Pascual Nieto R., Coronel de Caballería, nativo de San Gregorio Atlapulco

• Fueron numerosas batallas en contra de los «pelones» donde el revolucionario Pascual Nieto demostró su valor, situación que le valió sumar méritos en campaña hasta alcanzar el grado de Coronel de Caballería del Ejército Libertador del Sur

Por Manuel Garcés Jiménez*

El proverbio popular dice: Dios nos hace, nosotros nos juntamos, y viene a colación por la amistad que llevo con Félix Venancio González, oriundo del pueblo de San Gregorio Atlapulco, Alcaldía Xochimilco, a quien estimo por involucrarse en la cultura de su tierra natal a través de diversas investigaciones, pláticas y su archivo personal, donde resguarda la vida y obra de su paisano, el coronel Pascual Nieto R., de quien me obsequió interesante material acerca de la vida de uno de los personajes revolucionarios olvidados por la historia oficial, y al que ahora me refiero.

Al respecto, Félix Venancio González señala que «en los tiempos de Porfirio Díaz los campesinos sufrían injusticias, vejaciones y maltratos de los hacendados; el poder y las riquezas estaban en manos de pocas familias. El pueblo estaba harto de tanta injusticia, pero toda persona que se atrevía a protestar era masacrado o castigado con destierros o prisión».

En el pueblo de San Gregorio Atlapulco nace Pascual Nieto el 17 de mayo de 1875, en una humilde choza hecha de adobe y techo de tejamanil; sus padres, don Pablo Nieto y doña Genoveva R., se sentían orgullosos de haber tenido un hijo varón, pero tristes a la vez por el destino que le esperaba. No se imaginaban que ese niño sería uno de los pilares en que se basó la Revolución Mexicana, por hombres que lucharon en contra del gobierno corrupto de Porfirio Díaz Mori, aún a costa de su propia vida.

De joven, Pascual Nieto aprendió las labores del campo; su vestimenta se componía de calzón y camisa blanca; huaraches y sombrero. Su alimentación la componían frijoles, chile y tortillas; su horario de trabajo constaba de entre 12 a 14 horas diarias; su pensamiento era que algún día la tierra que trabajaba él y su padre fuera de su propiedad.

Durante la jornada, el capataz de la hacienda gritaba a los peones ¡indio ratero!, ¡indio huevón!, mientras golpeaba con la cuarta a un hombre cuyo delito había sido tomar un cuartillo[1] de maíz para llevar de comer a su familia, y cuando ya estaba a punto de matarlo apareció un joven que se atrevió a defender a ese indio golpeado por un lacayo del hacendado. Ese joven era Pascual Nieto, quien viendo cómo la gente de su misma raza era golpeada, humillada y masacrada se rebeló y al frente de un puñado de hombres valientes de su pueblo, San Gregorio Atlapulco, acompañados de sus heroicas mujeres, se dirigió al estado de Morelos para luchar al lado del caudillo, general Emiliano Zapata Salazar.

Fueron numerosas batallas en contra de los pelones donde el revolucionario Pascual Nieto demostró su valor, lo que le valió sumar méritos en campaña hasta alcanzar el grado de Coronel de Caballería del Ejército Libertador del Sur

Los diversos grados que alcanzó fue debido a su ímpetu y aguerrida lucha contra los acaparadores de la tierra.

He aquí la cronología de sus ascensos, de 1911 a 1914:

El siete de abril de 1911 se dio de alta como soldado raso. El 10 agosto como Cabo. El 15 de octubre de ese mismo año ascendió a Sargento Segundo. El 26 de diciembre fue nombrado Sargento Primero.

Al siguiente año, 1912, el 28 de enero ascendió a Sub Teniente. El 13 de marzo logró el grado de Teniente. El 19 de mayo el de Capitán Segundo. El cuatro de julio obtuvo el grado de Mayor.

Posteriormente, en 1913, el 18 de junio alcanzó el grado de Teniente Coronel de Caballería y, finalmente, el 31 de mayo de 1914, el de Coronel de Caballería.

Con el grado de Coronel tomó parte en la campaña contra la dictadura de Porfirio Díaz y la usurpación de Victoriano Huerta.

En 1917 y debido a heridas de balas, pidió licencia ilimitada para su rehabilitación. Al recuperarse se dedicó a las labores del campo habiendo logrado sus anhelos de Tierra, Justicia, Ley y Liberta, así como haber logrado el lema zapatista de La tierra es de quien la trabaja.

