Resurge la figura de Faustino Chimalpopoca, nativo de Tláhuac
Por Sergio Rojas
En Tláhuac han habido dos personajes que han traspuesto las barreras de lo local y nacional convirtiéndose en figuras del orden internacional, como son los casos de Faustino Chimalpopoca Galicia (1802~1877) y el ingeniero Estanislao Ramírez Ruiz (1884~1964); sin embargo, «si hace 50 años yo hubiese presentado el libro sobre la vida y obra del primero, con seguridad los de la Academia Mexicana se habrían burlado de mí, aunque es preciso decir que aún en nuestros días persiste una mirada colonial y racista que niega la capacidad intelectual a los indígenas».
Al presentar el libro en la tierra que le vio nacer, Faustino Chimalpopoca Galicia. Un intelectual indígena en el México decimonónico, su autor, Baruc Martínez Díaz, doctor en Historia por la UNAM y, de igual forma, oriundo de San Pedro Tláhuac, aseguró que el rechazo al estudio de la figura del personaje o, también, «la invisibilización a la que fue sometido durante prácticamente todo el siglo veinte, se debió a la mirada colonial y racista que lo consideró como un simple copista y así pasó a la historia durante prácticamente casi todo el siglo pasado».
«Se decía que Chimalpopoca sólo era escribano y copiaba y se le supedita a un mestizo blanco, el historiador José Fernando Ramírez, para quien escribía y copiaba, cuando en realidad el trabajo de Faustino fue más allá de la mera copia de documentos; pero sobre todo, porque se trató de una persona muy modesta, no le gustaba aparecer ante los reflectores a pesar de que tuviera lugares de primer orden en las cuestiones de las parcialidades indígenas de la Ciudad de México, por ejemplo», comentó el autor del libro publicado por la Editorial ERA y la Universidad Veracruzana.
Ante el numeroso público que se congregó en el salón –deficientemente iluminado en la parte frontal y con bocinas del siglo pasado que emitieron un sonido defectuoso– del Centro Social de Barrio, Martínez Díaz calificó a Chimalpopoca Galicia como el intelectual más importante del siglo XIX en México, lo que trata de demostrar en el libro de su autoría, «sin desconocer que hubiese otros intelectuales indígenas nahuas o grupos mesoamericanos, porque los hubo, mayas, mixtecos, zapotecos. Pero que hayan tenido la constancia, tan prolífica y versátil como Chimalpopoca, yo creo que ninguno», observó.
Tras destacar que el reconocimiento a los intelectuales de las comunidades mesoamericanas apenas se empieza a reconocer en la historiografía no sólo mexicana sino global, refirió que son muchos los miembros de comunidades indígenas que en la actualidad se han profesionalizado, al tiempo de mostrar que la tradición intelectual indígena «no cesó con la irrupción española, sino que tuvo sus continuadores, y a éstos los encontramos en los cabildos indios de las repúblicas coloniales o en los ayuntamientos constitucionales del siglo XIX como es el caso de Chimalpopoca».

«Hoy muchos de estos intelectuales son maestros, licenciados o doctores en diversos ámbitos del saber, e imparten cátedra en distintas universidades del país y del extranjero. Incluso están formando nuevos modelos educativos para que la educación sea en las lenguas originarias de México, como ya sucede en Veracruz, en donde ya hay una licenciatura y maestría hablada totalmente en lengua náhuatl sobre diversas materias», asentó.
En sus 75 años de vida, Faustino Chimalpopoca nos legó una profusa cantidad de escritos y muchos de ellos se encuentran en bibliotecas de universidades mexicanas, «pero muchos de ellos también, creo que la mitad de su obra, se encuentra en universidades extranjeras como la de Bancroft en Berkeley, California; en la de Newberry de la Universidad de Chicago; en la biblioteca Lilly Library de Indiana y en las bibliotecas nacionales de España y Francia, donde se encuentran obras inéditas», afirmó el también autor del libro Tláhuac: atisbos históricos sobre un pueblo chinampero.
