José Mendoza Romero, el poeta y hacedor de portadas de Xochimilco

• En 1999 el maestro Rodolfo Cordero López escribió el presente artículo para la Revista Nosotros, el cual compartimos ahora con la fotografía de don José Mendoza Romero, a la que le dimos color mediante la IA

Por Rodolfo Cordero López

Uno de los depositarios de la tradición en Xochimilco es José Mendoza Romero, nativo del Barrio de la Santísima Trinidad, Xochimilco, D.F., barrio de leyendas y costumbres que germinaron desde la fundación de Xochimilco y la creación de las chinampas donde floreció la vida escoltada con ahuexotes.

José Mendoza Romero, Chepe, para las personas que lo aprecian, vio la luz de Xochimilco el 18 de septiembre de 1918; su mamá, doña Fortunata Romero Rosales, procreó tres hombres y dos mujeres.

La esposa de Chepe, Enedina Abad Sánchez, ha sido su fiel compañera, en la vida de este hombre chinampero, cultivador de elotes y verduras. Ha sido constructor de canoas, chalupones y chalupitas que utilizaron sus coterráneos para navegar en esta red de acalotes y apantles, los caminos milenarios de la chinampería xochimilca.

Cultivador de flores, Chepe aprendió de su padre don Simón Mendoza Ríos, a bordar los arcos primaverales, las portadas que lucen desde hace siglos, las fachadas de los templos católicos de Xochimilco y otros santuarios de la República Mexicana, esparciendo el aroma de los crisantemos, los claveles, los alhelíes, las gladiolas, las margaritas, las dalias, las mercadelas…, en el arte que sirvió al xochimilca para expresar las loas a sus dioses en el pasado prehispánico y en el presente.

Don Simón Mendoza destacó en un grupo singular de floricultores contemporáneos, herederos de los tatarabuelos hacedores de portadas, tapetes floridos, macetones, entre ellos, los señores Cirilo Castillo y Ubaldo Tapia del barrio de San Juan; pero Chepe supo expresar además la plasticidad de las portadas con semillas de varias gramíneas, de colores diferentes para matizar las corolas, las guías, las hojas, los tallos; las figuras humanas y celestiales; las aves, sobre los planos simétricos de las arcadas dimensionales que cubren los espacios de los altares interiores de las iglesias, y de los portones de entrada a la grey festiva.

Chepe hace memoria, recuerda los santuarios en la República Mexicana donde ha acudido a la solicitud de sus servicios, para labrar el decorado con el arte de la floricultura xochimilca, dice:

«He acudido a varios santuarios del D.F.: la Villa de Guadalupe, Milpa Alta, a nuestra parroquia de San Bernardino de Siena, Xaltocan, Santiago Tepalcatlalpan, aquí en Xochimilco, desde luego a la capilla de nuestro barrio de La Santísima. A San Ángel Inn y al Palacio Nacional, donde llevé una Bandera Mexicana en un biombo.

Portada de crisantemos en el interior del Santuario del Señor de Chalma, estado de México, 1943

»Fuera del D.F., he hecho portadas para San Juan de los Lagos, Jalisco, Ixtapa, Oaxaca, aquí decoré un Cristo de musgo de coco, –y agrega Enedina: ‘hizo un Cristo con ropaje de claveles guindos, muy bonito’–.

»Tamazulapa, Oaxaca, a media noche. Los señores de este pueblo soltaron una salva con armas de fuego, y por la madrugada varias salvas de cohetes sobre la cúpula del templo».

Las fechas del tiempo de las obras de Chepe se quedaron en el tiempo y en el archivo de su memoria abierta desde sus años infantiles, siendo ayudante de don Simón Mendoza, más de setenta años de sus ochenta y uno de la edad que tiene.

«Fui a Taxco, Guerrero, al templo de Santa Prisca, allí tomé las medidas de la entrada principal de hermosa cantera, sin saber que un torero ya tenía ese espacio para su portada. Nadie nos previno. Hicimos los tableros y los arcos y los colocamos, pero al instante, acudió aquel torero y nos hizo que la retiráramos, pero quién iba a saber que el portón lateral del templo de Santa Prisca es de las mismas medidas, y pues allí colocamos nuestra portada. Al día siguiente, la gente que acudía a misa decía: ‘¿Por qué colocaron esta portada aquí, si es mucho más bonita que la del torero? ¡Que la coloquen en la entrada principal!’ Nos llamaron, pero ya era imposible de bajarla. El torero también reconoció que nuestro trabajo fue mejor».

