Los maestros, víctimas de «ciberbullying» por parte de alumnos
Por Manuel Garcés Jiménez
Cursé la primaria y secundaria a finales de la década de los años cincuenta cuando se tenía que asistir a la ciudad de México a consultar el acervo bibliográfico en bibliotecas del Centro Histórico. En los pueblos no existían teléfonos de línea, fue la época del cumplimiento con las tareas, en caso de carecer de los conocimientos básicos el estudiante reprobaba el año, es decir no pasaba al siguiente grado, lo cual aparecía en la boleta de fin de cursos como: reprobado.
Durante ese tiempo no teníamos beca, solamente se otorgaba a estudiantes aplicados, que mantenían el promedio de diez de calificación. Fueron niños pródigos y responsables que se les premiaba al terminar su primaria con un recorrido por La Ruta de Hidalgo. El maestro o maestra revisaba o preguntaba la tarea, a cada niño calificando el cuaderno plasmando desde un cero en caso de no cumplir o mal hecha, y el diez a los cumplidos. Si no se contestaba en clase o, daba mucha lata el maestro le daba coscorrones en la cabeza (con el puño cerrado), o con el borrador con los dedos juntos de la mano, además se le jalaban las orejas o con una vara de palo dulce, se recibían uno o dos varazos en las piernas, ya sea por burro o por latoso. De ahí el dicho común de aquellos años que decía: La letra con sangre entra, la actitud del docente no era mal vista, fue parte de una educación severa, pero efectiva de aquellos años.
La vida escolar es de recuerdos inolvidables donde el maestro, además, enseñaba actividades de artesanía, elaboración de frutos de mermeladas, dulces cristalizados, mapas de la República Mexicana iluminadas con pintura vinci, se enseñaban los bailes regionales, rondallas, la oratoria, la poesía y el canto, así como la elaboración de periódicos murales. Trabajos que se presentaban en la Feria Regional del 15 de agosto en la Primaria José María Morelos de Milpa Alta.
¡Gracias! ¡Mil gracias a mis maestros de educación básica! A quienes me enseñaron los conocimientos básicos, como consejos y orientaciones, además, cómo escribir con la letra manuscrita, la ortografía y la comprensión de la lectura, así como el comportamiento social, ¡Gracias, muchas gracias a mis apreciables maestros! A los ínclitos Quintil Villanueva Ramos, Carlos Villanueva, Alfredo Yescas Abad y Juan Palomo Martínez, entre otros que recuerdo con aprecio.
Actualmente, las cosas han cambiado totalmente de ese panorama descrito, ahora los alumnos tanto de primaria y secundaria son super protegidos por sus derechos, ya no reprueban el año escolar, todos pasan automáticamente, además con el actual gobierno de la Transformación tienen apoyo con becas, como: Rita Cetina y Benito Juárez, los niños de primaria reciben 2 mil 500 pesos anuales para útiles y uniformes. En secundaria se les apoya con la Beca de mil 900 pesos bimestrales y en Media Superior la Beca Benito Juárez de mil 900 pesos bimestrales.
Volviendo a la época dorada donde el papel del maestro fue de respeto y de autoridad moral, factor fundamental en el desarrollo cultural, económico, científico, tecnológico, deportivo y social del país, aspectos trascendentales que dio motivo que el 3 de diciembre de 1917 se instituyera como el Día del Maestro con un decreto mediante el cual el presidente Venustiano Carranza declaraba el 15 de mayo «día oficial» donde se suspenderían actividades escolares, y en todos los planteles de país se organizaran ese mismo día festividades culturales que pongan de relieve la importancia y nobleza del papel social del maestro. No fue para suspensión de labores, ni realizar festines.
La historia de la educación en México se formalizó durante el México post revolucionario del presidente de la República Álvaro Obregón a quien nombra como al primer secretario de Educación Pública, al filósofo José Vasconcelos, quien impulsa la educación a través de las cruzadas educativos en todo lo largo y ancho del país que tenía el propósito de alfabetizar a la población en general.
Lo interesante es saber que a pocos años de ese ordenamiento llegó a nuestro país la maestra y poeta chilena Gabriela Mistral para sumarse y contribuir a las grandes cruzadas educativas del país.
Durante el periodo de don Porfirio Díaz los planteles de educación básica fueron aumentando a medida que la población infantil crecía donde la escolaridad de primaria quedaba dividida en dos partes; de 1° a 4° año en básica, de 5° y 6° en superior, además el maestro era bien visto con respeto por la sociedad por el éxito académico, quien con la ayuda directa de los padres de familia los educandos culminaban con los conocimientos básicos para la vida cotidiana.
En 1915 la educación se fue ampliando con nuevos planteles, tal es el caso de la primaria José María Morelos, construida en el corazón de la Alcaldía de Milpa alta durante el gobierno de Álvaro Obregón, loable labor del maestro Fidencio Villanueva, así como entre otros planteles en recónditos lugares del país que dieron pauta con la creación de escuelas secundarias, verbigracia, la Secundaria N° 9 Teutli en San Antonio Tecómitl, impulsada por el ínclito maestro Quintil Villanueva Ramos.
Durante años se fueron extendiendo en todo el territorio nacional con jóvenes uniformados. Las niñas de primer ingreso con falda de color rosa hasta las rodillas, las de segundo grado de azul y guinda el tercer grado, todas con zapatos negros y calcetas blancas. Los hombres portaban durante los tres grados el uniforme de color gris claro con corbata y gorra.
