La batea de San Antonio Tecómitl y los contenedores de mazorcas

• Joel Cruz Meza, conocido entre sus amigos como «El brujo», hombre alegre y longevo, falleció a la edad de 101 años, habiendo dedicado buena parte de su vida al cuidado de las extensas milpas de don Ernesto Blancas

Por Manuel Garcés Jiménez*

Tercera parte de cuatro

Allá por la década de los años 60, en San Antonio Tecómitl, durante las cosechas de maíz se veía transportarlo del campo a la casa de los productores en diversos medios como fue en el primer tractor del pueblo, propiedad de don Ernesto Blancas, remolcando en una plataforma repleta de costales llenos de mazorcas. Mientras que el señor Delfino Rentería lo hacía en una volanta (plataforma con dos llantas de carro) tirada por animales de carga, cuya cosecha se descargaba en el enorme patio de empedrados; ahí llegaban docenas de mujeres de San Francisco Tlaltenco, Tláhuac, quienes sentadas en cuclillas con cierta habilidad le retiraban cuidadosamente a cada mazorca el totomoxtle de encima para lograr encontrar las hojas blancas en su interior, utilizadas para envolver los tamales. Con los mismos manojos se armaban cuidadosamente grandes ruedas para ser transportadas con facilidad.

No olvidamos a los campesinos parcelarios quienes acarreaban su maíz en costales de ixtle colocados en el lomo de los animales de carga, ya sea caballos o mulas, donde las mazorcas eran depositadas en los enormes huacales llamados «sincolotes» que se colocaban en el centro de los patios, no sin antes la misma familia le «sacaban» las hojas de la mazorca para los tamales que la misma familia elabora para fiestas o reuniones familiares.

Otros personajes importantes en el cuidado de las milpas durante el esplendor del maíz tierno, cuando el elote estaba jiloteando[1] hasta madurar en mazorcas a su cosecha, estos hombres fueron los «milperos», como fue el señor  Joel Cruz Meza, «El Brujo», hombre alegre y longevo, quien falleció a la edad de 101 años, habiendo dedicado buena parte de su vida al cuidado de las extensas milpas de don Ernesto Blancas, para tratar de evitar el robo del elote o del maíz. Para comprobar al patrón la efectividad de rondín, a prudente distancia colocaba manojos de hierba silvestre fresca puesta en algunas matas de maíz, con esto demostraba que pasaba por las milpas permanentemente.

Joel Cruz Meza, el «Brujo»

Durante la temporada de elotes fue fascinante caminar entre surcos de la milpa en busca de huitlacoches en cada mata; se trata de los hongos del elote para las quesadillas aderezadas con epazote morado con pequeñas rodajas de chile serrano cocidas en el comal de barro con manteca de cerdo, a fin de disfrutar la delicia de la temporada de lluvias. No olvidamos las hermosas flores de calabaza con pistilo, que aunado con el huitlacoche se disfrutan bajo la temporada de lluvia.

¡Vamos a las cañas!

Durante la temporada de elotes las cañas se buscaban las matas de maíz entre la espesa milpa, para extraerles el dulce en su interior pelando con los dientes la gruesa cáscara y así mascar el bagazo y disfrutar del néctar.  

Continuamos con la transcripción de la publicación de la revista Arqueología número 199 (julio-agoto):

Las tomas de Christesen

«En las cuatro fotografías hasta ahora inéditas logramos observar la textura, la configuración y los bajorrelieves de la escultura. Las dos tomas del exterior de la batea nos hacen suponer que se empleó un basalto gris de gran densidad. Vemos en ellas que la escultura cuenta con dos caras superpuestas. La inferior tiene una altura menor y acusa la forma de un cono truncado invertido con base circular plana; sus superficies curvas carecen de bajorrelieves, lo que es imposible verificar para la cara inferior. La cara superior, por el contrario, es cilíndrica, de mayor altura y cuenta con varios motivos esculpidos. Justo en medio de la superficie curvada hay una sucesión horizontal de cartuchos rectangulares prominentes, cada uno de los cuales encierra el diseño compuesto por un momento discoidal central y otros cuatro ovalados en los extremos de los ejes diagonales.

