¿Por qué los ‘viejitos’ bajamos de lado las escaleras? ¿Hay solución?

• Los adultos mayores debemos encontramos en la situación de contar con una vida tranquila, cualquier cosa que eso signifique, y no agotar nuestra salud debatiendo cuestiones de política

Por Efrén Camacho Campos

Algunos de mis amigos, quienes hacen el favor de leer mis historias, me han preguntado por qué generalmente siempre hago relatos sobre la denominada tercera edad. En principio, les respondo, porque yo pertenezco a este grupo y, también, porque en esa capa de la población existe un filón enorme de conocimientos y experiencias que vale la pena documentar, darles contexto y, finalmente, compartirlos, como lecciones aprendidas que puedan resultar de utilidad para otros.

Pienso que los adultos mayores debemos encontramos en la situación de contar con una vida tranquila, cualquier cosa que eso signifique, y no agotar nuestra salud debatiendo, por ejemplo, sí el PRI, el PAN o Morena son mejores o peores. Y no es que debamos ponernos anteojeras, como a los burros y caballos, a efecto de «limitar la visión lateral del animal y que sólo vea hacia adelante, evitando distracciones o sustos». Pero en el caso de quienes llevamos algunos añitos ya acumulados, se entiende que el objetivo principal es precisamente el mirar hacia adelante.

Seguramente a muchos, jóvenes y viejos, les ha pasado que, al discutir de política, han perdido la amistad de seres queridos. No digo que no debamos participar de la cuestión pública, pero hay diversas maneras de hacerlo y estoy cierto que una de ellas es transfiriendo el conocimiento tácito que radica en nuestras mentes; del cual, una vez que partamos de este plano terrenal, nadie podrá sacar ventaja de él.

Dicen los que saben que hablar de política y de religión es hartamente complicado, generalmente nunca se coincide, pero la cuestión es preguntarnos si se cuenta con la información y las herramientas para analizar la realidad actual y, en consecuencia, aportar ideas que ayuden a corregir la problemática detectada. Pero, seguramente, alguien se preguntará en dónde se pueden compartir dichas ideas. Pienso, aunque no me lo crean, en ese momento cuando arrojamos una pequeña piedra al agua y se forman ondas concéntricas u ondas de agua –un círculo grande, luego uno más pequeño, luego otro, otro–, en que esas ondas pueden simular los círculos en los cuales nos desenvolvemos; el primero la familia; el segundo, la escuela; el tercero, las amistades, luego la comunidad y así sucesivamente. Es en el de la familia donde todo inicia, porque no solamente es satisfacer las necesidades primarias de los hijos. Lo ideal, en lugar de perder el tiempo viendo la televisión, darnos la oportunidad de compartir lecturas y en una especie de sesiones de participación y colaboración, ir creando la disciplina no nada más de aprendizaje, sino también de crítica a nuestro entorno. ¿Qué puede suceder? El tiempo lo dirá al contar con más personas mejor informadas, lo que seguramente permitirá acceder en lo futuro a otros estadios de desarrollo, en beneficio de todos.

No me queda duda que los medios masivos nunca han sido la mejor opción para estar informados, sino la lectura de autores reconocidos, aunque una amenaza constante son los precios de los libros, pero hay que recordar que las bibliotecas públicas son una magnífica alternativa para satisfacer nuestras necesidades de conocimiento.

Una disculpa por la digresión, regreso a la pregunta inicial. Hace unos días, tuve la oportunidad de estar junto con la familia en la playa, disfrutando de un descanso necesario para fortalecernos. Me llamó mucho la atención que en esta ocasión coincidí con una buena cantidad de adultos mayores, quienes decididamente disfrutamos de la naturaleza, el mar, el viento, la comida, entre otras cosas. Sin embargo, me percaté que todos subíamos y bajábamos de lado las escaleras del hotel, lo que inevitablemente me hizo sentir un poco devaluado, porque es algo que hago ya de manera rutinaria, por lo que regresando a casa me puse a investigar un poco sobre qué podemos hacer a efecto de paliar en algo esta condición, dirán algunos propia de la edad.

Pues resulta que los adultos mayores solemos bajar las escaleras de lado, «porque así se logra una mayor estabilidad y se reduce el riesgo de caídas, especialmente cuando tienen debilidad muscular, dolor en las rodillas o problemas de equilibrio. Este movimiento les permite apoyarse mejor en el pasamanos y distribuir el peso de forma más segura».

En tanto, la Enciclopedia Médica (Datos clave: Caídas en personas mayores. Manual MSD versión para público general) menciona que los «viejitos que bajan de lado las escaleras pueden enfrentar un mayor riesgo de caídas debido a cambios en la postura y marcha que son comunes con la edad. Estos cambios pueden incluir debilidad muscular y alteraciones en las articulaciones, lo que puede llevar a una mayor probabilidad de caídas y lesiones. Además, se estima que al menos un tercio de los adultos mayores de 65 años sufre caídas al menos una vez al año, lo que resalta la importancia de la prevención y el manejo adecuado de estos riesgos».

Asimismo, las fuentes consultadas, estipulan que bajar las escaleras de lado no es una manía, sino una estrategia adaptativa que los adultos mayores usan para compensar la pérdida de fuerza, el dolor articular y el riesgo de caídas. Es una forma práctica de cuidar su seguridad y autonomía.

En consecuencia, recomiendan una guía de ejercicios específicos que se pueden aplicar en casa o al aire libre, a efecto de fortalecer piernas, el equilibrio y la movilidad, para que los adultos mayores podamos bajar las escaleras con más confianza, la cual consiste en:

Ejercicios aeróbicos básicos

  • Caminar: Paseos de 15-30 minutos diarios a ritmo cómodo. Mejora circulación, corazón y estado de ánimo.
  • Bicicleta estática o caminata en el lugar: Alternativa para quienes no pueden salir.
  • Baile ligero: Ritmos suaves que fortalecen piernas y favorecen coordinación.

Ejercicios de fuerza

  • Sentarse y levantarse: Fortalece piernas y glúteos. Haz 10 repeticiones, descansando entre series.
  • Levantamiento de talones: De pie, elevar lentamente los talones. 10-15 repeticiones para mejorar estabilidad.
  • Ejercicios con bandas elásticas: Trabajan brazos y espalda sin sobrecargar articulaciones.

Ejercicios de equilibrio y coordinación

  • Tai Chi: Movimientos lentos que reducen riesgo de caídas y mejoran concentración.
  • Equilibrio sobre un pie: Con apoyo de una silla, levantar un pie unos segundos.
  • Marcha nórdica: Caminar con bastones, ideal para quienes buscan apoyo adicional.

Ejercicios de flexibilidad y movilidad

  • Estiramientos suaves: Cuello, hombros, espalda y piernas. Hazlos despacio, sin rebotes.
  • Movilidad articular: Rotaciones de brazos, flexión de tronco lateral y hacia adelante.
  • Yoga adaptado: Posturas sencillas para mejorar respiración y relajación.

Finalmente, siempre es conveniente consultar al médico antes de iniciar una rutina, usar calzado cómodo y superficies seguras, evitar ejercicios bruscos o con dolor, progresar poco a poco en intensidad. Y agregaría uno más, que es lo que práctico regularmente: leer, escribir y bailar. ¡Hasta la próxima! ♦

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