Mixquic, el culto a los muertos y la tradición de las calaveritas literarias
Cronista de las tradiciones populares de Mixquic, el texto que presentamos y que queda dentro de las calaveritas literarias y la sátira política, es de la autoría del licenciado Luis Armando Jiménez Bernal, demuestra que poseía un conocimiento profundo y de primera mano sobre la festividad del Día de Muertos en su comunidad.
No escribe como un observador externo, sino como un habitante orgulloso que usa el gentilicio («signo de mixquenses sabios») para describir detalles muy específicos del lugar, tales como las trajineras y las chinampas (estilo de cultivo local); la llegada de las almas de los niños exactamente a medio día el 31 de octubre y el guiso tradicional de la región conocido como «Chacualole» (un dulce a base de calabaza), hasta la culminación del culto con la alumbrada en el singular panteón de la localidad.
Las estrofas XIV y XV son fundamentales para fechar la obra, permitiéndonos ubicar la redacción de este poema a mediados de la década de 1990 por las menciones que hace de Carlos Salinas, Bill Clinton, de Telmex y la Lada y las Afores.
Luis Armando Jiménez Bernal representa al clásico autor comunitario mexicano: un hombre instruido que utilizó la poesía y la métrica popular para documentar con fervor religioso y orgullo las tradiciones de su pueblo, sin perder el sentido del humor pícaro y crítico ante la realidad política que vivía su país. La calaverita literaria que proporcionó el cronista Rodolfo Cordero López a la Revista Nosotros a fines de los años 90, eran comúnmente distribuidas de mano en mano, leídas en escuelas locales o compartidas entre los vecinos durante las festividades de noviembre.
Mixquic: culto a los muertos
I
En esta gran ocasión,
les ofrezco a mis ancestros
con respeto y devoción,
algo que me nace dentro,
muy dentro del corazón;
«un verso para los muertos».
II
Como lluvia en el desierto,
como luz en bella tarde,
como un fabuloso concierto
nuestros corazones laten,
y es que amamos a los muertos,
como al prójimo y al padre.
III
Con orgullo mexicano,
se los digo a todos juntos,
olviden ritos paganos,
no lo tomen como insulto,
porque el culto más sagrado,
¡es de mis Fieles Difuntos!
IV
Los abuelos me contaban,
muchas hermosas historias,
decían que del Mictlán bajaban,
otros decían: ¡del Tlalócan!
Ellos hincados rezaban,
el rosario con sus glorias.
V
Los de aquí nos esmeramos,
a cultivar nuestra tierra,
al cempoaxóchitl sembramos,
¡flor por demás chinampera!
Signo de mixquenses sabios,
¡símbolo de realeza!
VI
Este culto da comienzo
de octubre el día treinta y uno,
es inmortal, es inmenso,
es bello como ninguno,
mezclando copal e incienzo,
mezclando olores entre humo.
VII
En el altar principal,
pondremos agua con flores
además de cera y sal,
pan y dulces de sabores,
que juntas disfrutarán,
las almas de los menores.
VIII
La flor blanca es inocencia,
el agua nos da la vida,
la sal ha sido la escencia
de la bondad renacida,
el pan hecho con paciencia.
¡La más sagrada comida!
IX
Noviembre trajo consigo
a través de larga espera,
a el alma del fiel amigo
que en vida fue muy sincera.
Mixquic le brinda su abrigo
entre bellas trajineras.
X
Daremos la bienvenida,
con estampas mexicanas,
entran las almas queridas,
a esta tierra que las ama
a punto del medio día,
repican nuestras campanas.
XI
La ofrenda está tapizada
de frutas y manteles,
rebozo a la mujer amada,
Cempoaxochitl y claveles,
al hombre comida guisada
«Chacualole» con sus mieles.
XII
Llegada la obscura noche,
con sus brillantes luceros
los niños hacen derroche,
de cantos muy placenteros,
cerrando el primero con «broche».
¡Se escucha tu voz campanero!
XIII
El culto terminará
en el hermoso panteón
del Teponaxtle se oirá,
una mística canción,
las velas se encenderán.
¡Culmina la tradición!
XIV
La muerte está encanijada,
pasa muchos sin sabores,
primero, Telmex con «Lada»,
hoy, las malditas «Afores»,
mejor se declarara exiliada
de Clinton y sus mentores.
XV
Se murió Carlos Salinas
ya lo llevan a enterrar,
la «procu» con sus madrinas
no dejan de lloriquear,
les daba buenas «propinas»
por dejarse extorsionar.
Autor: Lic. Luis Armando Jiménez Bernal. ♦

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