Obras de Faustino en las cuales, según dejó entrever, ya trabaja para ver la posibilidad de que algún día sean publicadas.
En compañía de Andrés Medina Hernández, doctor en Antropología e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, quien fue el comentarista de la obra, Martínez Díaz calificó a Chimalpopoca como un hombre de su tiempo que creyó firmemente en la educación como el método más adecuado para resolver los problemas de la población indígena, por lo que se abocó como funcionario en el ayuntamiento de la Ciudad de México a la Comisión de Instrucción Pública, en donde con los pocos fondos que tenía, «algo también histórico como es la escasez de recursos en los ayuntamientos de aquel entonces», para brindar materiales a los niños indígenas y así éstos se pudieran superar intelectualmente. «Él lo quería en su lengua materna, que era la de esos niños, el náhuatl», precisó.
«Lo anterior le diferenció de otros ideólogos tanto liberales como conservadores, quienes pugnaban por una educación estandarizada monolingüe en español», apuntó el historiador, aunque también resaltó los casos de «algunos de los teóricos liberales más radicales como Ignacio Ramírez o inclusive Ignacio Manuel Altamirano, quienes de igual forma plantearon la enseñanza en lenguas indígenas».

Abordó la faceta que como profesor tuvo Chimalpopoca, lo que le llevó a estar al frente de varias instituciones educativas, como sucedió con su alma mater, el Colegio de San Gregorio, donde estudió, aunque esto ya fue en la última etapa de la institución colonial dedicada a la nobleza indígena, en la que se formaban quienes después ocuparían los puestos en las repúblicas de indios. Sin embargo, al triunfo de la Constitución de 1824 con el federalismo, el Colegio sería estandarizado por los federalistas, después liberales», indicó.
Martínez Díaz recordó que en dicho Colegio, Chimalpopoca impartió clases de náhuatl, lógica y jurisprudencia, y de estas clases legó una obra inédita que hoy valdría la pena publicar, como es el caso de un método de lógica grecolatina, aristotélica, pero escrita en lengua náhuatl, que permanece en la Universidad de Bancroft y que escribió para las clases que ahí impartía.

Refirió que fue el último catedrático propietario de la Nacional y Pontificia Universidad de México hasta 1865, año en que ésta fue suprimida, donde impartió clases de náhuatl, también llamado mexicano, al igual que de otomí, otra de las lenguas que había aprendido.
«Fue el primer catedrático del orden secular, porque todos los demás propietarios de las cátedras de náhuatl y otomí eran clérigos, así como el primero en escribir tratados de lengua náhuatl sin pertenecer a alguna orden religiosa, como tradicionalmente se había hecho durante los tres siglos coloniales y la primera mitad del siglo XIX.
»Una vez suprimida la Nacional y Pontificia Universidad se dedicó a dar clases en el Seminario Conciliar de la Ciudad de México y en su propio domicilio hasta su muerte, dio clases de lengua náhuatl o mexicano, para lo cual se anunciaba en un periódico capitalino llamado La Voz de México.
»En aquellos años ~continuó~ Chimalpopoca fue la primera autoridad en lengua náhuatl de todo el país, cualquier persona extranjera o nacional que quisiera saber náhuatl le preguntaba a Chimalpopoca, y así grandes historiadores y funcionarios como Lucas Alamán o Carlos María Bustamante, por ejemplo, tenían que pedir opinión a Chimalpopoca, y en los libros que escribieron estos políticos, liberales y conservadores e historiadores, aparece siempre la cita a un Faustino Chimalpopoca Galicia presto a brindar información necesaria en variedad de temas, pero sobre todo con lo concerniente a la lengua náhuatl».
