apostar. ♦

Portada de la edición impresa de la Revista Nosotros número 10, correspondiente al mes de marzo de 1998

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