La culebra de agua que en 1935 marcó la historia de San Pedro Atocpan
Por José Cuaxospa
La tarde del tres de junio de 1935, el cielo se oscureció sobre San Pedro Atocpan. Lo que comenzó como una intensa lluvia pronto se convirtió en uno de los episodios más trágicos que recuerda la memoria del pueblo.
Los antiguos la llamaron la «culebra de agua».

Una enorme corriente de agua, lodo y piedras, descendió desde los montes con una fuerza devastadora, arrasando cuanto encontró a su paso.
El miedo se apoderó de las calles; los gritos, la angustia y la incertidumbre acompañaron a las familias que veían cómo la naturaleza transformaba su vida en cuestión de minutos.

La tromba dejó destrucción y dolor, pero también puso a prueba el espíritu de una comunidad acostumbrada a resistir la adversidad.
Aquella tragedia evidenció la vulnerabilidad de San Pedro Atocpan frente a los fenómenos naturales, pero también la fortaleza de su gente para levantarse de nuevo.
Con el apoyo del presidente Lázaro Cárdenas, recordado cariñosamente por muchos como «Tata Cárdenas», comenzó la reconstrucción.

Poco a poco, entre el esfuerzo colectivo y la solidaridad, el pueblo volvió a ponerse de pie.
Hoy, a más de nueve décadas después, el recuerdo de aquella tromba sigue vivo. No sólo como una tragedia del pasado, sino como una historia de resistencia que ha sido contada de generación en generación por abuelos y bisabuelos.
Porque mientras exista quien la recuerde, la culebra de agua de 1935 seguirá formando parte de la identidad y la memoria histórica de San Pedro Atocpan. ♦
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* José Cruz Cuaxospa Velázquez es maestrante en Educación Ambiental por la UACM y politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Asesor técnico ambiental de la Corenadr, de la Secretaría de Desarrollo del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México. Colaborador de la Revista Nosotros

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