En cuanto a las razones que tuvo para escribir el libro, Baruc Martínez explicó las siguientes: «Una fue por su papel de mediador entre las comunidades mesoamericanas y las altas esferas del poder, no importando que fueran de alguna u otra filiación ideológica, esto es, liberales o conservadores, tratando siempre que los pueblos indígenas salieran lo mejor librados en diferentes circunstancias, como por ejemplo en el tránsito de ser comuneros (por la propiedad comunal de la tierra) a ser propietarios privados, como fue el ideal del liberalismo marcado por los grandes ideólogos de esta corriente encabezada por Ignacio Comonfort, Benito Juárez y Melchor Ocampo. Ellos fueron quienes privilegiaron la privatización y la ciudadanización de las comunidades. Por lo que Chimalpopoca siempre estuvo presente tratando de defender a estas comunidades a fin de que salieran lo mejor libradas posible».
«Al final de sus días ~recapituló~, cuando se implementó el Segundo Imperio, Chimalpopoca tuvo un lugar protagónico en el gobierno imperial en el que fue preceptor, presidente de la Junta Protectora de las Clases Menesterosas, el órgano principal que se encargaba de los asuntos indígenas y que estaba ligado directamente con el emperador Maximiliano, de quien fue traductor y profesor al igual que de Carlota».
Refirió el ejemplo de la legislación promovida durante el Segundo Imperio por Maximiliano, publicada y traducida al náhuatl por Faustino Chimalpopoca, de la cual se ha hecho una edición facsimilar, por lo que «valdría la pena hacer estudios precisos en torno a la traducción o al modo en que traducía, porque lo que hemos visto de sus traducciones es que él estaba muy consciente de que se dirigía a dos esferas públicas: una a las comunidades mesoamericanas, porque entonces les hablaba con otros términos, y otra a los liberales conservadores, porque entonces traducía de manera diferente al español».
Oculto en la historiografía mexicana
Para el también autor del libro La iglesia de Tláhuac y el proceso de evangelización en las comunidades indígenas, la figura de Chimalpopoca permaneció oculta en la historiografía mexicana, hasta que un historiador mexicano, hacia 1983, destacó su figura, pero él mismo reconoció que había pocos datos para hacer una biografía de Faustino. Sin embargo, en los últimos cinco años vinieron historiadores norteamericanos con tesis en la Universidad de Leiden, en Holanda, y otra más en la Universidad de California en Estados Unidos, para destacar en ellas la figura de Chimalpopoca.
«Estamos ante el resurgimiento de la trayectoria y obra de Chimalpopoca que nos podrá explicar no sólo su vida particular sino sobre todo, y lo que me parece más interesante, la situación de las comunidades indígenas y los mecanismos que utilizaron muchos de los intelectuales de esas comunidades para hacerle frente al proceso de privatización de sus tierras y de desaparición de la lengua náhuatl como idioma legal, así como al proceso de desaparición de los pueblos indígenas como figuras colectivas sujetos de derecho, que es la historia violenta del siglo XIX mexicano en contra de las comunidades indígenas de raigambre mesoamericana», relató.
«El estudio de la obra de Faustino da las luces necesarias para que conozcamos parte de este bagaje de estrategias que los pueblos y sus intelectuales utilizaron para hacerle frente a la modernidad capitalista bajo el tinte político del liberalismo mexicano», concluyó.
El libro Faustino Chimalpopoca Galicia. Un intelectual indígena en el México decimonónico, presentado en el marco de la Feria Patronal de San Pedro Tláhuac, fue publicado gracias al interés de Ediciones ERA, la Universidad Veracruzana y la doctora Camila Townsend, de la Universidad Estatal de Nueva Jersey, de Rutgers, quien donó una cantidad significativa para hacer posible la primera edición.
Defensor de los intereses de las parcialidades indígenas

En el libro, Baruc Martínez Díaz ofrece una visión más pormenorizada de quien procuró la salvaguarda de intereses que concernían a los indios en «tiempos ingratos para sus pueblos y barrios», como estableció Andrés Lira cuando en 1983 planteó que el oriundo de San Pedro Tláhuac debía ser estudiado por su prominente participación en la defensa de los intereses comunitarios de las parcialidades indígenas de la Ciudad de México.
