La batea de San Antonio Tecómitl y los contenedores de mazorcas
Por Manuel Garcés Jiménez
Primera parte de cuatro
Con este nombre apareció recientemente la Revista Arqueología Mexicana, número 199 (julio-agosto) del año en curso, acompañado del siguiente texto: «Un grupo de fotografías tomadas hace casi un siglo nos revela la pasada existencia de una espectacular escultura prehispánica en la plaza de este poblado de la alcaldía de Milpa Alta. Su forma de recipiente y sus relieves alusivos al carácter preciso del maíz nos hace vislumbrar su uso en rituales agrícolas que marcan los momentos cruciales de la siembra y la cosecha».
Se trata de una investigación hecha por Leonardo López Luján y Jesper Nielsen, dedicada a la arqueóloga Blanca Paredes Gudiño[1], quien hace una relatoría de hace cien años en el poblado de San Antonio Tecómitl relacionada con el maíz, cuando se sembraba en grandes extensiones en los terrenos del «Olivar», «Llano» y la «Comunidad»,colindantes con los poblados de San Juan Ixtayopan y San Nicolás Tetelco. Siendo los dueños los señores Delfino Rentería y Ernesto Blancas B., quienes poseían grandes extensiones de tierra, vendían la cosecha en costales de ixtle los cuales se pesaban en balanza de barra de hierro conocida como «balanza romana»; ésta se colgaba en alguna rama de árbol para poder equilibrar el costal con las pesadas pesas de hierro.

En la década de los años 50 y hasta los años 70 se sembraba el maíz blanco en grandes extensiones de terrenos, en parcelas y la zona cerril. Durante las cosechas se veían en traspatios de las casas las enormes «arcinas» construidas con el rastrojo (cañas de maíz seco) apilándose para la comida del ganado vacuno y caballar para todo el año. A la par aparecían los «sincolotes», enormes armazones de palos redondos llamados «morillos» de cuatro pulgadas de grueso con cuatro metros de largo, armados como un enorme huacal, donde se resguardaban las mazorcas sin el totomoxtle para el alimento de la familia durante el año. Se desgranaba para el nixtamal, después se molía para las tortillas echas a mano, cocidas en el comal de barro puesta en el tlecuil. No podían (faltar) la elaboración de los tamales para fiestas familiares y del Santo Patrón. Tanto arcinas como sincolotes han desaparecido.
En aquellos años, San Antonio Tecómitl fue el granero de los pueblos del sureste, donde el «llano», parcelas en el monte[2] y laderas en el cerro se veían cubiertos de singular verde de maizales acompañado de frijol«mateado», ayocote, calabazas, chilacayotes, chiles y tomates, entre otras plantaciones de temporada.
Antes del cambio climático, los primeros días del mes de junio en Tecómitl ya se saboreaban los primeros elotes de temporada, apareciendo el día 13 de junio durante la fiesta del poblado dedicada al Santo Patrón, San Antonio de Padua, a quien se le adornaba con matas y sus respectivos elotes.

Transcripción la primera parte de la Revista Arqueología, número 199:
Piedra y maíz
«Los señoríos que ocuparon el sur de la Cuenca de México durante el periodo Posclásico Tardío (1350-1521 d.C.) destacaron por la destreza de sus talladores (…) A este selecto corpus escultórico de eminente función ritual, queremos añadir aquí un contenedor de piedra elaborado en las faldas oriental del volcán Teuhtli, presumiblemente en la localidad de San Antonio Tecómitl.
»El Teuhtli, como bien se sabe, es un volcán de la sierra Chichinautzin, el cual alcanza una altitud de 2,710 msnm y se distingue fácilmente a la distancia por su cono en forma de un escudo casi perfecto. Los geólogos han determinado que es del tipo hawaiano debido a que produjo lavas sumamente líquidas; éstas fluyeron en un radio de 3.5 km, formando una colada de 3 m de espesor. Con el paso del tiempo, las laderas del Teuhtli se cubrieron de los delgados y pedregosos suelos conocidos por los edafólogos como leptosoles y, de manera más determinante, de los muy fértiles llamados feozems. En buena medida, dichos suelos motivaron que los grupos humanos que allí se han asentado desde la antigüedad se dediquen al trabajo de la piedra –para la construcción, la elaboración de instrumentos de molienda y de imágenes de culto– y, sobre todo, a la agricultura».
Muros y Cultivos
«En lo que va del presente milenio, varios arqueólogos han explorado sistemáticamente el Teuhtli y sus inmediaciones, entre ellos Roberto Martínez López (2006) y, de manera más prolongada, los integrantes del Proyecto Paisaje Cultural en Milpa Alta, encabezado por Blanca Paredes Gudiño (2021; Grecco et al., 2023). Han dedicado sus mejores esfuerzos a documentar cómo el cultivo de temporal modificó radicalmente el entorno. En efecto, para el máximo aprovechamiento de este terreno con tan acusadas pendientes, se construyeron innumerables terrazas desde tiempos prehispánicos y también a lo largo del periodo colonial. Se crearon así superficies agrícolas horizontales, planas, más o menos amplias y que retienen bien los nutrientes del suelo y la humedad. Según indican nuestros colegas, en época remota se cultivó mayoritariamente el maíz, lo que ha cambiado en el presente con un claro énfasis en la producción de nopal, de amaranto y de hortalizas como el frijol, la calabaza, el chile, el jitomate, el haba.
»En este bello paisaje, los testimonios más recurrentes de actividad humana que han sido detectados por los arqueólogos son los tecorrales/tetepantlalis o muros de piedra para la contención de las terrazas, algunos de los cuales alcanzan 2 m de alto. Igualmente, comunes son los momoxtlis o pequeños altares, así como los tecórbitos o cobertizos de piedra con planta circular o rectangular que servían a los agricultores para resguardarse de la intemperie, almacenar sus aperos de labranza y vigilar el territorio. También han registrado cerca de una veintena de ocupaciones campesinas de muy diversas tallas, además de una extensa red de caminos».

