El libro en el tiempo, al menos hasta la llegada de la Inteligencia Artificial (IA)

• El libro cada vez está en el olvido, las bibliotecas se encuentran solitarias ante el embate de la tecnología de los dispositivos en celulares y lo que conlleva a la IA

Por Manuel Garcés Jiménez*

A través del tiempo, los libros representan los depósitos del saber humano en todas las áreas del conocimiento, perfilándose, como los mejores amigos de la humanidad, pues son una prolongación de los alcances infinitos de la memoria humana que pueden guardar y tener tan puntual la información, además, nos trasmiten emociones, lecciones, historias y datos. A los libros nada ni nadie los supera en lealtad, pues si bien los humanos cambiamos a menudo de parecer, los libros nos esperan y nada creado hasta ahora, los supera, son aportes valiosos de la información a través del tiempo y el espacio.

Volteemos a ver al libro que tiene una vida de muchas décadas de años. Y ahí están, silenciosos, pero sabios nos esperan para ayudarnos en cuanto los necesitamos.

Los textos maravillosos hasta hoy siguen siendo uno de los inventos más trascendentales del hombre, nos pueden emocionar con la poesía, nos impresionan con alguna historia, nos conmueven con una novela o nos sobrecogen con fórmulas desde la alquimia hasta nanotecnología, la química, la matemática básica hasta el cálculo integral.

En fin, estos pueden transportarnos decenas, centenas y millares de años hacia atrás, que es lo que más nos interesa en tanto su historia o hacia el futuro. En cualquier caso. Pueden allegarnos experiencias, actos y procesos de todo el mundo y de todos los tiempos; refrescan en todo momento lo que nuestra frágil memoria va olvidando y de todo nos deja aprendizaje y de todo nos puntualiza. Son los amigos sabios que nos depositan su saber.

Estos saberes, en nuestra actividad, no se quedan egoístamente en nuestra biblioteca y menos en nuestro cerebro. El cronista nace de suyo con talento nato para receptar las experiencias, las transforma, las imprime y generosamente, las difunde para dar a conocer el pasado y el presente a través de la historiografía. Nos queda claro que los libros no pueden curar una enfermedad, pero si sostienen una vasta experiencia humana, son los civilizadores por antonomasia.

Nos queda claro que el hombre no se conforma con agua para mitigar su sed o con el pan, para saciar su hambre, requiere aún más. Busca afanosamente la belleza, la esperanza, la ilusión. Se conmueve ante hechos y procesos nobles, se hace mil preguntas y pocas puede contestar porque está limitado; pero sin esa imaginación, sin esa creatividad, sin ese aprovechamiento de los libros, el hombre no deja de distinguirse de los demás seres vivos, particularmente de los animales.

Tal vez me quede corto en hacer un elogio al libro y, por tanto, de la cultura. los cronistas somos hacedores de libros y toda la sociedad al menos comprende, o al menos intuye el alto valor de los textos. Es por ello, el cronista es un ciudadano más para salvaguardar la memoria de los pueblos.

No cejaremos en dar a ustedes las obras que alimenten nuestro conocimiento, Hacemos los cronistas lo más grandes de los sacrificios para que cada poblado tenga en sus manos las obras de nuestras raíces donde la lengua náhuatl deberá estar presente, el primer paso ya se dio con la elaboración del catálogo de las doce bibliotecas de cada poblado de Milpa Alta con más de 60 títulos con diversos temas desde lo prehispánico a la inteligencia artificial.

Los libros siguen y seguirán vigentes en todo el mundo, retomemos algunos que han trascendido a través del tiempo: La Biblia, la más distribuida y leía; Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, con más de 500 millones de ejemplares vendidos; Harry Potter, de J.K Rowilng, también con más de 500 millones de ejemplares vendidos; El Señor de los Anillos, de J.R. Tokkien, con más de 150 millones de ejemplares; Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll con más 100 millones vendidos, y Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, con más de 50 millones de ejemplares vendidos.

Hablar del libro conlleva a la vez la comprensión de la lectura, tema acorde ante el regreso a las aulas de más de 23 millones de niñas, niños y adolescentes, acompañados por cerca de 1.2 millones de maestras y maestros para el ciclo escolar 2026-2027, con la Nueva Escuela Mexicana. Además, ante el panorama de fomentar a los estudiantes el amor al libro, hace varios meses las autoridades federales y la Secretaría de Educación Publica, tienen como objetivo sistematizar las percepciones, experiencias y prácticas cotidianas del magisterio respecto al uso indebido de la tecnología digital por parte de nuestras infancias y juventudes.