Destaca la importancia que para la historiografía mexicana del siglo XIX tiene quien desde diversos órdenes de gobierno trató de mediar entre las políticas anticomunales y los intereses de las comunidades de origen mesoamericano, para que libraran, en la medida de lo posible, «el arduo y difícil tránsito hacia la privatización de sus tierras».
Chimalpopoca, dice el autor, nació en San Pedro Tláhuac, «o Cuitláhuac, como él prefería llamarlo», y de quien encontró su fe de bautismo en el Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol en el libro trece, que lleva por título «Bautismos de Yndios pertenecientes a este Curato», el cual abarca los años de 1801 a 1806, por lo que concluye que Faustino José Galicia Luna nació el 15 de febrero de 1802 en Tecaxic, sitio localizado en el antiguo barrio de Ticic, actual barrio de San Miguel.
Nobleza indígena
Faustino descendía de los primeros tlatoque ~gobernante~ de la isla de Cuitláhuac, pertenecientes a un grupo de magos~adivinos conocidos como tzompanteuctin, de los cuales uno había sido precisamente Chimalpopoca, quien alcanzó el rango de tlatoani y cuyo nombre dio origen al posterior apellido. Un familiar de este gobernante, a quien los Anales México~Azcapotzalco refieren como el «anciano rey de Cuitláhuac», emparentó con la nobleza de Tenochtitlan»; era abuelo del tercer tlatoani mexica, también llamado Chimalpopoca, hermano de otro dirigente de los tenochca: Motecuhzoma Ilhuicamina, con lo que las dinastías de Cuitláhuac y Tenochtitlan estuvieron unidas y le otorgaron a Faustino su segunda veta de nobleza indígena, apunta Martínez Díaz en su obra.

Sus primeras enseñanzas, en náhuatl
Los primeros 13 años los pasó Faustino en su pueblo natal, donde recibió sus primeras enseñanzas en náhuatl, el único idioma que conoció hasta esa edad, gracias a ser miembro de la nobleza indígena. Eso posibilitó su ingreso al Colegio de San Gregorio, en el centro de la Ciudad de México, creado en el siglo XVI con la finalidad de educar a los indios y, de manera especial, a los hijos de los pipiltin.
Posteriormente, en 1822 Chimalpopoca obtuvo el grado de licenciado en jurisprudencia, pero sólo para desempeñarse en el ámbito docente, por lo que para poder litigar se inscribió en el Nacional Colegio de Abogados.
A partir de 1833, explica Martínez Díaz, residió en el corazón de la capital mexicana y trabajó en el ayuntamiento de la Ciudad de México, por lo que ya sólo visitó de forma esporádica su hogar primigenio en el paraje Tacaxic del barrio de Ticic.
El 9 de noviembre de 1834 Faustino contrajo nupcias con Francisca Oscoy Romero, natural de Tlalnepantla, en la parroquia del Sagrario, adjunta a la catedral de México, con quien procreó siete hijos, desde María Agustina, nacida en 1835, hasta Concepción Felicitas, nacida en 1854.
La vida pública de Faustino
En 1849, como presidente de la Comisión de Instrucción Pública del ayuntamiento de la Ciudad, Chimalpopoca, de forma personal, imprimió su Silabario del idioma mexicano, el cual contenía una serie de consejos acerca de cómo debían comportarse los niños indígenas. En las siguientes ediciones le incorporó cuestiones de religión católica en náhuatl.

Faustino, asienta Baruc Martínez, perteneció a una de las sociedades intelectuales más importantes del México decimonónico: la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Y por su desempeño como interlocutor de las comunidades mesoamericanas, en 1855, durante uno de los gobiernos de Antonio López de Santa Anna, éste lo nombró administrador de los bienes de la parcialidad de San Juan Tenochtitlan, por ser estimado y conocedor de la situación de los pueblos indígenas.
