«Muda». La transición hacia la adultez y la independencia de Renata Iberia
La obsesión con el instante específico, en este caso el día en que salió de su hogar «para siempre», se convirtió en una «laguna de preocupación» para Renata Iberia, por lo que buscó plasmar en un poema ese solo instante –al estilo de Gloria Gervitz en su poema «Migraciones»–, pero en su caso, verter a través de una máquina de escribir cómo había sido su partida de la ciudad de Torreón para venir a radicar a la Ciudad de México tras dejar a sus padres atrás, de verlos por última vez y adentrarse de lleno en la poesía.
Fue en el Colegio de San Ildefonso donde Renata comenzó a dar vida a su propuesta poética de «Muda», por la que obtuvo la Estancia Literaria Octavio Paz de Poesía 2026, y de la cual, a través de su voz y sus versos, compartió un encuentro con lectoras y lectores de su poesía, precisamente en la sala donde se imparte la Cátedra Ordinaria que lleva el nombre del insigne escritor mexicano.

«Todo este trabajo nació aquí, en este lugar –refirió–, enfrente de esta ventana, y ahora los poemas están aquí desplegados en toda la mesa, para que ustedes los vean de cerca y los toquen. No es un libro terminado, es todavía un trabajo en proceso, pero quise compartir ese movimiento con las hojas y ustedes acompañándome, siguiéndome, como una visita guiada del museo, sólo que aquí sería una lectura guiada también».
El jurado, conformado por Enzia Verduchi, María Gómez de León y Josué Ramírez, declaró ganadora la propuesta de Renata Iberia por su «carácter híbrido, al conjugar el verso poético con el poema en prosa para narrar un desplazamiento físico y temporal, entre dos ciudades, entre la juventud y la adultez, entre el cambio y el silencio».



Integrantes del jurado de la Estancia Literaria Octavio Paz de Poesía 2026, Enzia Verduchi, María Gómez de León y Josué Ramírez. Fotografía: Facebook Colegio de San Ildefonso
La memoria que se arraiga y muda
Al respecto, María Gómez de León calificó el proyecto de Renata Iberia como «verdaderamente deslumbrante» debido a «esa devoción por lo minúsculo y por los sentimientos tan hondos que manejas con tanta pausa, con tanta reflexión. Yo sólo me siento muy contenta del rumbo que está tomando esta Muda que, como bien dices, seguramente es un proceso que tuviste la oportunidad de empezar aquí, pero que seguramente va a llegar a muy buen puerto y es fascinante escucharte y ver a tanta gente aquí que estábamos escuchándote con tanta atención».
En tanto que Josué Ramírez, tras sumarse a las felicitaciones, a la sorpresa y el asombro, consideró «maravilloso ver cómo el proceso creativo de una persona que se fija en el mundo en los puntos poéticos siempre está mudando de existencia». Dijo gustarle mucho «el conflicto intelectual y el conflicto existencial que existe en los poemas», así como la hibridez entre el verso y la prosa que hay desde el principio, y cómo el instante sí es un vehículo y se convierte en una memoria que se arraiga y muda y que hace todos los cambios necesarios en su existencia.
«Porque el poema es eso, va mudando de forma, desde la parte de las rodillas, la niña, el vello en el antebrazo del padre. Es una mirada que tiene claramente una influencia poética que se da en nuestro tiempo y que es el cine, porque esa secuenciación de los momentos hace que uno se traslade con la poeta», comentó.





