Museo Dolores Olmedo Patiño, orgullo xochimilca para el mundo

• En Xochimilco se han mantenido sus características ancestrales, tanto en la posesión de la tierra como el modo de producción durante la Colonia, bajo el gobierno de don Luis Cortés Cerón de Alvarado, el «Señor de Xochimilco»

Por Manuel Garcés Jiménez*

Nuestro país mantiene una vasta cultura de sus diversas etapas de la historia por lo que nos lleva a tener innumerables cantidades de zonas arqueológicas y museos en todo el territorio nacional, desde el estado de Sonora hasta Yucatán, pasando por el Altiplano, donde se encuentra Xochimilco[1] con sus museos: el de Antropología, en Santa Cruz Acalpixca, en Tulyehualco, dedicado a la memoria del maestro Quirino Mendoza y Cortes, y el Museo Dolores Olmedo Patiño, localizado en la ex Hacienda de la Noria, en Avenida México número 5843, Colonia La Noria.

Al respecto, la cronista de los Cabildos de la Ciudad de México, Verónica Müller, conocida como la Dama de los Museos, se ha dedicado al análisis y al recuento de los acervos bibliográficos de la capital de la República y nos comenta que en ésta existen más de 500 recintos museográficos, con lo que se demuestra que nuestra metrópoli es rica en cultura.

En Xochimilco se han mantenido sus características ancestrales, tanto en la posesión de la tierra como el modo de producción durante la Colonia, bajo el gobierno de don Luis Cortés Cerón de Alvarado, el Señor de Xochimilco,quien conservó las antiguas costumbres indígenas, supeditadas a la nueva política hispana.

En la Colonia las haciendas que colindaban con Xochimilco fueron las estancias en la producción de ganado mayor y menor en tierras agrícolas las que producían los alimentos básicos para sus habitantes. Cada hacienda se caracterizaba por tener su propio casco con características propias, las chozas para los trabajadores acasillados, caballerizas, capilla, troje e instalaciones específicas, incluyendo las áreas de trasquila, freideros, asoleaderos de pieles de ganando, caballerizas y corrales; además de los abrevaderos para el ganado, cajas de agua, canales y acueductos.

Tenían a muchos trabajadores residentes y gañanes (temporaleros o eventuales) de los que la mayoría eran indígenas o castas por lo que se les retenía a causa de las deudas que contraían y que no podían saldar, lo cual continuaban pagando sus descendientes y se hacían generaciones de deudores.

La extensa zona lacustre del sur del Valle de México fue productiva al mantener las tierras chinamperas y el sistema de terrazas en las partes altas. Durante el año se producía y se cosechaba lo que se sembraba, como maíz, frijol, trigo, calabaza, amaranto, remolacha, alfalfa, frutas, verduras, magueyes y una variedad de frutas, entre otros alimentos para el autoconsumo y venta a la capital.

Las principales haciendas que colindaban con Xochimilco fueron la de San Juan De Dios,«El Grande» o «La Principal», debido a ser la propiedad mas extensa del sur del Valle de México, alcanzando una extensión máxima de 1,449 hectáreas.

Otras de menor extensión fue la Hacienda de Santa Bárbara Coapa «Los Ahuehuetes». En 1655 se le había anexado el Rancho San Lorenzo y la Hacienda Huipulco, pero en 1739 todas juntas fueron integradas a la de San Juan de Dios.

A finales del siglo XVII la Hacienda Santa Bárbara mantenía una cierta autonomía con documentos y personal propios, conformada por la casa grande, capilla, patios, graneros y chozas para sus trabajadores.

En tanto que el origen de la Hacienda de San José Coapa se remonta al siglo XVI, bajo la tutela de la Orden de los Frailes Dominicos de San Juan Bautista, la cual logró reunir a un considerable territorio bien por compras o usufructos, cesiones y donaciones, a pesar de que la hacienda se encontraba asentada en tierras de don Luis Velasco Cerón Alvarado, cacique de Xochimilco, y de don Juan de Guzmán Ixtolinque, gobernador de Coyoacán.

Desde las primeras décadas del siglo XVII la hacienda permaneció en poder de la Orden Dominica hasta 1681, cuando fue adquirida por el capitán don Juan Jerónimo López de Peralta y Urrutia.

En el año de 1839 la Hacienda de San José Coapa fue anexada a las propiedades del dueño de San Juan de Dios, «La Grande». Durante el porfiriato fue adquirida por el español José Toriello Guerra junto con todas sus propiedades que ante el riesgo del repartimiento revolucionario, se fragmentó en varios ranchos: Santa Rita, El Gavillero, San Miguel y Santo Domingo.

No podemos omitir la Hacienda de San Antonio de Padua, la cual se caracterizó por la crianza de ganado por lo que se dedicó básicamente a la produciendo de trigo, maíz, cebada, alverjón y remolacha; eran tan altas las cosechas, que además de alimentar el ganado alcanzaba para surtir de trigo al Molino del Rey para producir harina y distribuirla en las panaderías de la época. Llegó a tener una extensión equivalente a 3,142 hectáreas. En 1845 la viuda de Vivanco vendió al vasco Lorenzo de Carrera la parte mayoritaria de la hacienda.

Finalmente, en 1943, la Calzada de Tlalpan fue ampliada, destruyéndose el casco y sus terrenos para dar entrada a colonias, fraccionamientos y unidades habitacionales como fue el caso de la Prados Coyoacán, Avante, Educación, El Reloj, Taxqueña, Lomas Estrella y La Unidad CTM.