El coronel Pascual Nieto lejos de retirase a descansar, se dedicó a la lucha agrarista, logrando repartir la tierra en el ejido de su amado pueblo, y que el mismo repartió. Falleció en la tierra que lo vio nacer en el año de 1980, a la edad de 105 años, en la extrema pobreza[2].

Al respecto, por considerarlo de interés transcribimos la entrevista que se le hizo al coronel Pascual Nieto R., la cual fue publicada en la Revista Revolución Mexicana. Crónica ilustrada del mes de julio de 1967, número 49.

El Coronel de Caballería Pascual Nieto R. con su familia. Fotografía proporcionada por don Félix Venancio González, restaurada con IA

El testimonio del revolucionario

—«Conocí al padre de Emiliano Zapata cuando éramos peones, allá por los finales del siglo pasado, ganábamos veinte centavos diarios. Se llamaba Gabriel Zapata, recuerdo que cierta vez un capataz de la hacienda de Huacalco de Morelos donde trabajábamos, nos dio de chicotazos porque dejamos sin cortar una mazorca de la mata de maizal donde andábamos recolectando.

»Pasó el tiempo, hasta que me levanté en armas en mi mismo pueblo a favor de don Francisco I. Madero. Ya para entonteces era amigo de Emiliano Zapata. Éramos casi de la misma edad y como los dos andábamos levantados en armas, me decía: ‘Mira, Pascual, si tú mueres, yo veré por tus hijos; y si yo muero, tú harás lo mismo con los míos. Porque ahora están muy chiquitos y si crecen sin padre, o sin el que haga veces de su padre, no podrán ser hombres formales’.

»Después del cuartelazo a don Francisco I. Madero, el general Francisco Mendoza Palma nos dijo que nos reuniéramos para estar listos y Genovevo de la O, Amador Salazar, Encarnación Díaz Barona y Eufemio Zapata, conferenciaron con el general Emiliano Zapata para repartir la gente.

»Yo me fui para Puebla con el general Francisco Mendoza Palma, que ya tenía cuatro mil hombres. Tiempo después Victoriano Huerta nos mandó atacar con ocho mil ‘pelones’, y aunque luchamos, fuimos derrotados. Cuando se sacó recuento nada más quedábamos como dos mil; entonces nos retiramos hacia el estado de Morelos, pero en la travesía al pueblo de Tlayacapan nos topamos con los ‘pelones’ a los que obligamos a retirarse a Cuernavaca, donde les sitiamos.

»Entre los que estaban dentro, se contaba el entonces gobernador Pedro Ojeda. El general Emiliano Zapata reunió a sus jefes para ver cómo se había de tomar el cañón que tenía instalado Pedro Ojeda en el cerro de la Herradura y que nos impedía avanzar sobre la ciudad. Me encargaron a mi el ataque y me dijo el general Emiliano Zapata que, si lo conseguía, yo era entonces capitán, me ascendía al grado superior. Me preparé, y a las once de la noche avanzamos con balazos, cuernos y gritos, haciendo mucho ruido para que creyeran que éramos muchos, y después de una hora y media de tiroteo logramos tomar el cañón.

»Le pusimos al cañón El Niño y al artillero que lo atendía lo respetamos para que nos enseñara cómo se manejaba; y así fue como a la mañana siguiente, empezamos el bombardeo de la ciudad de Cuernavaca, Morelos.

»Al entrar en la ciudad –yo iba herido– fui nombrado comandante Militar de la Plaza por unas horas, por los generales Genovevo de la O y Antonio Barona, por haber sido uno de los que le quitaron el cañón a Pedro Ojeda.

»Después atacamos a Villa Milpa Alta, aquí cerquita de la capital, donde también hicimos correr a los federales. Más tarde, entramos en México, todavía me acuerdo como si fuera hoy; iba yo a la derecha de mi general Encarnación Díaz Barona…»[3]

La historia de la Revolución de 1910 a 1917, esto es, la gesta zapatista, sigue resguardada en archivos de las familias de revolucionarios de las alcaldías de Milpa Alta, Xochimilco, y Tláhuac. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.


[1] Medida cuadrada de madera que servía para medir las semillas, en especial el grano de maíz que equivale aproximadamente a un litro.

[2] Datos tomados del archivo del General de División Genovevo de la O y del General Francisco Mendoza, Jefe de Archivo Militar, 1948.

[3] Testimonio Viviente, abril de 1967.

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