El poema va mudando de forma, explicó Renata Iberia. Fotografías: Sergio Rojas
La salida del enclaustramiento
Renata Iberia rememoró la salida de su enclaustramiento: «Yo estaba escribiendo sobre otras cosas cuando me di cuenta de que en este poema se abrió una voz muy distinta a la que estaba trabajando en ese primer libro. Escribía sobre el norte de México, porque yo soy de allá, de Torreón, muy orgullosamente. Y escribía sobre escenas domésticas, el agobio de lo doméstico; sobre violencia también, sobre el quiebre de la infancia, sobre el quiebre del matrimonio de mis padres, de pronto llegué a este poema siguiendo esta línea cronológica; y llegó esta voz, se presentó un día y decidí seguir esta voz que se me estaba presentando. Era una voz con mucho más movimiento, una voz que estaba siguiendo esta parte de salir del enclaustramiento. Así fue como apareció Muda por primera vez».
me fui de casa
es decir
nos fuimos
empaqué mis pertenencias
es decir
mis huesos
y emprendí el camino
es decir
la huida
crepitando
era apenas una niña
es decir
que pasé el recorrido
traduciendo estrellas
y abrazando
mi mochila
fue un viaje largo
es decir
que ya no habría remedio
es decir
esa era la idea
no volver
ni por error
ser mi propio ombligo cordón y placenta
es decir
espora
es decir
nada
ni siquiera un nombre
llegué a mi destino
y me desempaqué
es decir
a mis huesos
consideré
tirarlos,
estuve a punto
y no pude
caí de rodillas
los pegué
a mi pecho
les pedí disculpas
y los coloqué
en la única repisa
de aquel cuarto sin muebles
y tiempo después
vino un hombre a visitarme
encontró en el cuarto
solo un colchón
la repisa y los huesos
horrorizado
preguntó por ellos
yo no quise dar explicaciones
dije, solamente
son los huesos
de un animal
que salvé
pero no pude
mantener
con vida
el hombre dijo
¿a qué te refieres?
mientras caminaba
de regreso a la puerta
me refiero
a que son los huesos
de un animal
que salvé
pero no pude
mantener
con vida
y fue la primera vez
que mis palabras
no significaron más
ni menos
de lo que quise haber dicho.
Ante el numeroso público que la acompañó en la lectura de «Muda», Renata Iberia recordó que «todo pasó muy rápido también. Me acuerdo que guardé mis cosas muy rápido, me subí al carro y después al camión, pero no existe como tal esta esta impronta en mi memoria». Pero «ese fue el primer poema, estas tres hojas que están aquí son las que le dieron vida a todo lo que está allá. Es un poema que nació cuando todavía estaba trabajando en mi primer libro».
«Yo no soy ninguna Gloria Gervitz –comentó–, pero me gustó mucho su estrategia. Es un solo poema (en el libro) trabajado por cuatro décadas, el instante en el que pasas de la vida a la muerte, es ese umbral. Entonces para mí también ese día (el de la partida de su hogar) fue un umbral y también, de alguna manera, fue una muerte. Entonces aquí está en varias partes. Es como una pequeña historia, el recorrido de ese día en específico. Opté por el poema en prosa y se los comparto».



Muda es el recorrido de un día en específico en un poema en prosa, dijo Renata Iberia. Fotografías: Facebook Colegio de San Ildefonso
I
No recuerdo si miré atrás. Si cuello y nostalgia se conjugaron en la torsión que me daría la última línea de fuga, el trazo definitivo de la partida. Partida: mi cuerpo y mis maletas en el Tsuru a treinta kilómetros por hora. En dos: mi madre fija en el umbral con una mano al aire y yo en el asiento del copiloto, centrífuga hacia mi resplandeciente orfandad. El cielo se quiebra tornasolado, es el espejo sin fin de mi pecho. Hoy comienzo a medir mi vida en años centella. Iniciación en el arte cruel de lo esporádico. Avistamiento. Brevísimo fulgor, intermitencia. No recuerdo si miré atrás. Fue demasiado fuerte el faro, la luz atónita de mi sangre estrellándose contra la piel.