Es bien sabido por todos nosotros que el libro cada vez está en el olvido, las bibliotecas están solitarias ante el embate de la tecnología de los dispositivos en celulares y lo que conlleva a la Inteligencia Artificial (IA), es por ello que las autoridades se dieron a la tarea de consultar a maestras y maestros acerca de cómo lograr que los infantes, adolescentes y jóvenes, vuelvan a la lectura de los libros que conlleva a la comprensión, el entendimiento, análisis y reflexión de lo que se lee. Hábitos que se han perdido como consecuencia del uso excesivo de los dispositivos donde prevalece la falta de atención al docente, ocasionando el nulo aprendizaje, la falta de convivencia y el bienestar emocional de los alumnos.

Ante la proliferación de uso de celulares y pantallas en los centros escolares, recientemente se organizó en los planteles educativos el programa «La vida frente a la pantalla». El impacto de los dispositivos digitales en las infancias, adolescentes y juventudes mexicanas se concluye de una responsabilidad compartida que no sólo recae en la escuela, sino en todos los actores de la sociedad donde los padres de familia son el factor determinante del inicio de la educación del infante.

En el citado programa participaron más de medio millón de docentes confirmando una realidad innegable: los dispositivos digitales ya forman parte integral de la vida cotidiana de los estudiantes, y de manera creciente, de la dinámica escolar.

El uso de las tecnologías digitales no consiste únicamente en prohibir o imponer medidas de manera tajante, sino en construir un camino colectivo de formación de conciencia que permita avanzar hacia una Cultura Ciudadana digital.

Actualmente existen 17 entidades federativas que cuentan con alguna regulación de plataformas digitales que permitan un uso responsable, consciente y seguro de estas tecnologías en los espacios educativos. A nivel nacional los resultados fueron favorables durante la consulta para el uso y regulación de dispositivos digitales, considerando necesario avanzar hacia una regulación clara de su uso, acorde con la edad de los estudiantes, así como establecer protocolos para prevenir y atender situaciones de riesgo relacionadas con dispositivos y redes sociales.

Respecto a la IA, esta pasó de ser una novedad tecnológica a convertirse en novedad de la actual tecnología que avanza a grandes pasos entre los estudiantes de todos los niveles.

El caso salta a la vista cuando vemos que no existen las condiciones necesarias para utilizar de manera crítica a la IA, donde no todas las escuelas cuentan con la misma conectividad, no todos los docentes tienen acceso permanente a internet ni tampoco todos los estudiantes disponen de computadoras, teléfono o servicios digitales de pago. Hablar de la IA como si las condiciones tecnológicas fueran iguales para todos, puede profundizar desigualdades que ya existen en nuestro sistema educativo.

Para utilizar críticamente la IA se necesitan muchas de las habilidades que podemos dejar de desarrollar cuando abusamos de ella. Una herramienta capaz de resumir un texto puede resultar extraordinariamente útil, pero si un estudiante todavía no sabe identificar las ideas principales de una lectura y delega esa tarea a la inteligencia artificial, el resultado puede ser correcto, mientras el aprendizaje nunca ocurre.

Lo mismo sucede con la escritura. Una inteligencia artificial puede redactar un ensayo, corregir un párrafo o construir una argumentación en pocos segundos, pero para saber si ese texto es adecuado, se necesita comprender lo que dice, identificar contradicciones, reconocer argumentos débiles, revisar fuentes, comparar información y relacionar las respuestas con la realidad.

En otras palabras, para utilizar bien una herramienta que puede leer, escribir, resumir y argumentar por nosotros, primero necesitamos aprender a leer, escribir, resumir y argumentar.

Resulta insuficiente repetir que las y los estudiantes deben utilizar la IA de manera crítica, ética y responsable. El pensamiento crítico no aparece automáticamente cuando alguien aprende a escribir, un buen texto se construye leyendo, escribiendo, contrastando información, argumentando y, sobre todo, analizando la realidad.  

Concluimos. Antes de utilizar la IA está la lectura en los libros, la escritura, la comprensión, la argumentación y el análisis de la realidad; enseñar a utilizar críticamente la IA también significa enseñar cuándo utilizarla, para qué utilizarla y, quizá lo más importante, cuándo es mejor prescindir de ella.     

Decía Rubén Darío, poeta nicaragüense (1867-1916): «El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor». ♦

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Tema expuesto en la Primera Feria del Libro en la Alcaldía Milpa Alta, septiembre de 2026.

* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

Datos tomados de «La prisa por llevar la inteligencia artificial al aula», La Jornada, viernes 28 de agosto de 2026.

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