Un perro negro visita Coyoacán… te ladré siete veces y te visitaré eternamente

• El siguiente texto es del magistral escritor Alberto Barranco Lozano, corresponde a sus crónicas urbanas publicadas en la edición impresa de Nosotros, Revista de Reflexión y Difusión, que quedaron como muestra de su particular estilo literario

Por Alberto Barranco Lozano | Revista Nosotros, Núm. 12 | Mayo de 1998

Es sábado. Un perro negro, mugroso y callejero visita Coyoacán: ladra con ritmos que recuerdan a nuestra madre, se rasca el lomo. ¿Serán las pulgas o la sarna de la vida cotidiana, que nos mata quedito? Se mea en un poste, que tiene anuncios del PRD, del PRI, de Molotov, del PAN, del grupo Niche –mala suerte durante treinta y nueve segundos, para estos bichos de la «polaca» y de la cultura de, que nos han impuesto. Husmea la cuicha de otro perro. ¿O perra intelectual de Coyoacán? A un lado del portal de la Iglesia de San Juan el Bañador, se están retratando unos desposados: ella de vestido blanco inmaculado-lagunilla; él de traje negro-alquilado. Es el triunfo del amor, son de la clase verde-marioneta. El olor es de «molito» rojo de San Pedro Atocpan, Milpa Alta. ¿Qué sabrosos estarán los huesitos de pollo? En la esquina del convento un cilindrero toca y toca y le da vuelo a la manija: Y volver, volver / a tus brazos otra vez… El sol se nos mete hasta los huesos. Hay que comprar nuestros chicharrones sintéticos, nuestras gorditas de la «villita», nuestros globos de fantasía metálica, nuestros rehiletes para espantar nuestras miserias, nuestras agonías. Sigue el cilindrero dándole vuelo a la hilacha: de Pena Dios mío / me puse a llorar. En una banca, una mujer teje sus pensamientos: está triste por el aleteo y currucucú de las palomas alegres. La de moño colorado espera arrinconadita en el portal a su pior es nada. También en el portal alguien lee el periódico: México en su peor situación ecológica. El meneo de una minifalda azul es la tentación de los de a cincuenta, de los de a veinte, de todos los años felices. Un bolero le da brillo a la pobreza. Unos niños juegan con sus avioncitos de papel. Las jacarandas están floreciendo. Es abril de todos los infiernos. Gloria para las nieves de Coyoacán, los helados, las paletas, los frutsi congelados y la Reina de Coyoacán con sus salchichas y sus salchichones –no fue a Xochimilco al torneo de la flor más bella del ejido–, ella no es ejidataria, qué lástima mi chorri. A los del Tri los van a golear: son ratones turísticos. En caballo calco nos echamos tres «chelas»: en la cantina del compa Diego «Pega Fuerte». Los de naranja se están tornando amarillentos, barren de tres en tres la plaza del Carmen. Los ojos verdes y azules se multiplican. ¿De cuál Legión Extranjera son? ¿Son los azul-chiapaneco o verde-banquero-lavadero? It is Hidalgo, it is Centenario, it is Coyoacán… Adoquín de mi vida / adoquín de mi dolor / adoquín de mi sueño… Las palomas se espantan… ¡Cu-cu-rru-cu-cú paloma / paloma ya no le llores! El verde es infiel al paisaje. Siguen las frituras vendiéndose. Un viento refresca un poco nuestra modorra con las primeras campanadas para el rezo. ¿Los frailes franciscanos están haciendo la siesta? En el Mac Donalds están los de la Banca reduciendo sus pecados y aumentando sus dineros. La casa de Cortés pintada con rojo mexicano, la Lonchería «María Candelaria» está llena de «jodidos» aumentando sus pecados y reduciendo sus dineros. Varios «cuicos» en bicicleta quieren echarse unas memelas. De una grabadora pequeña se cuelgan unos adolescentes escuchando a Molotov. El sol se esconde entre nuestras ropas, nos hace sudar. Segunda llamada para el rezo. En la librería El Parnaso se respira a libros nuevos y viejas ideas. Dos viejitas se retratan frente a los coyotes en celo eterno. Coyoacán, ya te ladré siete veces y te visitaré eternamente… ♦

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Portada de la Revista Nosotros número 12 correspondiente al mes de mayo de 1998

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