La obsesión por el instante
Al preguntarle acerca de la obsesión por el instante y si éste se borra al plasmarlo en la poesía para sentirse liberada, Renata Iberia consideró que de alguna manera así sucede, «porque –detalló– me ayuda a narrarme, me ayuda a afianzarme, me ayuda a darle un sentido a lo revuelto. Creo que es importante en este tipo de trabajo comenzar a tramar una mitología propia; este recuperar instantes me ayuda a hacer un acomodo, así como ahorita está dispuesto aquí. Esto es como lo siento ahora, pasa del revoltijo a algo palpable. Entonces yo diría que sí, la poesía me libera también en el orden que me otorga».
II
No miro a mi padre al volante, sino a los vellos de su brazo al viento.
¿Nos hemos desviado al campo de espigas? ¿Pasaremos la tarde dormidos bajo la luz tostada de nuestra respiración? ¿Se prenderán los tallos a nuestra ropa como las alondras al aire, como tus ojos a los míos cuando me dijiste: vete, vete y vive tanto que el suelo sepa decir tu nombre, incluso cuando ya no estés? ¿Sabremos hacer de nuestras promesas trigo? ¿Sabremos permanecer?
Mi padre acelera. El sonido ronco del motor ocupa el espacio entero del silencio. En la Central de Autobuses, los choferes dan 10 minutos de tolerancia. No más.
Los poemas que aquí incluimos son de la primera parte de Muda, aunque Renata cambió el orden sobre la marcha porque, dijo, «todavía creo que esta primera parte puede estrecharse muchísimo más, pero es el estado actual de las cosas. Me di cuenta de que mis padres son de mis personajes más adorados, son personajes fascinantes; me acerco a ellos intentando pensar cómo habrán vivido esta despedida también ellos».
III
En la fila del camión, mi padre toma mi rostro en sus manos y mi pide que diga adiós. Veo en sus ojos la misma desesperación con la que le pidió a mi abuela sus últimas palabras. Ahora, es el turno de las mías. Pero no sucede.
La fila comienza a avanzar. Truena la chispa de encendido del camión y mi quijada no abre. Sube el olor a gasolina quemada, y no abre. Los primeros pasajeros entregan su boleto. El chofer da la última llamada. Última.
Sale, sale directo y sin paradas al pequeño terruño de tu arrepentimiento. Sale, sale directo y sin retorno.
Los cuerpos de otros pasajeros me empujan al interior del camión. Llego a mi asiento y veo a mi padre desde una elevación nunca antes experimentada. Veo su coronilla y entiendo por fin a lo que he renunciado: no nos veremos envejecer. Sale, sale directo y sin retorno, y esta noche un brazo extraño me conducirá al páramo inhóspito por el que decidí vagar. En mi boleto llevas su nombre: juventud.
«El título del manuscrito –explicó Renata– viene del cruce de sentidos entre ‘muda’, de silencio, y ‘muda’, como una muda de piel». Aunque reconoció que «hay mudanzas muy fáciles; hay gente que tiene el poder adquisitivo para pagar una mudanza, que entren a tu casa, te empaqueten todo, lo suban a un camión cinco hombres y ya, llega a su destino, pero para muchos y para mí no ha sido así».
IV
De haber podido, me habría llevado de aquel día
una muestra de tierra
el primer tono del cielo
el pronóstico del clima
cualquier pluma suelta de ave local
el obituario y la lista de recién nacidos
el salmo del día en la parroquia
un oficio notariado y el volante de ofertas en
la reja SÓLO POR HOY / SÓLO POR HOY / APROVECHE
las virutas de óxido del barandal
las hojuelas de pintura cuarteada
el nudo de pelusa bajo el sillón
Lo habría guardado todo en frascos, hojas de contacto y sobres. Volvería al inventario cada noche a producir combinaciones aleatorias, pruebas de pH y reactividad, cualquier procedimiento que pudiera indicarme en dónde quedaron mi palabras, y si miré atrás o no por que, si estaba lista o no entonces, si cualquier camino de ida puede ser también el de regreso, qué tanto tiempo soportará el rastro la erosión. Quiero saber cuál es el plazo de gracia antes de rendirme al deterioro, si mi recuerdo puede ser la placa de cultivo en la que lentamente aparezcan consonantes y vocales hasta formar el ecosistema de lo que pude haber dicho. (Si tan solo hubiera tenido un poco más de agua, si tan solo hubiera salido un poco más el sol.) Y no descansaría hasta lograrlo, no hasta poder decir que con palabras logré inventar mi propia flor.





