Opinión | Los devaneos con la constante utilización del término «algoritmo»
Por Efrén Camacho Campos
Últimamente se ha puesto de moda que periodistas y analistas políticos utilicen recurrentemente la palabra «algoritmo»: «El algoritmo de Sheinbaum» o «El algoritmo de los derechos humanos» o «El algoritmo de las encuestas de Morena» o, más recientemente, «La plaza pública en la era de los algoritmos y la inteligencia artificial». Por favor, que alguien me explique cuál es el sentido de esta palabra en los anteriores encabezados periodísticos, porque quién me iba a decir que después de muchos años volvería a sorprenderme al escuchar este término.
Recuerdo haberla escuchado en la lejana década de los 80, cuando acudía al área de procesamiento de datos del centro de investigación en el cual laboré por más de 35 años, precisamente, a que se hiciera la captura de la información de los libros que conformaban una red de bibliotecas de la industria petrolera, cuyo proyecto encabecé a efecto de sistematizarlas y, en consecuencia, generar las fichas catalográficas correspondientes, así como el sistema automatizado de almacenamiento y recuperación de la información contenida en las diversas obras, mediante la utilización de descriptores, también conocidas como palabras clave.
En aquel entonces, al recoger la información en el área de cómputo, me entregaban varias cajas con tarjetas perforadas, mismas que contenían la captura de los datos de los libros que se incorporarían a la mencionada red.
Sigo reconociendo que soy ignorante de un sinfín de cuestiones y en aquel entonces lo era mucho más en virtud de que, al no contar con una formación en cualquiera de las ramas de la ingeniería, era complicado comprender cómo a partir de un conjunto de tarjetas perforadas obteníamos los juegos de tarjetas catalográficas de cada libro procesado. Dichas tarjetas, ordenadas por su Autor, Título, Tema y Número de colocación en la estantería, constituía la primera parte del proyecto; la otra, lo conformaba el sistema de recuperación de información técnica y científica, a través de terminales de cómputo, utilizando descriptores y/o palabras clave, mencionados ya con anterioridad.
Pues resulta, como vocación de indagar y preguntar a quienes poseen el conocimiento en la materia, que lo anterior es –entonces y ahora también– factible a programas de cómputo, cuyo conjunto de algoritmos precisamente permiten el procesamiento de datos y la obtención de la información en el esquema que se desee.
En términos computacionales, un algoritmo es un «conjunto finito y ordenado de instrucciones que, al ejecutarse sobre unos datos de entrada, produce un resultado o solución a un problema». Dicho de otra manera, «un algoritmo es una secuencia precisa de pasos definidos que transforma una entrada en una salida y termina después de un número finito de operaciones». Hasta aquí, considero, que es clara la utilización de los algoritmos, pero algo sucede cuando repentinamente leemos o escuchamos en las noticias del día a día, en encabezados periodísticos como los anteriormente señalados.

Estaremos de acuerdo que las tecnologías de información están presentes en nuestras vidas, desde que prendemos los interruptores eléctricos y se empieza a contabilizar el consumo, así como con la utilización del teléfono de casa o del celular, cuando usamos las tarjetas de crédito, cuando escuchamos la radio, la televisión y, sobre todo, al utilizar las ya infaltables redes sociales, ahora tan comentadas por los probables efectos que causan en la niñez.
En el pasado, la literatura acerca de los medios masivos de comunicación, señalaban principalmente que la televisión provocaba en la gente dos efectos, el de la empatía y el demostrativo. El primero, era cuando la niñez representaba en sus juegos a sus héroes televisivos: Superman, Batman, El Chavo, entre muchos más. El segundo, si es que no estoy desvariando en el tema, se reflejaba en los adultos, quienes fumaban determinada marca de cigarrillos para transformarse en cowboys, o bien, compraban ropa de marca para sentirse de la high society e, incluso, llegaban a adquirir a crédito un automóvil, aunque al final de mes no tuvieran para comprar lo necesario.
Ahora bien, regresando a la cuestión de los algoritmos, según datos recabados en sistemas de información, estos son utilizados para difundir programas de opinión en redes sociales, es decir, que «los algoritmos en redes sociales sirven para decidir qué programas de opinión se difunden más ampliamente, priorizando aquellos que generan interacción (likes, comentarios, tiempo de visualización) y, en muchos casos, amplificando contenidos polémicos o que generan debate. Esto puede aumentar la visibilidad de ciertos discursos, pero también influir en la polarización y en la percepción pública».
Parece que a anterior definición explica por sí misma el por qué estamos diariamente expuestos a un bombardeo mediático (radio, TV, redes sociales) de noticias falsas, esas que buscan crear en la población una distorsión de la realidad actual, difundidas principalmente por quienes detentan los medios tradicionales, quienes desde hace algunos años no se benefician económicamente del gobierno, como lo era en el pasado. Luego entonces, todos los días y a todas horas, se difunden las peroratas de comentaristas, quienes en su fuero interno extrañan el sistema del embute o del chayote. ¡Hasta la próxima! ♦
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Efrén Camacho Campos. Distrito Federal, 18 de junio de 1954. Radica en la ciudad de Aguascalientes desde el 2014. Licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Tiene Maestría en Administración (Organizaciones) por la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Administración de la UNAM. Cursó estudios de Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras, así como varios cursos especializados sobre «Recuperación automatizada de información en bases de datos para la industria petrolera» tanto en el país como en el extranjero. Ha sido reportero en diversos medios de comunicación como El Heraldo de México. Instructor de personal bibliotecario de Petróleos Mexicanos, en el tema de organización y automatización de materiales bibliográficos. Facilitador de equipos de trabajo para elaborar planeación estratégica, así como para la puesta en operación de sistemas de administración del conocimiento. Ha fungido como asesor de tesis de licenciatura y de maestría.

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