La tradición de peregrinar a Chalma y a Malinalco desde la Alcaldía Milpa Alta
Por Manuel Garcés Jiménez
Uno de los festejos que se convive y se confirma con Fe, Esperanza y Caridad, es a partir del 3 de enero, cuando los habitantes de los pueblos de Milpa Alta asisten con devoción en peregrinación al Santuario agustino[1] dedicado al Cristo del Señor de Chalma.
El poblado de Chalma es un lugar pletórico de historia prehispánica que nos lleva a recordar cuando «las antiguas peticiones de agua a Oztotéotl, advocación de Tezcatlipoca durante el mes de tóxcatl, persisten en las principales peregrinaciones a Chalma. Según la leyenda, entre 1537 y 1539, los frailes agustinos remplazaron la imagen de Oztotéotl en su cueva por un Cristo ennegrecido, precisamente en la pascua del Espíritu Santo»[2].

»El Cristo permaneció expuesto al culto por largos años en la cueva de la aparición. Transcurrido más de un siglo, y en atención a que la cueva resultaba insuficiente para contener a los numerosos devotos… se empezó a construir el santuario debajo de las cuevas, se terminó en el año de 1683».[3]
En Milpa Alta anualmente se cambia de mayordomía, quedando refrendado el 24 de mayo con la concelebración de la misa de coronación del mayordomo en la parroquia de la Purísima Asunción de María, Villa Milpa Alta, donde además se recibe con devoción los estandartes con una gama de imágenes de barrios y pueblos circunvecinos.

La organización de los milpaltenses da inicio el 26 de octubre, invitando a los vecinos asistir al monte a bajar la leña, es decir, la «bajada de leña» bajo la advocación de la imagen del«Leñerito». Son docenas de troncos y ramas de «madera muerta» que se concentra en el hogar del mayordomo para el combustible de los tlecuiles para las enormes cazuelas, peroles y cazos en la preparación de los alimentos para los cientos de fervientes creyentes.
Durante ese año, el mayordomo espera a los feligreses una vez al mes para asistir a los rosarios y fortalecer la fe antes de postrarse a los pies del milagroso Cristo.
La primera concentración de vecinos es la llamada «Junta», que se realiza en el hogar del mayordomo, donde los coterráneos se anotan voluntariamente en brindar apoyos al mayordomo para fortalecer la tradición religiosa. Después vendrá la «Rejunta», donde el vecino que se anotó deberá cumplir con el apoyo ofrecido, ya sea en especie o con dinero para tener lo necesario el día 3 de enero cuando se inicia la peregrinación rumbo al Santuario, con el regreso del día 10 del mismo mes. Durante el trayecto al santuario se brinda a los caminantes el desayuno y la comida sin distinción.

Durante la reunión de la «Rejunta» impera la alegría e invade el bullicio de los asistentes, quienes se anotaron con antelación bajo el compromiso moral de ayudar al mayordomo; ese día se cumple con lo prometido, ya sea en azúcar, arroz, fríjol, sal gruesa, con materiales desechables: vasos, platos, servilletas, cucharas y tenedores, son cientos de asistentes los donadores e invitados a quienes se le ofrece atole y tamales preparados en tambos (de 200 litros) y con más de 50 enormes cazos de atole, lo suficiente para que todos con la familia satisfagan el apetito, inclusive hasta se pueden llevar «el taco» a casa. Los asistentes regresan en la celebración de la segunda posada.

El 3 de enero, como a las diez de noche, se inicia la peregrinación por los devotos de San Antonio Tecómitl y las colonias de San Nicolás Tetelco; durante esa noche se van sumando los demás poblados (a excepción de San Bartolomé Xicomulco y San Pedro Atocpan)[4]. Todos van caminando rumbo al monte serpenteando caminos, veredas y atravesando sembradíos, sin temor a la oscuridad y al helado viento; van desafiando al frío de la temporada invernal. La fe religiosa es la que mueve a todos.
Durante el trayecto no existen diferencias de clases sociales, ni preferencias políticas, todo se deja a un lado, inclusive se olvidan momentáneamente de la ancestral lucha comunal, a todos los une la hermandad de Dios. Durante el camino el peregrino se reencuentra con la naturaleza y los impulsa su fe durante dos noches y dos días, hasta llegar al oratorio.

Después de cumplir con la fe y postrarse ante el Cristo, se sugiere conocer el pueblo de Malinalco[5]. Durante el trayecto al sitio histórico, ubicado a escasos once kilómetros de Chalma, se degustan las deliciosas truchas preparadas al momento.
Este lugar se remonta a más de dos mil años, cuando fue un importante centro militar y ceremonial mexica para la formación de guerreros: águila (cuauhtli) y ocelote o jaguar (océlotl) que conformaban la organización militar de los cuacuahtin. La construcción del conjunto ceremonial es singular ordenada por Ahuízotl, el octavo tlatoani mexica.

Se sugiere ascender a la zona arqueológica donde se encuentra el Cuauhcalli, «casa de las águilas» cuidadosamente labrado sobre la roca del cerro. Dos efigies de felinos custodian la base del monumento mientras que, en la parte superior, en el interior, sobresalen las figuras de tres águilas y un ocelote.
Ya que estamos en Malinalco, ¿por qué no visitar el ex convento agustino dedicado al Divino Salvador? Al ingresar recreamos la mirada en lo alto de la bóveda de medio cañón del inmueble observamos los murales que recrean un escenario paradisiaco, entrelazando el jardín florido nahua con el concepto cristiano de lo que sería la vida después de la muerte.
Vemos cómo el ex convento de Malinalco no ha dejado de formar parte de las actividades de la población de sus fiestas patronales, y con toda la cosmogonía que forma parte y sustenta sus prácticas culturales, no son sólo en edificaciones materiales, es también un patrimonio vivo que debemos conocer, trasmitir, valorar y conservar al asistir a Chalma. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
Bibliografía:
Ayala Q. Jorge (P. Fr.) Chalma: Su Señor, su santuario, su convento, sus ferias, sus danzas, sus leyendas y tradiciones. Impresora Tiolva, México, 1999.
González, Alejandra. Chalma: Una devoción agustina. Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Instituto Mexiquense de Cultura. México, 1991.
Revista Arqueología Mexicana, Núm. 178.
[1] El santuario fue levantado por la orden de los agustinos por la regla de San Agustín, quien nació el 13 de noviembre de 354 d.C, en Tagaste, provincia de Numidia, Africa, hoy Sur Ahras, en Argelia. Falleció en Hipona el 28 de agosto de 430 d.C. Pese a su origen es obscuro y envuelto en leyendas.
[2] Revista Arqueología Mexicana, Núm. 178, pág. 46.
[3] «Chalma» Fr. Jorge Ayala Q., pág. 18.
[4] Los pueblos de San Bartolomé Xicomulco y San Pedro Atocpan parten a Chalma el tercer lunes de Cuaresma para festejar el Viernes de Cuaresma en el Santuario. Otras de las peregrinaciones populosas son de los pueblos de Xochimilco, quienes la inician el 24 de agosto, día de San Agustín.

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