Restauración sin precedentes de la memoria del desierto en Cuatro Ciénegas
Cuatro Ciénegas, Coah.~ La restauración de Cueva Pinta y Cueva Pinta VI, sitios de patrimonio gráfico-rupestre ubicados en este municipio, los cuales fueron dañados severamente por un intento de saqueo en 2025, y cuyos trabajos de recuperación estuvieron a cargo de especialistas del área de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, finalmente fueron concluidos luego de tres meses y medio de trabajo.
La intervención representa un hito nacional debido a la complejidad de los daños y por tratarse del primer proyecto integral de restauración de patrimonio gráfico-rupestre afectado por un intento de extracción ilícita de esa magnitud en México.
El fragmento de pintura rupestre original

Como se puede apreciar en la fotografía de archivo de la Revista Nosotros, así se veía la parte afectada por manos criminales y que causaron daños irreversibles al patrimonio gráfico-rupestre de una de las cuevas de Valle Hundido. Es el fragmento de roca antes de sufrir afectaciones mediante sierras y herramientas En la fotografía de portada ese fragmento lo encerramos en un círculo amarillo y se localiza en la parte superior derecha. Ese es el fragmento de roca antes de sufrir afectaciones mediante sierras y herramientas de perforación.
Daño jamás visto en el patrimonio rupestre
«Lo que ocurrió aquí no fue el simple robo de un fragmento, fue un atentado contra la voz del tiempo. Quienes mutilaron estos sitios arrancaron páginas enteras de un testimonio invaluable», aseguró la restauradora Ana Moisés Preciado.
Por su parte, la encargada de campo, Patricia Mondragón, refirió que las afectaciones fueron ocasionadas mediante el uso de sierras y herramientas de perforación, con el propósito de desprender fragmentos de roca con pintura rupestre. Las vibraciones generaron desprendimientos secundarios que afectaron extensas áreas pictóricas.
«Nunca habíamos visto daños en un sitio rupestre con esta gravedad, ocasionaron pérdidas irreparables y afectaron no sólo la materialidad de los bienes, sino también los discursos visuales y simbólicos», señaló la especialista.

Restaurar la memoria del desierto
Los trabajos dieron inicio con un exhaustivo proceso de recuperación y clasificación. Cada pieza desprendida fue registrada, embalada y analizada para determinar su posible ubicación dentro de los conjuntos pictóricos. Posteriormente, el equipo desarrolló labores de limpieza, consolidación, reposición volumétrica y reintegración cromática en los sitios arqueológicos.
A decir de la restauradora Hilda Serrano Juárez, uno de los mayores retos fue reconstruir, fragmento por fragmento, las secciones afectadas. «Fue un gran rompecabezas. Había que observar texturas, colores, cristales y cada detalle de la roca para devolver cada fragmento a su lugar», explicó.
Gracias a este minucioso trabajo fue posible la recuperación de la unidad visual de las composiciones sin alterar su autenticidad. La cicatriz debe permanecer, para que la ausencia también se vea y se comprenda.
Detalles sin documentar
Por su parte, Yuri de la Rosa Gutiérrez, arqueólogo adscrito al CINAH Coahuila, apuntó que la intervención permitió vislumbrar detalles pictóricos que no habían sido documentados, lo que abrirá nuevas posibilidades de estudio.
«El valor excepcional de estos vestigios pictográficos, es resultado de miles de años de ocupación humana en el desierto y son tan relevantes como las pirámides de Teotihuacan o el Templo de Kukulcán en Chichén Itzá.
»Estos abrigos rocosos forman parte de un sistema de sitios arqueológicos asociados a grupos cazadores-recolectores, los cuales habitaron durante milenios el territorio que hoy ocupa Coahuila. Sus pinturas evidencian la compleja relación entre los antiguos pobladores y el entorno, plasmada en elementos relacionados con el agua, los animales, las montañas y los ciclos de la naturaleza», afirmó.
Restauración sin precedentes
A su vez, la restauradora-perito Sandra Guadalupe Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico-Rupestre, dijo que lo que se logró en Cuatro Ciénegas es muestra del compromiso institucional con la recuperación del patrimonio y de la capacidad que tienen las restauradoras mexicanas, cuyo reconocimiento ha trascendido fronteras.
«La recuperación significó una restauración sin precedentes, que “demuestra la importancia de fortalecer la corresponsabilidad entre instituciones, autoridades y comunidades, puesto que la conservación del patrimonio es una tarea que exige el compromiso colectivo para garantizar la transmisión de este legado a las futuras generaciones», puntualizó.
La protección del patrimonio, una tarea colectiva
En lo que fue la presentación de los trabajos de recuperación, servidores públicos y especialistas llamaron a asumir la protección del patrimonio cultural como una responsabilidad compartida y, a la par, como una oportunidad de replantear los esquemas de visita y protección de los sitios arqueológicos de la región, mediante estrategias de conservación preventiva y capacitación comunitaria.
El compromiso con este patrimonio, según se estableció, no concluye con su restauración, sino que requiere la participación activa de las comunidades, autoridades y visitantes, en acciones que garanticen su permanencia para el disfrute de futuras generaciones, en razón de que la memoria sólo sobrevive y sobrevivirá si existe una sociedad viva que decida recordarla y protegerla.
En la entrega de los trabajos, la cual estuvo a cargo de Omar Vázquez Herrera, titular del CINAH Coahuila, el responsable de gestión y vinculación del área de conservación del patrimonio cultural del Instituto, Ricardo Herrera García, llamó a la población a hacer un frente común para proteger un patrimonio cuya preservación no depende sólo de las instituciones, sino del involucramiento activo de las comunidades. «Los ciudadanos son actores clave en la prevención del robo de bienes culturales y si no somos conscientes de ello, la pérdida de nuestro patrimonio será irreversible», advirtió. ♦

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