La batea de San Antonio Tecómitl y los contenedores de mazorcas

Por Manuel Garcés Jiménez*

Cuarta y última parte

Allá por los años 40 y hasta los 60, el Jardín Corregidora, hoy Plaza de la Corregidora de San Antonio Tecómitl, fue centro del naciente tránsito, pasaban los primeros camiones de pasajeros de las líneas: Milpa Alta-Xochimilco y Mixquic-Iztapalapa, transitaban frente al atrio del ex convento franciscano.

Del añorado jardín sobresalían los coloridos jardines con rosales, el pasto cubría como alfombra. En medio de los jardines aparecían las entradas como de cuatro metros de ancho que convergían hacia el kiosco con piso de tierra, donde niños y jóvenes jugaban con canicas y el trompo de madera. Sobre el pasto se divertían al burro tamalero, a los encantados. Al lado oeste, de sur a norte se contemplaba la Escuela Primaria República de Venezuela con tres salones al sur, y dos al norte, en medio con enorme salón grande con escalones para la presentación de obras de teatrales, era El teatro, y  los bailes populares en días de fiesta del poblado. Al lado norte, un cuarto reducido albergaba la planta generadora de energía eléctrica para el alumbrado de los cuatro postes de la esquina del jardín de la Corregidora y para el camellón de la Avenida Las Palmas, rumbo a la Secundaria 9.

• Reflexiones finales. En Plaza de la Corregidora había un gran molcajete de piedra volcánica, pero también una piedra tallada donde se sentaban quienes esperaban el autobús con rumbo a Mixquic o Chalco; esas piezas ya no están y se desconoce a dónde fueron a parar
Murales en la bardas del Jardín de niños Amelia Fierro Mándala sobre la historia de Tecómitl. La batea utilizada como pileta en la Plaza de la Corregidora

En aquellos años ya se apreciaban los enormes árboles de fresno que aún sobreviven, testigos de las trasformaciones de la Plaza de la Corregidora y el crecimiento de los alrededores del pueblo donde las milpas de maíz fueron poco a poco desapareciendo ante el fraccionamiento de terrenos por sus dueños.

Los tres frondosos árboles que aún sobreviven, se cuentan que fueron testigos durante la Revolución, de sus ramas se ahorcaban a los desertores zapatistas. Mientras que el fresno de lado sur, frente al atrio, sus ramas dieron sombra a los puestos de frutas y verduras. El fresno del norte, los fines de semana se colocaba el señor Junco vendiendo en una improvisada mesa la carne de res, de sus ramas se colgaba la canal de carne.

Murales en la bardas del Jardín de Niños Amelia Fierro Mándala, sobre la historia de Tecomitl. La fuente con el jarrón en lo alto

El tercer fresno creció ligeramente inclinado y aún se encuentra a la orilla de la banqueta, al lado norte de la Plaza de la Corregidora, donde hoy se encuentra la parada de microbuses y autobuses RTP; al frente se encontraba la fábrica de alcohol, donde actualmente en un vetusto zaguán de madera y sigue dando servicio, pero como taller mecánico del señor Luis Meza la «Paloma», el taller más antiguo del pueblo. Al pie de dicho fresno se encontraba un enorme, pesado y rústico molcajete de piedra volcánica. Su interior estaba ligeramente tallado, de aproximadamente media tonelada de peso, ¿Qué pasó con él? ¿Dónde se localiza? a la fecha se desconoce su destino. Otra atracción de la Plaza fue la piedra tallada que se encontraba en la esquina de la 5 de Mayo y Avenida Hidalgo, utilizada como asiento de las personas que esperaban el camión de pasajeros rumbo a Tetelco, Mixquic y Chalco, los vecinos recuerdan que sus medidas fueron como de metro y medio de largo y ochenta centímetros de alto. ¿Dónde se encuentra?, aún se desconoce su destino.