Cabe señalar que entre 1839 y 1845, el vasco Lorenzo de Carrera adquirió la Hacienda de San Juan de Dios y la parte mayoritaria de la San Antonio de Padua Coapa que le vendió la viuda de Vivanco, tan mencionada por la marquesa Calderón de la Barca, incluyendo las haciendas de Nuestra Señora de Guadalupe «La Estrella» y Nuestra señora de los Dolores. También adquirió la hacienda adyacente de La Noria y la de San José Coapa, que le es entregada como pago en especie por un préstamo de 32 mil pesos a sus antiguos dueños. En 1999, las haciendas son registradas por el INAH en la sección de Monumentos y Declaraciones de Inmuebles.

Llegamos a 1962, cuando la señora Dolores Olmedo Patiño adquirió la vetusta hacienda de La Noria para vivir en ella, ahí empieza a cuidar la flora y fauna de la región, además de que comenzó a adquirir objetos prehispánicos en jade, obsidiana, piedra volcánica y barro; enriqueciéndose con las obras de Diego Rivera y Frida Kahlo, así como también de Pablo O’Higgins y Angélica Beloff.

En el año del 2002, meses antes de su deceso, Dolores Olmedo Patiño formalizó el contrato fideicomiso Museo Dolores Olmedo Patiño, donde ella y el Multibanco Comermex, S.A., quedaron de fideicomitentes; Nacional Financiera de Crédito es la fiduciaria y el pueblo de México el beneficiario. En este documento, que se elevó a escritura pública, quedó constancia de que los habitantes de Xochimilco, por voluntad de la señora Dolores Olmedo Patiño, fuera el beneficiario del acervo cultural y, en general, para beneficio del pueblo mexicano, y que la exhibición de las obras quedara en el Museo que lleva su nombre.

Como vemos, la fideicomitente Dolores Olmedo Patiño, estableció que por ningún motivo no podrían salir del inmueble los bienes que integran el patrimonio del fideicomiso.

Ahora bien, tras de permanecer cerrado a partir del mes de marzo de 2020 durante más de seis años por pandemia del Covid, corrió como reguero de pólvora la noticia que parte del acervo cultural de Diego Rivera y Frida Khalo, con más de 170 pinturas, serían trasladadas al Parque «Urbano Aztlán», en Chapultepec, lo que motivó la organización de la comunidad de Xochimilco para oponerse rotundamente a la extracción de las obras.

Por fortuna, el sábado 30 de mayo los vecinos y visitantes celebraron con júbilo la reapertura del Museo con bailes folclóricos, cantos y danzas; bandas de viento con música vernácula y chinelos, quienes conformaron un colorido jolgorio popular frente al enorme portón de madera del Museo.

A partir de esa fecha, los amantes de la cultura mexicana y el arte popular volvieron a disfrutar los espacios de exhibición en cada uno de las cuatro secciones, además de sus extensos jardines y la fauna que merodea las áreas verdes, así como los vistosos pavorreales de cuyos graznidos sonorizan el ambiente, incluidos los perros xoloitzcuintles, gansos y el trino de los pájaros que vuelan de árbol en árbol.

El Museo «Dolores Olmedo Patiño» se hace interactivo a través de sus cuatro salas distribuidas en el siguiente orden:

Primera Sala. – Se disfruta la arquitectura de la casona donde vivió la señora Dolores Olmedo, empresaria y coleccionista (1908-2002), a su vez su relación con el pintor Diego Rivera (1886-1957).

Segunda Sala.- Sección del maestro Diego Rivera con 98 obras que representan todas las fases por las que atravesó el artista a lo largo de su carrera, aparece la obra más temprana, es un dibujo que hizo Diego a los 10 años a su madre María Barrientos. El Museo cuenta con una colección de 148 piezas. En esta área se incluyen muestras del acervo arqueológico de 600 piezas de Dolores Olmedo.

 Tercera Sala.- Aparecen las obras de Frida Kahlo, de la que se pueden admirar 27 ejemplares.

Cuarta Sala.- La última sección está dedicada al acervo de arte popular de Olmedo, que asciende a mil piezas.

Después de seis años la apertura causó la alegría de los habitantes de Xochimilco, ahora esperan que el Gobierno de la Ciudad de México emita la declaratoria del inmueble como Patrimonio Cultural de Xochimilco.

La entrada al Museo Dolores Olmedo tiene la siguiente tarifa: 432 pesos para el público en general, 162 para nacionales y 70 para estudiantes y profesores, vecinos de Xochimilco, adultos mayores nacionales y menores de 12 años.

Visitar este inmueble es adentrarse al mundo de nuestra cultura, es valorar nuestro origen, nuestra identidad como mexicanos orgullosos de nuestro ser. ¡Visitarlo es adentrarse de nuestra historia! ♦

____________________

* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Vicepresidente de Cronistas Cabildos de la Ciudad de México

____________________

Bibliografía:

Peralta Flores, Araceli. Xochimilco y su patrimonio vivo de un pueblo lacustre. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2012.

Mata Puga, Gonzalo. «Coapa, región de privilegio».Trabajo fotocopiado por el autor, junio de 2004.

Periódico La Jornada, Sección Cultura, 31 de mayo de 2026.


[1] Raíces de la palabra Xochimilco: Xochitl, flor; mili, de milli, sementera o sembradío y co, locativo. Por consiguiente, Xochimilco, en el sitio en donde abundan los sembradíos o jardines de flores.

Deja un comentario