Y Chepe sigue haciendo memoria, recostado en un sillón, pues adolece de las enfermedades del tiempo, que van minando la salud de los hombres, una de ellas quedó en este cuerpo humano, sin quejidos, sin gemidos…

«Atotonilco de Morelos –sigue su relación–, Tlaxcaltenango, Chiconcuac, Almoloya del Río, Iztapaluca; al santuario de Chalma, además de la portada, he llevado macetones de dalias y crisantemos.

»Al templo de San Rafael, en Atlixco, Puebla, ahí, después de colocar la portada en la entrada, los señores nos invitaron a visitar una cascada que se forma con el agua del Popocatépetl. Es un lugar muy bonito, lleno de pinos. El estruendo de la cascada es atrayente. Estábamos mirando la caída de agua cuando le pregunté a uno de los señores de Atlixco:

»—¿Por qué el agua tiene mucha espuma?

»—Señor –me contestaron–, es que está lavando la ropa doña Juana. Los demás señores se nos quedaron viendo.

»—¿Y quién es doña Juana? –Preguntó uno de mis ayudantes de Xochimilco.

»¡Doña Juana es la esposa de don Gregorio!

«Quedamos intrigados, viéndonos. Pues nos dejan igual.

»¿Quién es don Gregorio? –Dice Chepe, nos contestaron.

»Don Gregorio es el Popocatépetl y doña Juana es la Iztaccíhuatl.

»Todos reímos de buen humor, aspirando el olor de los pinos y de la tierra mojada de Atlixco, provincia que celebra la Atlixcayotl, la más populosa de sus tradiciones.

»Un día –continúa Chepe– con Enedina nos fuimos de paseo a San Martín Texmelucan, Puebla, visitamos la iglesia de San Lucas, le dije a Enedina, ‘mira qué bonito templo, para hacerle una portada’. Quién iba a saber que tendría que hacérsela, pues me lo pidieron varias persona de allí sin conocerme.

Aquí cabe subrayar que esta región del oeste de Puebla, San Martín Texmelucan, Cholula, Atlixco, Izúcar de Matamoros, Tepalcingo, Morelos, practican el trazo y el decorado en la elaboración de sus portadas, para los días de fiesta, una tradición que puede ser de influencia xochimilca desde la era precortesiana.

«Una vez –continúa Chepe– me pidieron que hiciera una portada a la iglesia de San Pedro Chilapa, estado de México, les pedí a los señores que nos prepararan varas de garambullo, musgo, flores para hacerla; aquellos quedaron de esperarnos en la parada del autobús, allá por La Marquesa. Llegamos, pero nadie acudió por nosotros. Entonces les dije a mis ayudantes: ‘Pues ni modo, vamos a caminar’. Después de dos horas encontramos a un niño que estaba pescando con anzuelos en un río, y nos contestó que ese no era el camino a San Pedro Chilapa. Perdidos, hallamos el pueblo, pero la comisión no tenía nada de material. En tanto lo conseguían, fui en busca del sacerdote para pedirle permiso para tomar las medidas, encontré al cura leyendo bajo unos árboles.

»—Padre –le dije, ni se movió–. ¡Padre! –Insistí después de diez o más minutos.

»—‘¿Qué se te ofrece?’

»Este padre no sabía lo que era una portada. Comenzamos el trabajo a las seis de la tarde y terminamos con la ayuda de varios jóvenes que nos estaban viendo, y así aprendieron, a las once de la noche.

»Al día siguiente, al ver la portada, el padre me dijo:

»—’Hijo, ¿por qué no hiciste tres arcos, pues el templo es de tres arcadas?’

»Caray, padre, si apenas terminamos una y ya muy noche.

»El pueblito quedó muy contento con la portada que les hicimos».

Observando los detalles de los trabajos de Chepe, nos damos cuenta que en este 1999, Xochimilco ha dejado de plasmar con las corolas de las flores los arcos-portadas para las capillas en los días de fiesta. Hoy emplean flores de plástico y de papel, incluso, la labor fina de estos artistas, ha decaído hasta en las medias lunas de las canoas del paseo de Nativitas, arcos pintarrajeados con colores desagradables, a nadie le importa, ni a los chamberos que pasan el tiempo asoleándose en espera de los despistados paseantes, en los jardines céntricos de Xochimilco.

Don Simón Mendoza decoró con flores naturales varias canoas de porte, con 20 metros de longitud, a principios de este siglo. En el año de 1912 presentó una canoa decorada para el recibimiento de don Francisco I. Madero que visitó Xochimilco.

Chepe dice:

«En 1925, mi padre, de la Sociedad de Floricultores del Barrio de la Santísima, tuvo un reconocimiento del Papa Pío XII por sus ofrendas florales», y nos muestra un cuadro con el texto. Enedina aclara: «El premio lo recibió su papá, pero el trabajo fue de Chepe».