Aunado a las secundarias se implementaban las preparatorias con el periodo de Gabino Barreda, años más tarde, durante el sexenio de Lázaro Cárdenas se crea el Instituto Politécnico Nacional con pre vocacionales y vocacionales de dos años lectivos.
Como docente, mantengo los recuerdos a través del tiempo viendo cómo el comportamiento de los estudiantes han cambiado. Recuerdo la moda de mascar chicle durante la clase y al desecharlo se pegaba debajo del asiento o pupitre. Otra generación fue fumar como chacuaco[1] hasta que fue prohibido a inicios del año dos mil en todos los planteles. Otra modalidad fueron las gorras (hoy en día aún continúa), así también el corte de pelo ha cambiado en diversos estilos.
Llegamos a inicios del dos mil con la desmedida venta de celulares quienes su excesivo uso ha repercutido en el aprendizaje, además de las estridentes canciones escuchadas con audífonos de diadema, hoy son sólo diminutos que se encajan en los oídos utilizados en todo momento, incluyendo en clase; lo más lamentable es que estos aparatos son distractores para el estudiante.
En estos tiempos del neoliberalismo mundial, el mundo con guerras y armas sofisticadas, los cambios climáticos, el consumo de droga, la inteligencia artificial (IA), los golpes mediáticos de los Estados Unidos a países de ideología de izquierda, todo ello ha impactado en la mente de los niños y jóvenes estudiantes contribuyendo en su forma de actuar y de pensar a través del bullying entre ellos mismos, incluyendo a sus maestros que ahora son víctimas de ciberbullying.
Al respecto, en un estudio reciente realizado en la academia de la UNAM se da a conocer que actualmente sufren los maestros; difamación, amenazas e insultos; hostigamientos, chantajes, humillaciones e intimidaciones de los alumnos, padres de familia e, inclusive, entre compañeros profesores.
Al respecto, la investigadora Claudia Jaen Cortés, académica de la Facultad de Sicología de la UNAM señala que: «Después de un estudio exploratorio reciente que efectuó con maestros de licenciatura, posgrado y de bachillerato de diferentes escuelas, el 14.6 por ciento de los encuestados respondieron que han experimentado violencia digital por parte de los alumnos.
»Entre las consecuencias de esta violencia digital hay violación a los derechos humanos; deterioro y daño emocional, vulneración de la dignidad, intimidad, integridad, seguridad o privacidad de los maestros y en algunos casos experimentan estrés crónico, miedo, depresión y ansiedad».
Finalmente, la académica e investigadora aduce que «algunos casos de profesores que tras sufrir agresiones en plataformas digitales o redes sociales pierden autoridad en su clase o muestran desmotivación profesional, y por ende reducen la calidad de la enseñanza»[2]
Cabe señalar que en nuestro país ha existido la libertad de expresión entre los jóvenes en el marco legal a partir de los 15 años de edad donde puedan expresarse libremente de sus inconformidades sociales que le atañen directa o indirectamente con bases fehacientes directas como sucede con el paro de actividades en algunos planteles del Instituto Politécnico Nacional, donde algunos alumnos han tomado el papel de dirigentes apoyados con algunos padres de familia en calidad de asesores, sin tener el conocimiento en lo básico de todo alumno del nivel medio superior, como la falta de la comprensión de la lectura, letra y ortografía pésima, caligrafía incomprensible, vocabulario vulgar, vestimenta inapropiada y, en algunos casos, con síntomas de alcoholismo y drogadicción.
Aunado a todo lo anterior, los jóvenes odian la lectura de los libros, las tareas son trasmitidas por WhatsApp para ser copiadas, se burlan de los maestros mayores de 60 años. Y lo más evidente es el vocabulario cotidiano donde se repite constantemente en todo dialogo la palabra güey. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vicepresidente de Cronistas Cabildos de la Ciudad de México.
[1] Durante el porfiriato existían en el estado de Morelos haciendas azucareras donde quemaban la caña en hornos con enormes chimeneas por donde se expulsaba el humo de la caña conocido con el nombre de «chachalaco», de ahí el nombre de quienes fumaban con exceso.
[2] La Jornada. 2 de abril 2026. «Maestros también son víctimas de ciberbullying de alumnos o padres».
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¿Quién es el autor del artículo?

Manuel Garcés Jiménez. Nativo de San Antonio Tecómitl, fundador y presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta de 2002 a la fecha, ha sido vicepresidente de la Asociación de Cronistas de la Ciudad de México durante dos períodos, participando en cinco libros: Memorias, 5a Reunión Nacional, La Ciudad de México y la Revolución en 1914, Tlacuilos (crónicas sobre los barrios del Distrito Federal), Lo que en el corazón está, en la boca sale (crónicas acerca del patrimonio intangible de la Ciudad de México), y 690 años de la Ciudad de México (memoria del Primer Congreso de Crónica).
Fue nombrado Custodio Voluntario del Patrimonio; en 1992 obtuvo el primer lugar (por Tecómitl) en el concurso Historias de mi Pueblo, coordinado por el Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México (CEHAM). Colaborador en periódicos como Excélsior, El Sol de México y El Azotador; y en revistas como Nosotros, Rescate Ecológico, Xochimilco Ayer y Hoy y Crisol Mágico. Es autor de los libros Conoce la historia de México I, y El zapatismo en Milpa Alta, del Chichinautzin al Zócalo. Ha dictado varias conferencias en distintas delegaciones de la Ciudad de México.

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