El juego de pelota en Tula y su movimiento divino en Museo de Sitio
Una exploración del significado cosmogónico y político del ritual mesoamericano más reconocido es la que brinda la exposición El juego de pelota en Tula. El eco del movimiento divino, al abordar la importancia de los espacios donde se llevaba a cabo y sus particularidades en la antigua ciudad de Tollan Xicocotitlan que, durante su apogeo, entre 900 y 1150 d.C., contó con una población de 120,000 habitantes.
Durante el recorrido guiado tras la inauguración oficial, el arqueólogo Luis Manuel Gamboa Cabezas detalló que el propósito de la exposición, apoyada también por especialistas de los museos del Templo Mayor y Comunitario Atotonilli, así como por Fomento Cultural El Ayate AC, es divulgar cómo el ullamalizli fue, ante todo, una representación material del equilibrio del universo y el movimiento de los astros.

De eso dan cuenta fuentes como el Códice Borgia, del cual se reproduce la Lámina 42, en la que aparece la figura de una calavera o un astro que golpea las paredes, simbolizando la transición entre la vida y la muerte. Asimismo, una imagen labrada en una pilastra del Edificio B de Tula, donde las deidades Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, el día y la noche, evocan el juego de pelota.
Explicó que en suelo hidalguense se han localizado evidencias del ceremonial en sitios arqueológicos de las regiones Huasteca y Altiplano, como Tecacahuaco y Cerro del Ponzha, en Ajacuba. Se sabe que su práctica continuó, incluso, durante el virreinato, coexistiendo con cruces y danzas cristianas.
Gamboa Cabezas anotó que el término tlachtli designaba la cancha o recinto arquitectónico rodeado de muros, y en Tula hay dos: una, al oeste de la plaza principal, que simboliza el camino al Mictlan, de ahí que sus nueve escalones interiores representan los niveles del inframundo; y el teotlachtli o campo de los dioses, donde se realizaban ritos y sacrificios humanos para mantener el equilibrio cósmico, como hace suponer la presencia de un altar central, fragmentos de un Chac Mool y su cercanía con el tzompantli.

El Juego de Pelota en Tula. El eco del movimiento divino se complementa con piezas como la representación de un jugador de pelota, una pelota de caucho, el emblema de un felino tallado en piedra, una espiga con marcador (elemento portátil que era usado para los juegos en campo abierto) y un cráneo con signos de decapitación, asociado al ritual, procedente de un salvamento arqueológico realizado en 2018, en la Colonia 16 de Enero, de Tula de Allende.
Con los resultados de la más reciente investigación
La muestra da a conocer los resultados de la investigación más recientes sobre este tema, y forma parte de las actividades culturales y artísticas desarrolladas por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), vinculadas con la Copa Mundial de Futbol 2026.
Durante la inauguración, el director del Centro INAH Hidalgo, Manuel Villarruel Vázquez, expresó que la exhibición, presente desde este fin de semana y durante el resto del año en el Museo «Jorge R. Acosta» de la Zona Arqueológica de Tula, acerca al público interesado a esta práctica sagrada, parte fundamental de la vida social y simbólica mesoamericana.

La zona arqueológica recibe 120 mil visitantes al año
En su intervención y tras destacar que en este municipio se preserva el segundo juego de pelota más grande de la antigua Mesoamérica, el edil de Tula de Allende, Cristhian Martínez Reséndiz, dijo que el sitio patrimonial recibe más de 120,000 personas al año, siendo uno de los más visitados del país.
A su vez, la munícipe de Atotonilco de Tula, Yocelyn Tovar Mendoza, resaltó que la pieza estelar de la exposición es un aro de pelota monumental, del periodo Posclásico Tardío (1350-150 d.C.), hallado en el siglo XIX, en el atrio de la parroquia de Santiago Apóstol, por lo que agradeció al Centro INAH Hidalgo las tareas de restauración llevadas a cabo en este elemento patrimonial que, espera, retorne pronto a su lugar de origen. ♦

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