General de brigada Maximiliano Vigueras, el «Xoco», nativo de Tetelco
Por Manuel Garcés Jiménez*
Al hurgar la documentación de la Hemeroteca Nacional, localicé interesante información del general de brigada Maximiliano Vigueras publicada en el diario Excélsior de 1928, nativo del pueblo de San Nicolás Tetelco, Alcaldía Tláhuac.
El poblado fue llamado originalmente Tetelcingo de los Ahuehuetes, nombre conocido hasta el año de 1532. El nombre actual le fue dado debido a que se encontraban enormes árboles de ahuehuetes (del náhuatl, árbol viejo del agua). El nombre de Tetelco tiene como significado: «el montón o hacinamiento de piedras»[1]. Probablemente existió un teocalli sobre un enorme montículo de piedras.
En la Plaza «Emiliano Zapata» se aprecia al oriente una singular iglesia dedicada a San Nicolás Tolentino, venerado el 10 de septiembre, inmueble que es considerado Monumento Histórico en 1939, cuya construcción data del año de 1700.
La extensión poblacional empezó por poblar el territorio de la actual Alcaldía de Milpa Alta, a lado sur de la carretera Tetelco-Tezompa, surgiendo las colonias La Purísima Concepción (La Conchita) y Nahualapa. Identidad que se manifiesta asistiendo con los pueblos de Milpa Alta al Santuario del Señor de Chalma, previamente asisten los mayordomos de las citadas colonias a las reuniones y convivencia en la llamada «La Junta», y la segunda «La Rejunta» para partir al Santuario el día 3 de enero. Van unidos con los vecinos de Milpa Alta, durante el camino, tanto de ida como de vuelta van hermanados histórica y religiosamente.
Del pueblo parten dos vías de comunicación, una hacia San Juan Tezompa y la otra, a San Andrés Mixquic, ambas convergen al Municipio de Chalco, en el estado de México. En las inmediaciones, al lado sur el poblado colinda con Milpa Alta, donde se encuentran las ruinas de lo que fue el casco de la Hacienda de Santa Fe de los Ahuehuetes[2], la cual tuvo su máximo esplendor durante el porfirismo, recurriendo a cientos de peones, principalmente durante la época de siembra y cosecha de maíz. Hasta su entrada principal llegaba el canal de la zona lacustre de Tláhuac, desde donde salían canoas cargadas de las cosechas del año. Durante esa temporada acudían los trabajadores libres para vender su fuerza de trabajo con salarios de miseria.
A temprana hora se apostaban varias mujeres campesinas ofreciendo tamales y atoles, de esa concurrencia en la compra y venta de atoles se quedó, como sello perenne del pueblo, el mote de pueblo de atoleros, hecho recordado anualmente con la Feria del Atole, organizada en el centro, en la Plaza «Emiliano Zapata», donde los amantes de la tradición popular degustan de esta bebida ancestral de distintos sabores.
Recordamos el Movimiento Revolucionario (1910-1917) cuando los habitantes de Tetelco se incorporaron a las fuerzas zapatistas para librarse de la explotación de los terratenientes, además, con la esperanza de tener una modesta tierra propia como lo abanderaba el general Emiliano Zapata Salazar.
Uno de tantos personajes que se incorporaron al movimiento revolucionario fue Maximiliano Vigueras, quien por su participación en el movimiento armado fue entrevistado por el periódico Excelsior con fecha del 29 de diciembre de 1928; ahí encontramos interesantes datos de dicho personaje y de quien se cuentan leyendas y anécdotas de su azarosa vida. Fue conocido como el «hijo del diablo», por sus acciones y hazañas que dejaban asombrados a quienes le conocían. Se desconoce su árbol genealógico, pero lo que sí pudimos constatar es que fue oriundo de este lugar, por el apellido, el cual es muy común en el poblado de Tetelco: Vigueras.
La entrevista publicada en el diario Excélsior evidencia la valentía del «Xoco» por su forma de expresarse al tiempo que muestra su determinación ante la vida.
—«Yo fui revolucionario, desde 1910, estuve operando con mis tropas en el estado de Morelos y en el Distrito Federal; era yo zapatista. Al triunfo de la revolución seguí luchando por las tierras».
—Pero, en esta vez, ¿por qué se levantó en armas?
—«Porqué estábamos siendo extorsionados por los que formaron la Cooperativa Agraria de mi pueblo. Yo soy agrarista».
—¿Estuvo usted en su pueblo luchando por la idea agrarista?
—«Yo tenía un puesto de fruta en La Merced, esquina de Uruguay y Jesús María. Este puesto lo vendí a un señor de apellido Contreras, frutero también».
—¿Pero, los papeles que se le han encontrado, dicen que usted estaba en armas por la Liga de Defensa Religiosa? ¿Es cierto?
—«Cada quién tiene sus creencias».
—¿Usted sabe quiénes son los de la Liga de la Defensa Religiosa?
—«Yo no conozco a ninguno, me llevaban los papeles y los recibía. En uno de ellos me decían que el jefe es Gorrostieta; pero yo no se quién será ese Gorrostieta».
La historia de este personaje fue de grandes controversias, con los claroscuros de la vida de todo dirigente popular revolucionario, por ese motivo, estuvo en la mira por el carrancismo, acusado de «dos asaltos que llevó a cabo entre Río Frío y Llano Grande y en Cruz del Marqués en Topilejo, donde desarmó un piquete de tropas del primer regimiento de artillería»[3].
Maximiliano Vigueras fue juzgado y fusilado ante el Consejo de Guerra, durante la madrugada fue conducido a bordo de un camión a la Escuela de Tiro, donde fue ajusticiado; lo escoltaron los capitanes de vigilancia y de cuartel, Sánchez y Fernández. También el jefe de día, teniente coronel, subjefe del Regimiento de Artillería de Montada y capitán Manuel Reyes, ayudante del jefe de la Guarnición de la Plaza, general de brigada Agustín Mora.[4]
Su fusilamiento fue en el año de 1928, en la Escuela de Tiro en San Lázaro, acompañado del teniente coronel Cortés, y de los ayudantes, cuatro agentes de la policía militar, donde fue recibido por el jefe del 16° Batallón, general Juan Felipe Rico, quien dispuso alojarlo en uno de los cuartos del cuartel.
Los últimos momentos de su vida, el General de Brigada Maximiliano Vigueras se despidió del pelotón expresando en voz alta:
«Deseó que velen por mi madre, por mi esposa y por mis hijas, esta es mi última voluntad, y si ustedes me hacen el favor de atenderme, Dios se los pagará»[5].
Los pobladores de Tetelco no olvidan a este personaje valeroso, de ahí que su recuerdo lo mantengan latente con el nombre dado a una de sus calles de su tierra natal, San Nicolás Tetelco. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
Bibliografía:
Periódico Excélsior del 29 de diciembre de 1928.
Copias del libro «Rescate cultural del origen, costumbres y de tradiciones del pueblo de San Nicolás Tetelco», publicado por el Grupo Ayaquemetl «Punta de Pluma».
Copias del libro: «Tetelco, 1534-2000».
[1] Copias de «Rescate cultural del origen, costumbres y de tradiciones del pueblo de San Nicolás Tetelco».
[2] El año de 1976 el casco de la Hacienda de Santa Fe, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INHA) lo consideró Monumento Histórico con número de clave: 09013, y número de fichas 0002.
En los ejidos de San Antonio Tecómitl se encuentran la troje, el aljibe y la era, extensiones de la vetusta hacienda.
[3] Periódico Excélsior, 29 de diciembre de 1928.
[4] Ibidem.
[5] Ibidem.

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