»Conocido como quincunce, dicho motivo iconográfico simboliza la superficie de la tierra y lo precioso en sentido genérico. Independientemente abajo y arriba de tales cartuchos, hay dos bandas horizontales estrechas compuestas por círculos concéntricos que representan chalchihuites, cuentas de piedra metamórficas verdes que aluden a la preciosidad del mundo acuático y a la época de lluvias. Y en el borde superior de esa misma cara, hay otra banda horizontal, de plumas pequeñas acomodadas con la punta hacia arriba; posiblemente de águila, evocan la preciosidad del mundo celeste y la época de secas. En suma, estas cuatro bandas, muy comunes en cofres de piedra (tepetlacalli) y aras sacrificiales (cuauhxcalli) de la tradición escultórica de la Cuenca de México, aluden indiscutiblemente a la naturaleza preciosa del contenido de la batea.

Kiosco de San Antonio Tecómitl. Fotografía de 1973

»Las otras dos fotografías nos muestran el interior de la escultura, pletórica de representaciones en bajorrelieve de mazorcas de maíz. Al fondo se observa una cara plana y circular, de cuyo perímetro emerge una cara curva e inclinada hacia afuera. La primera tiene un área central lisa y un perímetro externo donde se suceden radialmente varias mazorcas (quizás 12 o 13) con sus características brácteas (totomoxtles) en diagonal, semillas (‘granos’) gordas y estigmas (‘pelos’) arqueados hacia un costado. La segunda cara está enteramente ocupada por relieves de mazorcas (tal vez 20), aunque no distinguimos si faltan los estigmas o si éstos se arquean sobre el muy dañado labio de la batea. En el borde superior de esta misma cara inclinada se observan con nitidez, en extremos opuestos, una perforación circular que la atraviesa y un faltante rectangular que la atraviesa y un faltante rectangular. Dado que ambas intervenciones destruyen los relieves internos de mazorcas y seguramente los extremos de plumas, pudiéramos inferir que fueron realizadas con posterioridad a la talla original de la batea.

»Apuntemos finalmente que, en la toma más abierta, se observa el cono volcánico del Teuhtli al fondo a la derecha (el cual se eleva a unos 3 km al oeste de San Antonio Tecómitl) y, al fondo a la izquierda, una construcción moderna que aún subsiste en el cruce de las avenidas 5 de Mayo y Morelos. Eso significa que la escultura se encontraba en aquel entonces en el extremo centro-sur de la plaza, colocada sobre una base cilíndrica de piedra, similar a un fuste de columna».

Una fotografía adicional

El Museo Archivo de la Fotografía (MAF) de la Ciudad de México atesora una toma diferente de la batea, también en blanco y negro, aunque en este caso de autor desconocido. En la base de datos de dicha institución se consigna como fecha el 12 de diciembre de 1934 –apenas un mes y medio después de la visita de los escandinavos– y la escueta leyenda «Inauguración del abasto de agua a Tecómitl». Sabemos al respecto, gracias a nuestra colega Blanca Paredes Gudiño y a publicaciones de la época, que el agua potable llegó desde el Valle de Monte Alegre (ubicado al pie del Cerro del Ajusco, en el corazón de la Sierra Chichinautzin) a la plaza de San Antonio Tecómitl el 22 de noviembre de 1934 (Sáenz, 1934; Garcés, 2002). Este trascendental acontecimiento fue celebrado con particular regocijo, pues marcó el fin de una etapa en la que los habitantes de la región dependían por completo de pozos someros y estaban obligados al traslado manual del líquido. Aquel día, el maestro Quintil Villanueva Ramos ofreció un discurso, al tiempo que se organizaron kermeses y se adornaron con flores los nuevos hidrantes y una esplendorosa fuente coronada por un jarrón de bronce. Cinco días después, el 27 de noviembre, el sistema hidráulico en su conjunto –compuesto por varios ramales de tuberías de hierro que sumaban los 105 km de longitud– fue inaugurado oficialmente por el presidente de la República, Abelardo L. Rodríguez, y el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, Aarón Sáenz Garza. ♦

Continuará

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

Revista Arqueología Mexicana. «La domesticación del maíz. La batea de San Antonio Tecómitl. Un contenedor de mazorcas. Número 19, julio-agosto, 2026.


[1] Jilotear, proviene de Xilolen, la diosa del maíz cuando está madurando hasta llegar a elote. De acuerdo a la versión prehispánica, Xilonen está presente en las milpas con la presencia de su hermoso pelo del elote. Pelo de diosa, fino y de hermoso colorido. 

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