«En el gobierno de Miguel Alemán, con motivo de las fiestas de la primavera, presentamos seis canoas alegóricas y todas ganaron premios por su belleza. Presentamos al Paricutín en una canoa que llevaba al centro el volcán echando humo –ríen Chepe y Enedina–, la gente gritaba: ‘¡Se está quemando el Paricutín¡’ Pero adentro iba un niño quemando zacatón en un anafre para que fuera más real el Paricutín. Hubo gente que le arrojó agua y el pobre niño salió todo mojado. Esta canoa ganó el tercer lugar, el primero llevó por título, ‘Así es mi tierra’».

En el currículum de Chepe hay trofeos, diplomas, gallardetes por los lugares ganados en los concursos de canoas alegóricas: «Ahora ya desconfiamos hasta de los que vienen a entrevistar a Chepe, no le dan nada –le han hecho videos y uno de ellos se presenta en el foro del Parque Ecológico de Xochimilco– ¡Ni cuando dio clases en el Centro Femenil de Xochimilco!»

Chepe nada más escucha, y yo imagino el desfile de canoas como el Desfile de las Rosas, carros decorados con pétalos de flores, en Pasadena California, los primeros de enero de cada año. Chepe ve en el pasado el paraíso que fue Xochimilco, con sus sembradíos de flores, manantiales y florestas.

Veo también a Chepe platicando las leyendas de Xochimilco –en mi libro Mitos y Leyendas de Xochimilco– con su apelativo Chepe narra algunas de aquellas fantásticas imágenes como la de La Mictlancíhuatl, la Señora de los Muertos. Y otras leyendas como aquellas que pintan anecdóticamente a Santiago Matamoros y a su caballo blanco mordisqueando los maizales chinamperos.

Platicando de otros temas, recostado, Chepe evoca las tertulias, los bautizos, las bodas, los quinceaños donde Chepe hacía uso de la palabra para recitar sus poemas, porque Chepe, como bardo se le ha llamado El Poeta de Xochimilco. En los periódicos locales ha publicado cientos de poemas con pinceladas que sin ser de flores nos dan a conocer un Xochimilco de ensueño. Nada menos que a su canoa alegórica «Así es mi Tierra» le dedicó uno de sus poemas más bellos en el que se ven imágenes de un Xochimilco vergel, paraíso, de chinampas en flor, de mujeres y hombres leales, como en una retrospectiva cinematográfica, diríamos a la manera de «María Candelaria», la película del «Indio» Fernández que se filmó en el barrio de La Santísima, barrio en el que vive José Mendoza Romero.

Vayan para él y su apreciable familia nuestros sinceros reconocimientos. ♦

Así es mi tierra

Si buscas un paraíso

perlado de bellas flores,

detén tu paso y contempla

de mi tierra sus primores,

y goza el mágico hechizo

en la tupida enramada

de los pájaros cantores

a la luz de la alborada.

Detén tu paso en la cumbre

a que salga el sol ardiente,

con sus ráfagas de lumbre

que derrama en la corriente,

donde abundan trajineras

con sus típicos remeros,

con vestiduras de manta

y de palmas el sombrero.

Y si te atrae la campana

entonces sigue el camino,

en cualquier fresca mañana

al Templo San Bernardino,

preciosa joya encantada

de los frailes franciscanos

orgullo de mi Venecia

y del pueblo mexicano.

Hallarás a las doncellas

allá en los alrededores,

todas lindas, todas bellas

con sus búcaros de flores,

y a los bohemios cantando

la más dulce melodía

al amor de sus amores

que adora con ambrosía.

Y en los parques y jardines

hallarás a los charros famosos,

con guitarras y violines

sobre sus potros briosos,

floreando con primor la reata

o bailando un zapateado,

luciendo el típico traje

que su prieta le ha bordado.

Así es mi tierra florida

orgullo de mi nación,

con sus mujeres muy lindas

y sus hombres puritito corazón.

Y donde quiera lo grito,

porque de nada me apeno:

¡Xochimilco es paraíso…!

Remanso inmortal de Cuauhtémoc.

José Mendoza Romero

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Acerca del autor

Fotografía tomada del Facebook Informativo DeTodoEn Megalópolis

Rodolfo Cordero Lopez (21 junio 1937~13 noviembre 2018). Cronista de Xochimilco. Autor, entre otros, de libros como Mitos y leyendas de Xochimilco (1992), Santiago Apóstol y el heroísmo de Xochimilco (1994), Xochimilco tradiciones y costumbres (2001), Leyendas y relatos de Xochimilco (2006), El Niñopa, glorioso niño xochimilca (2014), El barrio San Juan Bautista Tlaltenchi, Xochimilco (2017). Insigne colaborador de la Revista Nosotros.

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