De los Tlahueños, la vida. Tlahueños de cepa chinampera y pescadora

• Hoy compartimos otro estupendo relato de Alberto Barranco Lozano, fotógrafo, escritor e investigador, como él mismo se definía, en el que se refiere a la abundancia que había de gentilicios para los pobladores de Tláhuac, y de cómo se van acabando conforme llegan nuevos modismos

Por Alberto Barranco Lozano | Revista Nosotros, Núm. 5 | Junio de 1997

Los gentilicios abundan pa’los de Tláhuac; pa’los entendedores de nuestras raíces, nos dicen: tlahueños. Pa’los que llegaron de otros rumbos a vivir con nosotros nos llaman: los tlahuitas. Pa’los que quieren a este pueblo en grado máximo, nos llaman: los de la bella Tláhuac. Pa’los seudocientíficos, que una vez estuvieron con nosotros, estudiantones desde sus butacas, somos: los tlahuaquenses. Pero pa’niveles de entendimiento somos los tlahueños de cepa chinampera y pescadora. ¿O no compadre? Pa’los chiquihuiteros de Tulyehualco, los lechuceros de San Juan Ixtayopan, los dientes finos de Zapotitlán, los burros de Tlaltenco, los tlachiqueros de la Alta Milpa, los atoleros de Tetelco, los chiveros de Santa Catarina, somos las carpitas tlahueñas, pa’servirle a usted. Según el Códice Aubin, los Anales de Cuauhtitlán, los Anales de Tlatelolco, Torquemada y otros, los Cuitlahuacas eran una de las siete tribus Nahuatlacas que salieron de Chicomoztoc. Somos del gran linaje de los de Cuitláhuac Tícic, los de Cuitláhuac Teopancalco, los de Cuitláhuac Tecpan, los de Cuitláhuac Atenchicalcan. Agoreros de los designios de los recuerdos del porvenir. ¡Salud! Por la Reina Xochitl, por la Mangana, por el Fuerte de Guadalupe, por el Gran Teocalli, pulquerías de la gran tradición tlahuica. ¡Salud por el neutle de los dioses! ¡Salud! Pa’ brindar en nombre de San Pedrito Tláhuac. De sus lugares antiguos ya no va quedando nada: de Tlatepoxco con sus duraznos sólo quedan algunas hierbas, Coatitla, Tepozantitla, Comalpa, Xometitla, Caltitla, Azcapa, Chinaucalco, Huexocalco, Maliatzinco, Atotolco y tantos otros que han renunciado a su nombre los de Tláhuac.

Los tepozanes ya se cuentan con los dedos, el marrubio donde se tendía la ropa para que se secara y las abejitas chuparan la miel de sus flores casi han desaparecido… La casa del profe Romero donde había muchas tunas: verdes, amarillas, rojas y taponas, hoy hay una gran mansión. Los dichos que se hicieron famosos, hoy casi nadie los recuerda: Pa’los machos de Atenchicalcan… Como dijo Chinta Luna: ¡No me mandan viejas! O cuando te hacían enojar… Como dijo tío Mole Martínez: ¡Ah nana! Y pa’defenderte: Como dijo tío Chalupón Palma: ¡A las contras! Pa’manifestar que éramos los buenos: ¡Aquí puro bueno, tío Genaro el obispo, no fregaderas! Pa’saborear la comida… Como dijo el tío Nacho: ¡Quiero mi molito, pero con chilito! Pa’que ya no estuvieras enchinchando el tiempo de trabajo… Como dijo la tía Petra: Hijo, ¿qué no te busca tu moma? O para manifestar que éramos chinamperos… Como dijo el tío Jorge «el michi»: ¡Sáquense perros descalzos!

Así el habla popular se va acabando, son otros los modismos de la lengua que vamos usando. Los ponchos ya no se lucen, ahora son las chamarras de fayuca las que lucen en las fiestas. ¡Qué sabroso era esperar a tu novia los domingos a las cuatro de la mañana! Antes de ir a misa, se iba al molino, unos cuantos pesos detrás del tepozán, junto al chinamil, arriba de la cerca, envueltos en el poncho, después de rezar pa’que nos quisieran mucho… Ya va cayendo poquito a poco/ ya voy jayando su corazón.

La fiesta del Lunes de Pascua, el santo cura, ya no la celebra. Esta fiesta era famosa en toda la región, venían los de Iztacalco, los de Mizcalco, los de Azcapotzalco, los de Ameca, los de Xochimilco, los de San Gregorio, los de Nativitas y otros más. Su misita con el padre morenito, sus «cuetes», adornar con flores las andas de la Virgen de los Dolores, la de San Juan, de Cristo de la Pascua, Santo entierro. Y la alegría de la pasión de Semana Santa y la tristeza de la vida cotidiana convivían ese lunes eterno de los viejos tlahueños. Después de la procesión había que ir a comer garnachas con la tía güera; de papa, de queso, de carne, de sesos, de salmón, pelar cacahuates a la orilla de la fuente, atragantarse y chupar los raspados de tamarindo, grosella, limón, jamaica, guayaba y leche de burra prieta donde se bañó Cleopatra. Saborear los mangos de la tía «Rafaila». Su grito anunciador se escuchaba en todo el pueblo. ¡Mangos! ¡Mangos manilas, pa’ los que no tienen familia!

Después de esos años, Tláhuac creció y creció y sigue creciendo. ¿Será por la maldición de la tía «Rafaila»? Ya nuestros muertos no caben en el panteón. Se están construyendo criptas en condominio. Pero antes de llegar a su sagrado condominio tienen que rodear, la ruta antigua de la iglesia panteón. Su camino a la eternidad y su reposo temporal se hace incertidumbre. La culpa, ¿de quién será? O… ¿será la maldición de la ma-dre Matiana que vive en las laderas del Popocatépetl?

☛ Esta historia continuará… ♦

Fotografía Facebook
Portada de la Revista Nosotros, Núm. 6, correspondiente al mes de junio de 1997

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