Desde 1829 Chimalpopoca propuso que fuera abierta una cátedra de «idioma mexicano» en el Colegio de San Gregorio, pero su iniciativa no prosperó sino hasta cuatro años después, cuando se implementó la asignatura del náhuatl a cargo de él mismo. Posteriormente, durante el último gobierno de Santa Anna, fue asignado como profesor de náhuatl en la Nacional y Pontificia Universidad de México, donde fue docente hasta 1865, cuando fue clausurada de manera definitiva.
«Como conocedor de la situación política decimonónica debido a los cargos que había ocupado –señala Martínez Díaz en su obra–, sabía perfectamente que para los pueblos mesoamericanos se estaban complicando las cosas: los tiempos no pintaban nada bien ante la recurrente práctica legislativa anticorporativa y las comunidades tendrían que hacerse de los medios más adecuados para la defensa de su territorio».
En ese contexto, entre 1854 y 1860, realizó una serie de transcripciones y traducciones de los títulos de tierras de varios pueblos indígenas del centro de México. Hizo la primera transcripción de los títulos de tierras de Tláhuac, su lugar de origen, lo que a decir de Baruc Martínez, intentó «preservar la información contenida en un manuscrito antiguo, para que sirviera como fundamento testimonial de la lejana e ininterrumpida posesión del territorio comunal de Tláhuac».
Simpatizante del Segundo Imperio
Tras la entrada de Maximilano de Habsburgo a la Ciudad de México el 11 de junio de 1864, tuvo «variadas y fuertes motivaciones por la implantación del Imperio», apunta el autor de la obra, por lo que a mediados de 1863 formó parte de la llamada Asamblea de Notables, donde apoyó la idea del gobierno monárquico.
La posición privilegiada que Chimalpopoca Galicia mantuvo durante la administración imperial, le permitió gestionar beneficios para Tláhuac, un lugar que en esa época, de acuerdo con la definición de Baruc Martínez, era «poco populoso»; sin embargo, ahí fue instaurado un órgano auxiliar a semejanza de otros sitios de mucha mayor demografía como Cuautla o Chalco.
«Uno de los miembros de la junta de Tláhuac era su hermano: Atanasio G. Chimalpopócatl», anota el investigador, con lo que la política imperial también dejó sentir su influencia en la zona, debido a que algunos problemas derivados de la desamortización de sus tierras fueron visibilizados a través de las quejas que los pueblos de Tláhuac enviaron a la Junta Protectora de las Clases Menesterosas.

Su exilio en Europa
Tras el fracaso del Imperio y el fusilamiento de Maximiliano, muchos de sus seguidores fueron perseguidos por los liberales triunfantes, por lo que Chimalpopoca se refugió en primera instancia en su casa del barrio de Ticic, en Tláhuac. Pero al enterarse de que era buscado, partió rumbo a Veracruz en donde se embarcó a Francia; una vez en Europa, se exilió allá y «al parecer, Faustino regresó a México a finales de 1868 cuando las cosas ya se habían calmado», refiere el historiador.
Los últimos años de Faustino, señala, fueron de mucha productividad en cuanto a las temáticas que abordó. Sobresalen los trabajos El origen de Cuitláhuac y los Anales de Cuauhtitlan, «en un afán por presentar por separado y de forma unitaria la historia antigua de su propio pueblo», además de textos con tópicos puramente coloniales como la Historia del Colegio de San Gregorio, o del siglo XIX, como su historia en náhuatl, lamentablemente trunca, del Segundo Imperio.
El más importante intelectual indígena
Faustino Chimalpopoca Galicia. Un intelectual indígena en el México decimonónico, es el libro con el que Baruc Martínez Díaz busca hacer visible la labor de este personaje como el más importante intelectual indígena de ese siglo, y no sólo como simple copista~traductor, que es como regularmente se le había presentado. «Trató de abrir canales de comunicación entre el Estado y las comunidades indígenas», por lo que «generó vías de negociación y, al mismo tiempo y paradójicamente, ayudó a crear mecanismos de resistencia mientras contribuía a construir el nuevo rumbo de una nación que, poco a poco, iba siendo edificada de forma independiente después de tres siglos de dominio colonial», concluye. ♦

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