Tecómitl antes de la llegada de los europeos
«Entre 1969 y 1972, el equipo de Jeffrey Parsons (1982) reconoció sistemáticamente la extensa región de Chalco-Xochimilco para comprender la evolución de las sociedades prehispánicas en el sur de la cuenca de México y sus interacciones con el medio. A su paso por Tecómitl (el lugar de la olla de piedra, quizás en alusión al muy circular cráter del Teuhtli), estos arqueólogos de la Universidad de Michigan definieron un total de cuatro asentamientos superpuestos, aunque con ciertos desfases. El primero y más antiguo de ellos (denominado Ch-TE-62) se remonta al periodo Formativo Terminal (o Preclásico Terminal: 50 a.C.-150 d.C.); se encuentra a 2,300 msnm y sus vestigios materiales se extenderían en 4.3 ha. Al parecer, era un caserío de 50-100 habitantes. El segundo asentamiento dista del periodo Clásico (150-750 d.C.); se extiende entre los 2,280 y los 2,320 msnm, abarcando 18.3 ha. Se trataría de una aldea pequeña y dispersa, con unos 180-360 habitantes. El tercero, perteneciente al periodo Tolteca Tardío (o Posclásico Temprano; 950-1150 d.C.), se localiza a 2,290 msnm y cuenta con escasas 2 hs. Todo indica que se reducía a un modesto caserío poblado por apenas 25-50 individuos.
»Para el periodo llamado Azteca Tardío (o Posclásico Tardío; 1350-1521 d.C.), se funda un cuarto asentamiento (Ch-Az.282), éste de mucho mayores proporciones, por lo que Parsons supone que bien pudo ser la capital del señorío de Malacachtepec Momoxco mencionado en las fuentes históricas. Hay notica de que dicho señorío tuvo su propio linaje gobernante y que formó parte de la esfera política de Xochimilco hasta la conquista de los mexicas en tiempos de Itzcoatl (1426-1440 d.C.). Cualquiera que sea el caso, Parsons y asociados ubicaron este sitio entre los 2,260 y 2,430 msnm, calculando una superficie de 99 ha. Está ausente la arquitectura cívica-ceremonial, aunque ésta pudo haber sido destruida cuando se edificaron las terrazas agrícolas que datan del periodo colonial.
»Al parecer, alcanzó una población de 1000 a 2000 individuos, posesionándose en la jerarquía regional por debajo de ciudades como Chalco, Xochimilco y Amecameca (de 10,000-12,500 habitantes) y de centros como Tlalmanalco, Mixquic y Tláhuac (de 2,250-4,500 habitantes), hoy sepultado parcialmente por la mancha urbana de San Antonio Tecómitl, ocupó un lugar estratégico entre la zona chinampera y las terrazas del monte, en un modo de caminos de tierra y agua entre Chalco y Xochimilco».
Continuará
____________________
* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
[1] La arqueóloga Blanca Paredes Gudiño es una experta en el origen de los doce pueblos de Milpa Alta y autora del libro de las terrazas que se encuentran en las laderas de los cerros del Teuhtli.
[2] De acuerdo a lo establecido en la Resolución Presidencial, la Dotación al poblado fue de «812 hectáreas que tiene en posesión más 284 que se toman de la hacienda de Santa Fe Tetelco», lo cual suma el total de 1,096 hectáreas; sin embargo, en el procedimiento de ejecución del 16 de mayo de 1925, sólo consideraron las 284 hectáreas de la hacienda de «Santa Fe», superficie que hoy se conoce como la zona de parcelas, dejando fuera Las 812 hectáreas que ya tenían en posesión. Entre 1993 y 1996, la entonces Delegación Agraria en el DF llevó a cabo un análisis técnico-jurídico de lo asentado en la resolución presidencial, con trabajos técnicos en campo donde finalmente se corroboró la superficie de 812 hectáreas al pueblo de Tecómitl.

Deja un comentario