El señor Joel Cruz con su esposa Elena Garcés G., ejidatario y milpero del licenciado Ernesto Blancas, terrateniente de Tecomitl durante varias décadas. Falleció el 28 de enero del 2026 a la edad de 101 años

El nuevo uso de la pileta de Tecómitl

Culminamos con la transcripción de la publicación de la Revista Arqueología número 199 (julio-agosto), la cual nos remonta al pasado del pueblo, allá por la década de los años cuarenta:

«La fotografía del Museo Archivo de la Fotografía (MAF) nos muestra em primer plano, a una joven mujer de rasgos nahuas, flanqueadas por dos infantes. Cada uno de los tres sujeta una cubeta metálica con la que toma agua de la llave instalada justo por encima de la batea, ya convertida en una suerte de pileta. En el segundo plano, se observan otras ocho personas de diversas edades, tres de ellas mirando hacia la cámara, así como un automóvil de techo plano con la puerta del copiloto abierta. Todo sucede en un espacio al aire libre (la plaza de San Antonio Tecómitl), entonces con piso de tierra y ocupado por frondosos árboles, dos de los cuales parecen seguir hoy en día en pie. Al fondo a la derecha (el oriente), distinguimos la ondulada barda atrial de la iglesia de San Antonio de Padua. Para ese momento, la escultura permanecía aproximadamente en el mismo lugar de la plaza donde la fotografió Christensen, pero levemente girada, pues desde este otro ángulo observamos los dos mismos daños que captaron las fotos del Wereldmuseum.

»Las cubetas que aparecen en la fotografía son de tres diferentes dimensiones, pero si asumimos que la grande tiene un diámetro de 30 centímetros como las actuales de 14 litros, podemos calcular el tamaño aproximado de la batea: tendría alrededor de 86 centímetros de diámetro máximo superior, 45 de diámetro mínimo inferior y otros 45 centímetros de altura total. Resulta sugerente que la primera medida estimada se aproxime a un yollotli o corazón (83.34 cm) y las otras dos a medio yollotli (41.67), siendo ésta la unidad más importante del sistema de medición nahua».

No podemos omitir que, con el nuevo uso como pileta, se habría acelerado el deterioro de la escultura por el golpeteo constante del agua y, peor aún, de las cubetas metálicas.

Reflexiones finales

En resumen, las cinco fotografías de 1934 nos revelan la pasada existencia de un monumento estilísticamente fechable para el periodo Posclásico Tardío (1350-1520 d.C.), el cual tiene obvias conexiones rituales y simbólicas con otros contenedores de piedra que son conocidos popularmente como «cuartillos», suerte de tepetlacalli o cofres rectangulares sin tapa que están decorados con mazorcas de maíz (López Luján y Latsanopoulos, 2025). Dos de dichos contenedores se exiben hoy, respectivamente, en el Museo Nacional de Antropología (Ciudad de México) y en el Humboldt Forum (Berlin); otros cuatro, en cambio, se asocian a complejos religiosos coloniales de la Cuenca de México, como el convento grande de San Francisco (Centro Histórico), la iglesia vieja del Cuadrante San Francisco (Coyoacán), la parroquia de Santo Tomás Ajusco (Tlalpan) y la de Santo Domingo Chimalhuacán (estado de México). Su función litúrgica nos hace imaginar a estos contenedores de elotes en medio de celebraciones agrícolas colectivas de siembra y cosecha.

Apuntemos finalmente que hace relativamente poco tiempo le platiqué a la colega Blanca Paredes Gudiño que en mi niñez vi un molcajete de piedra, como de dos toneladas, en el extremo norte de la hoy llamada Plaza de la Corregidora de San Antonio Tecómitl. La escultura desapareció años después, cuando ese espacio fue objeto de una remodelación radical durante el mandato del arquitecto Agapito Domínguez Lacroix (1970-1976) como delegado de Milpa Alta. Nos preguntamos si la escultura habría sido entonces destruida, si sobrevive aún en el jardín de algún vecino o si se encuentra en alguna colección privada del extranjero. Hacemos votos para que algún día aparezca.

Finalmente, con respecto a la batea de Tecómitl, el número 200 de la Revista Arqueología Mexicana aclara que se encuentra en el Museo Frida Kahlo de Coyoacán, donde los investigadores Leonardo López Luján, Jesper Nielsen y Ángel Iván Rivera Guzmán, hacen votos para que regrese algún día al pueblo de Tecómitl… ¡Ojalá!

Agradecimientos: Víctor Cortés Meléndez y Blanca Paredes Gudiño, del INAH; María Teresa Alfonso Hernández, Eduardo Ancira Jiménez y Lizbeth Ramírez Chávez, del Museo Archivo de la Fotografía, y a Wendy Boham y Anne Krijgsman, del Wereldmuseum Rotterdam.

En especial, con mi afecto, a la investigadora Blanca Paredes Gudiño por sus investigaciones de los pueblos de Milpa Alta.

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

«La domesticación del maíz. La batea de San Antonio Tecómitl. Un contenedor de mazorcas, Revista Arqueología Mexicana, Núm. 199, julio-agosto, México, 2026.

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