Público que escuchó con gran interés la lectura de «Muda». Fotografías: Sergio Rojas
Renata se remontó a los días de su infancia y se describió a sí misma como «una niña muy tímida y muy muy silenciosa, y la ciudad me dio, porque voz ya tenía, la fuerza para sacarla y conocerles a ustedes que son mi comunidad. Aquí están muchos de mis amigos, todos ellos con sus voces cobijaron la mía y ayudaron a que recibiera esta luz hoy». Porque, asentó, «está muy presente la pérdida grandísima, por ejemplo, de mi familia, que no está aquí, Porque aquí no hay nadie de mi familia, está en Torreón».
Lo que te espera del otro lado: infancias discordantes, siempre en otra clave, su acento de mariposa, el tuyo pezuña y a destiempo, por eso tus chistes no aterrizan, por eso a ti te dicen y te cuentan, porque perciben el olor de tu entrepierna, todo pudorosa y provinciana, son tus modos y modales, tu manera de pedirle perdón al aire por cruzarlo, perdón al agua por beberla, y no sabes abrirte paso entre los cuerpos, no sabes bailar la danza chocarrera de las dos de la tarde, por eso mejor te quedas quieta, por eso mejor abres tu pecho y dejas que los demás pasen, pasen, que desfile la zozobra y el adeudo, las carriolas y los diablitos, hay vergüenza para todos. El consejo: jamás dejes que te vean perdida. Si te pierdes, debes seguir caminando como si nada, como si nada.
La primera parte de la lectura de Muda terminó y empieza una serie, subrayó Renata. «Esta fue como la gran muerte, la segunda parte es una serie de pequeñas muertes y ahí es donde ya abordo específicamente el tema de las mudanzas en la ciudad. El título del libro viene de este cruce de sentidos entre muda de silencio y muda como una muda de piel y, bueno, en esta parte decidí acercarme a esas pequeñas muertes, que las veo mucho como que con cada mudanza nos tenemos que empaquetar, porque se me ocurre que también son como pequeños ataúdes que cargamos por la ciudad».
La lectura de cierre de la Cátedra Ordinaria Octavio Paz del Colegio de San Ildefonso tuvo como objetivo dar impulso a la poesía y al pensamiento crítico, para eso se cuenta con dos estancias que tienen que ver con ensayo: una consiste en ensayo en artes visuales y otra en literatura infantil y juvenil, la cual hacemos se lleva a cabo con IBBY México (International Board on Books for Young People, sección México); así como el de poesía, porque es una de las ramas que más ocupó el Premio Nobel de Literatura.
Cabe destacar que Renata Iberia se mostró, pese a su juventud, como una poeta consumada, y quienes asistimos a la lectura de sus poemas del proyecto de Muda salimos convencidos de que habíamos acudido a la confirmación de una gran poeta que lleva con ritmo y sutil voz la recreación sublime de su obsesión por los instantes.
Sus textos tienen ritmo excelente porque salta de lo mundano y terrenal a lo sublime, son evocadores, íntimos y cargados de tensión cinematográfica, porque consigue capturar los instantes de su vida como fueron el momento exacto de la partida, el abandono del nido y la dolorosa transición hacia la adultez y la independencia.
Es una gran metáfora de la vida moderna y adulta, porque una vez que ha dejado el origen, los encuentros con el pasado aparecen como intermitencias o avistamientos. Para Renata, el tiempo ya no es lineal ni pacífico, se vuelve fragmentado y veloz. ♦

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